Los dolores de Padierna

La senadora Padierna hace malabares en un circo de dos pistas: la del sistema antidemocrático que ella denuncia y afuera, en el cacerolazo vil.

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José Cárdenas 11/12/2013 04:30
Los dolores de Padierna

Para la vicecoordinadora del PRD en el Senado, el “juego” democrático es selectivo y el gobierno de las mayorías, un membrete... ambos, moldeables a su conveniencia.

Dolores Padierna vocifera. Sostiene que la mayoría en el Congreso no representa a la mayoría de los mexicanos. Panistas, priistas y verdes, responsables de aprobar la Reforma Energética, son emisarios de la ultraderecha y los intereses transnacionales; en una palabra, del capitalismo salvaje. La verdadera mayoría —afirma la senadora—, está afuera, en la calle. ¿Se refiere al pueblo bueno?

Pero resulta que vivimos en un sistema representativo. Dolores, como sus otros 127 compañeros en el Senado —y los 500 diputados federales— nos representan a todos y toman las decisiones por la confianza popular depositada en ellos a través de los votos… bueno, eso se supone al menos en el papel.

Es curioso como el modelo perverso denunciado hoy por la perredista era celebrado hace unas cuantas semanas. Ningún miembro del sol azteca se quejó de la Reforma Hacendaria aprobada en San Lázaro; ninguno exigió someter a consulta los tres mil millones de pesos del Fondo de Capitalidad asignado al GDF por tolerar marchas y plantones.

Nadie en la izquierda ha cuestionado la repartición anual de “prerrogativas” partidistas. El PRD comerá su rebanada del “pastel” de cuatro mil 400 millones para saciar su apetito… y tampoco se ha quejado de los 634 millones asignados en 2013, gracias a los 15 millones de votos obtenidos en 2012… ¿Será que ese pastel no engorda?

Migajas aparte. Hoy las cosas cambian. Dolores Padierna culpa a la democracia “en ciernes” —un sistema que no acaba de consolidarse—, acaso porque sus actores, pese a ser mayores de edad, no logran alcanzar la madurez política.

En pocas palabras, Padierna hace malabares en un circo de dos pistas: la del sistema antidemocrático que ella denuncia —y del cual su partido saca muy buen provecho—, y afuera, en el cacerolazo vil. Total, si al PRD lo corren de la fiesta, tiene opción de quemar el mantel. 

En el trance de discutir a trompicones la Reforma Energética, Miguel Barbosa, coordinador de la bancada perredista en el Senado, se hace presente con su ausencia. No es lo mismo un “tenor” que una “vicetiple”… echándose uno que otro “gallo”.

Purgatorio soez: Senadora Lady Layda, ¡a la reja, con todo y chivas!… ai’le toca. Si el parlamento es el lugar de las palabras, no tendría porque no ser también el de las malas palabras. En México son célebres los discursos de injuria. Le tengo dos ejemplos sonoros: el de Juan Sabines cuando dejó de ser gobernador de Chiapas y agradeció a todos quienes lo apoyaron… “Pero quienes se opusieron y me criticaron, esos que vayan y chinguen a su madre”… ; y ahora el exabrupto de la senadora Lady Layda —de Movimiento Ciudadano—, migrante de lo campechano a lo alvaradeño, y quien nos obliga al registro de sus dichos para los siglos venideros... “Privaticen los sueños, privaticen la ley, privaticen la justicia, pero si quieren realmente que haya una privatización a fondo, vayan y privaticen a la puta madre que les parió…”. Escuchadas así las cosas, los dichos de Sabines —sobrino de poeta—, y de Sansores —pintita por hija… de tigre—, no son para tanto; aunque dos o tres mentaditas de madre nos despeinen los pelos de las orejas. Mejor tomemos tales exabruptos incandescentes como las llamadas a misa. Quien quiera ir que vaya y el que no, pues no —diría el filósofo de Güémez–, o bien, apliquemos la frase célebre del ciclista Porfirio Remigio: “Pa’mi que los dos son ojetes”.

                Twitter: @JoseCardenas1

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