El pulpo Lozoya
El presidente de la petrolera española Repsol, pretende expulsar a la paraestatal mexicana de su Consejo de Administración.
Al director general de Pemex bien le acomoda el apodo —dicho con respeto—, le sobran tentáculos para pelear batallas, ganar guerras, sofocar incendios… y hasta quemar —a veces— pólvora en infiernitos.
No conforme con defender las virtudes de la reforma energética en el Congreso —el prometido cambio de paradigmas de la paraestatal—, negar a la luz arreglos en lo “oscurito”, y modificar el diseño de una obesa estructura, se da tiempo para batallar en los frentes internacionales.
El presidente de la petrolera española Repsol, Juan Antonio Brufau, pretende expulsar a la paraestatal mexicana de su consejo de administración. Pemex es dueño de casi diez por ciento de las acciones de la petrolera hispana. Emilio Lozoya Austin busca un arreglo “amistoso”; difícil empeño considerando la ausencia de afecto entre ambas empresas.
Desde el intento de golpe orquestado por Juan José Suárez Coppel —quien hace dos años gastó mil 600 millones de dólares en acciones—, el rencor entre Repsol y Pemex ha sido permanente. Ante tal matrimonio los españoles demandan divorcio.
Para Petróleos Mexicanos, el conflicto ha sido una piedra en el zapato; los españoles ni colaboran ni rinden cuentas, por eso, el reclamo de Lozoya al exhibir a Brufau como uno de los directivos mejor pagados y menos productivos de la industria. Por eso también, la presencia mexicana como mediadora entre españoles y argentinos en el pleito por el pago de compensaciones líquidas tras la nacionalización de YFP, empresa subsidiaria de Repsol. Lozoya busca la compensación que a Pemex corresponde… y de paso, mantener la posición azteca frente a los directivos gachupines.
Este miércoles es día clave.
Queda claro que a Repsol le saldría muy caro divorciarse de Pemex… por eso, Lozoya esconde bajo la manga el “as” de la manita de puerco. Ya veremos.
Purgatorio: Una de cada tres escuelas de México ha sido edificada con dinero del petróleo. Lo mismo uno de cada tres hospitales y uno de cada tres kilómetros de carreteras… por decir lo menos. Las hidroeléctricas, las termoeléctricas, los generadores de electricidad, los combustibles, los textiles modernos, la petroquímica, y en general todo lo que hemos hecho en 75 años, se le debe en 35% o 45% —a veces más— al petróleo. Y todavía lo concebimos como una herencia del diablo, cuando ha sido lo mejor que Dios le ha dado a México. La poesía no es ciencia exacta, pero la aritmética sí. Este país sin petróleo simplemente no sería lo que es... sería otro, más pobre y desesperanzado. Por eso ahora hay que hacer algo, urgentemente para parar los abusos contra Pemex… y uno de ellos —el más costoso— es el robo de combustibles; en los últimos dos años, el crimen organizado ha saqueado al país casi 15 mil millones de pesos en hidrocarburos; tan sólo en 2012 las pérdidas por robo ascendieron a siete mil 300 millones y en lo que va de éste, suman siete mil 605, es decir, la cosa va cada vez peor. Urge mayor vigilancia —pocos son los soldados que quedan para cuidar 40 mil kilómetros de ductos—y una acción legislativa contundente para penalizar el crimen; hoy en día, los instrumentos jurídicos de Pemex son insuficientes para detener tan abundante hemorragia. Ya se sabe, ya se supo.
@JoseCardenas1
josecardenas.com.mx
