Justicia incompleta

Si el indulto es respuesta a la injusticia, también debería mirarse como la oportunidad de revisar casos semejantes.

El profe Patishtán es hombre libre por gracia presidencial. Deja la cárcel después de 13 años largos… aunque la justicia lo haya condenado a 60, por homicidio agravado, lesiones, daño en propiedad ajena y uso de armas prohibidas.

El secretario de Gobernación justifica: “Como resultado de un profundo análisis jurídico, el presidente Enrique Peña Nieto, en ejercicio de sus facultades constitucionales, determinó otorgar el indulto al profesor

Alberto Patishtán y notificarle su libertad inmediata (…); se identificaron indicios consistentes de violaciones graves a los derechos humanos, particularmente al debido proceso”. Al maestro chiapaneco le llegó la libertad, sí, pero no la justicia completa. El perdón supremo no lo hace inocente… y tampoco repara el daño causado a su vida por la justicia inepta, perversa y corrupta. 

La figura reformada del indulto, estrenada por el Presidente de la República, resulta un reconocimiento tardío de los renglones torcidos del sistema judicial; no corrige ni castiga a los policías, jueces y agentes ministeriales responsables de atropellar el derecho de cualquiera, sobre todo de quienes, por su condición de indígenas, pobres, y marginados, valen menos… mucho menos.

Si la reforma al Código Penal Federal coloca a los poderes Ejecutivo y Legislativo en posición de salvadores —entes piadosos—, capaces de enmendar abusos cometidos contra “el debido proceso”, el indulto concedido a Patishtán también confirma la incapacidad de las instituciones para otorgar más y mejor justicia… y eso es aún más grave.

Si el indulto es  respuesta a la injusticia, también debería mirarse como la oportunidad de revisar casos semejantes. “Las cárceles de México están pobladas por incontables dramas como el de Patishtán; su liberación debe ser sólo el primer paso hacia una revisión total de los casos y a la adopción de medidas que pongan fin a la discriminación e inequidad en el acceso a la justicia”, demanda Amnistía Internacional.

El caso de Alberto Patishtán queda a medias; no hay justicia verdadera para los deudos de los siete policías emboscados el 12 de junio de 2000; tampoco hay castigo para todos los irresponsables de refundir al profesor chiapaneco e impedir el esclarecimiento del crimen.

Mientras no se enderece lo chueco, ni siquiera para el maestro tzotzil habrá justicia completa.

–¿Pero sabe usted cuándo ocurrirá eso?

Purgatorio: La tolerancia extrema del gobierno de la Ciudad de México ha logrado conjugar un nuevo verbo en la política: compactar, es decir comprimir, empequeñecer, hacer más chico… como sucede con los camiones de limpia que compactan la basura para darle menos volumen a los tiraderos, aunque la basura siga ahí. Algo semejante ocurre con el plantón de la CNTE; como no pueden quitarlo, el GDF pide si por favorcito los maestros tendrían la bondad de hacerle a la ciudad el servicio de “compactarse”. —¿Los policías ya no dirán oríllese a la orilla sino oríllese a lo compacto? Esta fórmula simple y moderna es una nueva manera de sacarle la vuelta al bulto. Ya se sabe, ya se supo…

                @JoseCardenas1  

                josecardenas.com.mx

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