¿Quién puede ganarle a AMLO?

La moderación de su discurso y la política del “cacha todo”, desde panistas hasta priistas o sindicalistas de la educación, le han permitido ampliar su coalición.

La precampaña acaba con los jugadores más o menos en las mismas posiciones que al empezar, pero tras las encuestas, crece el interés expectante de lo que puede ocurrir en las urnas y quién podrá disputar la Presidencia al puntero. Iremos ahora a un interregno de “veda” electoral con AMLO como beneficiado de que el tablero no se haya movido por su clara ventaja en los sondeos, así como una fuerte competencia por el segundo lugar entre Anaya y Meade. Pero, sobre todo, con la creciente percepción de que en su tercera oportunidad, los votos de la inconformidad pueden catapultarlo, aunque los números aún hablan de resultado incierto. Racionalmente, no hay destino ineluctable, pero la emoción del carro ganador parece jugar hoy a su favor desde la base social priista hasta un amplio espectro de todos los que se sienten despojados o castigados por la exclusión económica y/o corrupción de los poderes.

Podría afirmarse que en esta etapa del tour hacia Los Pinos, AMLO logró imponerse por conservar una ventaja que, aunque no haya crecido, podría darle la Presidencia si hoy fueran las votaciones. El 1 de julio aún está lejos, pero ha logrado colocar un mensaje de amnistía o perdón que apuntala la percepción de fatalidad en su triunfo y, sobre todo, reduce la sensación de temor de quienes se sintieran amenazados por la alternancia.

Un movimiento que intenta restaurar la idea de la vieja unidad priista y se traduce en una política ecumenista de casa de puertas abiertas para redimirse. El perdón implica alguna forma de culpa —como si la Presidencia se le debiera por las derrotas en 2006 y 2012—, pero en el caso de sus destinatarios, se trata de asegurar la remisión de la pena en la vida política.

El mensaje cala hondo en el priismo, que desde hace tiempo experimenta un éxodo lento y silencioso hacia Morena, que ahora se agudiza con las exclusiones internas por las candidaturas, las decepciones internas con su abanderado presidencial y el distanciamiento con el gobierno de Peña Nieto por el olor a la derrota. Es el ofrecimiento de reconciliación de la vieja disputa familiar sin cobrar antiguas facturas y que derivan en que —según El Bronco— Morena más bien parece “PRIeta”. La preocupación por la “cargada” también se palpa en las palabras de Enrique Ochoa al llamar “prietos” a sus correligionarios que se van con AMLO (luego se disculparía por el término). ¿Qué nuevas sorpresas en las listas de candidaturas?

En sus dos intentos anteriores por la Presidencia, AMLO acumula más fracasos que triunfos, razón suficiente para cambiar en el último intento.

Mucho se especula del cambio en su talante y las formas de confrontación del pasado, incluso hasta diluirse el viejo San Benito del “peligro para México”. Lo cierto es que la moderación de su discurso y la política del “cacha todo”, desde panistas hasta priistas o sindicalistas de la educación, le han permitido ampliar su coalición. En sus dos intentos anteriores por la Presidencia, AMLO acumula más fracasos que triunfos, razón suficiente para cambiar en el último intento. El pragmatismo para abrir las puertas de su partido es una novedad respecto a sus posturas más puristas y lindantes con la moral de certificar al adversario. Fue uno de sus principales rasgos de diferenciación en el pasado, aunque le dejara ataques por mantener distancia con la partidocracia y la que él llama “la mafia del poder”. Hoy su apuesta electoral es ganar con el voto del hartazgo con la clase política y antisistema de excluidos de un país desigual, cada más empobrecido, castigado. No obstante, el oportunismo tiene riesgos para su imagen por igualarlo con los otros partidos.

La vocación de ganar con quien sea y como fuere puede hacerlo parecer más de lo mismo, pero, sobre todo, proyectar dudas de su real autocontención de llegar a Los Pinos. Y esto no es un problema menor si consideramos que el debilitamiento de la democracia en América Latina se debe mucho a gobernantes con cada vez menor contención y también menor tolerancia. En cualquier caso, la elección está en el primer round…

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