Meade y EPN pierden la precampaña

Las restricciones de la precampaña la hacen un lugar anormal de la competencia electoral, pero sirve a los pre candidatos para probar lo que funciona o no de sus estrategias hacia la contienda. La prohibición de pedir el voto y dirigir los mensajes políticos sólo a ...

Las restricciones de la precampaña la hacen un lugar anormal de la competencia electoral, pero sirve a los (pre) candidatos para probar lo que funciona o no de sus estrategias hacia la contienda. La prohibición de pedir el voto y dirigir los mensajes políticos sólo a los militantes conduce a simulaciones y tratar de sacarle la vuelta, aunque la mayor distorsión es recortar el espacio para ofertas y propuestas.  Este “primer saque” es trascendente por marcar el perfil, tono y manera de un proceso, cuyo resultado aún está en el aire y en el que los tres principales jugadores se mantienen en la disputa, no obstante el rezago del candidato oficial, José Antonio Meade.

La primera jugada resulta desfavorable para  el precandidato del PRI, que las encuestas, en general, ubican en el tercer lugar, pero, sobre todo, sin estrategias claras de cómo crecer más allá de apostar a la maquinaria priista y la decisión de Peña Nieto de retener la Presidencia para su partido. Es posible que las limitaciones de la precampaña recortarán el mensaje de propuesta fuera del voto militante, cuando el 50% del electorado aún no conoce a Meade, mientras que Ricardo Anaya y López Obrador superan el 75 y 80% de conocimiento. En un mayor conocimiento público cifra la esperanza de subir en la intención del voto y evitar que su candidatura se desfonde para dejar la pelea entre sus dos contrincantes, en una especie de segunda vuelta en la que suelen cerrarse las campañas en el país.

Pero la lectura puede ser simplista sin observar, más allá de la matemática, las dificultades de apostar por la continuidad sin tomar distancia de un gobierno con los peores índices de aprobación y pilas de negativos por escándalos de corrupción y una violencia rampante en el país.  Meade, en el “saque”, decidió no deslindarse del gobierno al que sirvió. Si esto no le ha funcionado, tampoco confiar en que no ser militante del PRI sería suficiente para validar una candidatura ciudadana, que esperance por su larga trayectoria como funcionario público e imagen de honestidad. Peor aún, los activos de su marca son difíciles de administrar bajo el peso de un Presidente que parece dispuesto a “soltar los perros” para que acompañen a su candidato en la carrera. La voluntad de hacerlo ganar eclipsa su candidatura porque refuerza la impresión de falta de liderazgo y de que el reto queda grande a un funcionario que llegó coronado de éxitos. Y en consecuencia, resta confianza en su capacidad de poder cumplir las propuestas para combatir la corrupción y de justicia sin pedir cuentas a nadie. Las alarmas suenan en Los Pinos, pero el actual inquilino se empeña en mantener el control de candidaturas y la batuta de la campana.

La imagen de continuidad obsecuente es el principal hándicap respecto de Anaya y López Obrador, aunque uno sea todavía un interrogante respecto a las propuestas que ofrece y el otro genere desconfianza por la viabilidad de las suyas. En cualquier caso, una buena noticia de la precampaña es probar que las estrategias propositivas están funcionando mejor que la confrontación para influir en las preferencias, junto con el convencimiento de la intención de llevarlas a cabo. Alejarse de la confrontación deja dividendos a López Obrador, quien en la precampaña ha puesto la agenda de debate con propuestas controvertidas, pero sobre temas que más preocupan como la corrupción o la seguridad. En cuanto a Anaya, su distanciamiento con los anteriores gobiernos panistas le sirvió para fortalecer su liderazgo y posicionarse en el segundo lugar.

El resultado de este primer saque es prematuro para descontar a Meade y creer que la campaña se definirá entre Anaya y AMLO, aunque hacia allá apuntan los sondeos. La desesperación o adoptar estrategias agresivas puede sepultar su candidatura, pero la mayor presión vendrá de quienes se sientan amenazados por la alternancia en el poder y opten por pactar con sus contrincantes. Lo dicho, Meade hace campaña en una ciudad sitiada y en la que sólo la mitad lo conoce.

Temas: