Huachicoleros y la ceguera

La irrupción y la dimensión que alcanza el problema del huachicol hasta convertirse en asunto de seguridad, recuerda la historia de la ceguera blanca que se expande de manera fulminante en la novela de José Saramago. Un ciego y sus ansias de luz, de modo repentino, ...

La irrupción y la dimensión que alcanza el problema del huachicol hasta convertirse en asunto de seguridad, recuerda la historia de la ceguera blanca que se expande de manera fulminante en la novela de José Saramago. Un ciego y sus ansias de luz, de modo repentino, afectan a otros sin que se sepa cómo se transmite la misteriosa enfermedad que priva de la vista. Las autoridades de la ciudad deciden recluir a los infectados bajo vigilancia del Ejército y los convierte en apestados, pero nadie la vio llegar y, tampoco, cómo se expandió la alucinación en el pueblo.

Nadie lo vio venir ni cómo permeó en varios estados, aunque se habla desde hace una década del delito del robo de gasolina de ductos de Pemex. Es así que el nombre huachicoleros, para designar al ciego robo de gasolina de las entrañas de la petrolera, es ya un aporte al lenguaje del mundo paralelo del crimen. El neologismo hace referencia a una bebida adulterada de alcohol de caña, que parece muy ad doc con la ordeña de gasolina como si se tratara de una sensación subjetiva en Pemex y las comunidades que no va precedida de impresión de los sentidos: ciega, invisible… impune.

El saqueo de combustible, según estimaciones de SHCP, cuesta al erario 20 mil millones de pesos, ante la mirada absorta de Pemex, autoridades federales y gobiernos estatales, así como municipios incapaces de ver la participación de comunidades en el robo de gasolina hasta que estalla la violencia. En el llamado Triángulo Rojo de huachicoleros en Puebla la situación se salió de control y hubo un visible enfrentamiento con el Ejército que dejó 11 muertos (seis soldados), tras una decena de incendios en ductos. Ahora circula un video sobre una presunta ejecución de un militar a uno de los detenidos en la confrontación. Ya la “peste” inquieta a inversionistas extranjeros del sector como Howard Energy o Partners, que planean entrar al mercado con gasolina importada de Estados Unidos y ello puede afectar los objetivos de la Reforma Energética. Y en el Congreso se analizan medidas luego de mantener paradas en la oscuridad del proceso parlamentario media docena de iniciativas desde hace cinco años.

El nudo ciego de la situación es que a medida que aumentan las perforaciones en los tubos, el decomiso de gasolina, por el contrario, se redujo en más de 70% desde 2014 en los estados con mayor incidencia (Puebla, Veracruz, Tamaulipas y Guanajuato). Como en la novela de Saramago, los ciegos —supuestamente perseguidos por la justicia o, perdidos en los ramales de la petrolera— se conducen por los resortes más primitivos como la voluntad de sobrevivir a cualquier precio. ¿Es por ello que gobiernos municipales y estatales ni los ven ni los oyen ni saben de ellos? La permisibilidad ante la ilegalidad atempera causas sociales que empujan a comunidades a meterse al robo de gasolina. La autoridad hace que no ve y el “bandido bueno” esparce ganancias a la comunidad y ayuda a quitar presión social, cuando no a repartir el negocio.

Pero las omisiones no son sólo de la autoridad local, también de Pemex, que a mayor gasto para inutilizar tomas clandestinas, ve en aumento la cantidad de perforaciones. Tan sólo en Puebla se registraron cuatro nuevas tomas cada día el último año hasta sumar mil 762. Puede tener razón Alejandro Hope cuando dice que el boom del fenómeno se debe a la “ceguera” que atrajo a cada vez mayor participantes a un negocio que se beneficia de impunidad y corrupción.

En Colombia la plaga duró diez años, como documenta Pascal Beltrán del Río, con la participación de la guerrilla y del narco. Aquí se atribuye a la entrada del crimen organizado, y en particular a los Zetas en el negocio, pero es inocultable la intervención de comunidades en el robo de un producto que, posiblemente, consideran suyo o del que otros también lucran con fines personales. Ahí también parece instalada la ceguera, aunque todos vean la corrupción de sus autoridades.

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