¡Aquí no pasa nada!
El profundo desarreglo de instituciones vitales para la seguridad o del sistema político emerge como colosal iceberg de la actualidad mexicana. Ya es inocultable que éstas viajan como esas grandes masas de hielo flotante, desgajadas del polo, que sobresalen de la ...

José Buendía Hegewisch
Número cero
El profundo desarreglo de instituciones vitales para la seguridad o del sistema político emerge como colosal iceberg de la actualidad mexicana. Ya es inocultable que éstas viajan como esas grandes masas de hielo flotante, desgajadas del polo, que sobresalen de la superficie del mar, pero cada vez más desligadas de la gobernabilidad del país. Tampoco puede ocultarse el peligro de colapso de estos cristales de agua por el inmovilismo y la falta de consensos sobre prioridades y estrategias para reformar y cambiar la ruta de navegación.
Tiene razón el Presidente cuando afirma que la insatisfacción ciudadana es terreno fértil para la demagogia, pero sin responsabilizarse de que el malestar se debe a la falta de respuesta de las instituciones. El “desencanto democrático” del que habla Peña Nieto no es sólo por mayor exigencia de soluciones de la sociedad, sino por falta de resultados de las políticas. Quien abre la puerta al populismo es el fracaso del liderazgo político. En la pérdida de iniciativa anidan las soluciones mágicas de los populistas.
La disfuncionalidad se asoma en la falta de mecanismos para desactivar potenciales conflictos por la creciente fragmentación política, por ejemplo, de un escenario de competencia de seis o siete candidaturas y un resultado cerrado a tercios de la votación en 2018. Lo mismo que en el diseño de las instituciones de seguridad, que impugnan los empresarios ante el aumento del secuestro y la violencia; igual que en la indefinición sobre el papel de los militares en la seguridad interior y el combate al crimen en las calles. O en la creación de un consejo fiscal para vigilar la creciente deuda y la revisión de políticas económicas para salir de un crecimiento mediocre.
El debate de los riesgos de la gobernabilidad permea ya las élites de poder entre el inmovilismo y la falta de dirección de las reformas. Hay reclamos, propuestas y retórica, pero pocos consensos sobre el rediseño del sistema político y de instituciones “clave” para la economía como las de seguridad. Los empresarios, por ejemplo, piden sacar otra vez la seguridad pública de Gobernación y una ley de seguridad interior para los militares, así como el mando mixto de las policías. También hay disensos sobre la segunda vuelta electoral o coaliciones de gobierno, a pesar de que es cada vez más difícil gobernar en solitario.
Hay una posición extendida en el gobierno y partidos como el PRI, PVEM o PT de que las instituciones están bien como están y el problema es la implementación de las reformas y la aplicación de la ley para que funcionen. Pero incluso ahí hay divisiones porque si el gobierno mira con buenos ojos la segunda vuelta electoral, su partido en el Senado la rechaza; si prominentes priistas como Beltrones ven la necesidad de los gobiernos de coalición, en el Congreso no se ve como prioridad.
La falta de consensos cruza transversalmente partidos y niveles de gobierno, e incluso se incrusta en la IP donde hay discrepancias sobre la demanda de que Gobernación saque las manos de la seguridad. Todos, sin embargo, escuchan las alarmas de las calificadoras como Standard and Poor’s cuando afirma que el factor que bloquea la economía es la política. Habíamos creído que un sistema plural y un amplio electorado capaz de apostar por nuevos líderes políticos, sería suficiente para cambiar las instituciones y políticas cuando no funcionan.
La insatisfacción con la democracia, de la que México es hoy uno de los mayores exponentes en América Latina (Latinobarómetro), enseña que la mayor competencia política es ineficaz para transformar las instituciones sin alternativas reales al modelo cerrado y agotado de la distribución del poder entre tres grandes partidos de nuestra democracia. Es de su inmovilismo del que surgen las soluciones mágicas e irrealizables de los populistas.