¿A dónde se fueron los partidos?
El PRI pide pasar de ladenuncia a la propuesta, pero ¿pueden estos partidos rehacer y dar estabilidad a las instituciones? ¿Tienen algo que decir cuando estudiantes van a cárceles de máxima seguridad y la esposa de Abarca no?
En medio de la crispación social y de las advertencias de Peña Nieto sobre fuerzas desestabilizadoras, los partidos optan por desaparecer como el PAN, el PRD hundirse en conflictos internos. Otros se van a cuidar felinos sobrevivientes del circo como las “tiernas” historias del PVEM. Parece mala broma, pero no lo es. Mientras a estudiantes se les envía a penales de máxima seguridad acusados de terrorismo —botón de muestra de la gravedad de la crisis—, el PVEM, por ejemplo, se va con su campaña contra los animales en los circos con que espera llegar hasta 15 % de la votación en 2015 o convencer al PRI de que eso vale para lograr candidaturas. La viñeta pinta de cuerpo entero la lógica del cálculo electoral que ha acabado por desligar a los partidos de los ciudadanos, desacreditar la política y alimentar la percepción de engaño que expresan las manifestaciones de hartazgo en las marchas. Si existe la preocupación por la estabilidad de las instituciones, hay que voltear a ver primero la responsabilidad de los partidos en esta crisis.
Si la violencia criminal y la crisis de derechos humanos no alcanzaran grados alarmantes, también a los “verdes” se les señalan en prácticas gangsteriles de la clase política como llevar a los golpeadores conocidos como Los Claudios de Cuajimalpa para agredir a cirqueros en la ALDF. Las denuncias han identificado a integrantes de esa pandilla como empleados de la delegación Cuajimalpa, sin que el delegado priista haya hecho nada. Esa complicidad ¿es parte de las alianzas y cálculos electorales hacia 2015? ¿Son estas prácticas las amenazas contra el Estado a las que se refirió el Presidente esta semana?
Las manifestaciones que se repiten en los últimos 50 días en el país, se deslindan de los partidos y apuntado de la clase política como objeto de protesta. Ningún partido es capaz de encabezar el reclamo de justicia por los miles de desaparecidos ni contra la penetración del crimen en el Estado ni contra la corrupción por la casa de Las Lomas de la pareja presidencial. Ninguno cuenta con legitimidad para articular una demanda creíble para esclarecer fosas clandestinas, o los crímenes de Ayotzinapa ni tampoco respuesta alguna frente a la crisis de seguridad y justicia. Todos han perdido la calle como si los barriera un tsunami, que también se lleva los liderazgos políticos o las figuras con alguna credibilidad y prestigio. Como reclamaba Cuauhtémoc Cárdenas a su partido, todos están paralizados. La ausencia de iniciativa política para ofrecer propuestas no es exclusiva de Peña Nieto, aunque su falta de respuesta y la descomposición de la figura presidencial por el escándalo de corrupción de la casa de Las Lomas también atenta contra el Estado. Los partidos parecen no darse cuenta de que la magnitud de la tragedia de Ayotzinpa desnuda prácticas partidistas y complicidades que, por acción u omisión, son la causa del descontrol del Estado. El PRI pide pasar de la denuncia a la propuesta, pero ¿pueden estos partidos rehacer y dar estabilidad a las instituciones? ¿Tienen algo que decir cuando estudiantes van a cárceles de máxima seguridad y la esposa de Abarca no?
De esta crisis, el partido más golpeado es el PRD. Los vínculos del alcalde de Iguala con el crimen y la percepción de que el exgobernador Ángel Aguirre es cómplice de la penetración del narco en las estructuras estatales de Guerrero, dejan al PRD a la altura de la corrupción del resto de los partidos. La intención de su dirigencia de diluir responsabilidad en los escándalos de corrupción y de nexos con el crimen de otros partidos, ha acabado por dar el mensaje de que son tan peligrosos y corruptos como los otros. Perdió la imagen de partido conectado con causas ciudadanas que confiaban en que representará una opción distinta como ocurrió en 2006 y 2012 cuando pudo ganar la presidencia.
El tsunami de Ayotzinapa arrastró a la izquierda y a otras fuerzas como Morena, que ni siquiera le ha valido tratar de desaparecer de la escena para evadir señalamientos sobre la relación con Lázaro Mazón. Pero la política del avestruz tampoco ayuda al PAN, cuya política de silencio frente a los miles de desaparecidos en el sexenio de Calderón es otra expresión más de su crisis moral por el abuso de poder y la corrupción entre sus filas.
La violencia vandálica en la quema de la puerta de Palacio Nacional o contra la fachada del edificio es reprobable, pero no más desestabilizadora que la corrupción en los partidos, la ineptitud de sus gobiernos o la incapacidad para consolidar poderes institucionales exentos de relación con el crimen como en Michoacán con los gobernadores priistas.
*Analista político
Twitter:@jbuendiah
