Decepción de futuro

La inercia institucional que a anteriores administraciones priistas y panistas les permitió “flotar” en los problemas, tampoco sirven para procesar los recursos que dejará de recibir el país por el menor crecimiento ni los miles de jóvenes sin empleo

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José Buendía Hegewisch 25/05/2014 00:19
Decepción de futuro

Otra vez la promesa de estar en la antesala del despegue quedó en una nueva decepción. Por segundo año consecutivo, el gobierno ha recortado el pronóstico de crecimiento para 2014 y vuelto a diferir la llamada para embarcar hacia el desarrollo. Muy lejano parece aquel Momento Mexicano del arranque del sexenio. El anuncio es un reconocimiento de que no se ha logrado “mover a México” y que hay poca claridad del rumbo, cómo y por dónde desprendernos de los resultados mediocres de los últimos años.

En efecto, el país se mueve mal, mientras el entorno institucional y el discurso oficial tratan de mantener la expectativa de que pronto iniciará la actividad que, hasta ahora, es menor “de lo que México merece y menos del potencial que tenemos”, como reconoció el subsecretario de Hacienda, Fernando Aportela. Otra vez habrá que esperar a nuevos esfuerzos preparativos —reformas estructurales— y remover vicisitudes —en el entorno institucional— para recobrar el futuro.

Sin embargo, es cada vez más difícil que el discurso oficial permee en el ánimo alicaído y la crispación social de los mexicanos. Percatarse de eso quizá explique la decisión de bajar el pronóstico aún más que el consenso de los analistas y contrario a su deseo de alargar las expectativas como sucedió en 2013. Si se cumple el nuevo pronóstico de 2.7% del PIB para 2014, significaría llegar al primer tercio del sexenio con una tendencia inferior a las últimas décadas.

El reconocimiento, por eso, refleja realidades más profundas como el desgaste del bono de confianza de las urnas y del título “reformista” que el gobierno labró en el primer año con buenos oficios políticos con las reformas constitucionales del Pacto con los tres grandes partidos. En adelante, el gobierno tendrá que encontrar el camino, o empujar las reformas estructurales, con la misma baja confianza y el escepticismo de las administraciones priistas y panistas anteriores.

Los tiempos cambiarán, ahora se tendrán que enfrentar nuevos contextos y condiciones de gobierno por la creciente desaprobación de la gestión y los cambios en las estrategias de la oposición. Se acabó el bono de confianza, sin canjearlo a tiempo por las reformas estructurales en las cuales se confía para relanzar la economía. Las reformas energética y de telecomunicaciones aún están a medio camino y los costos de la negociación con la oposición subirán con las elecciones de 2015. Además, tendrá que empujar el barco sin desaparecer las resistencias a otras reformas trascendentales como la educativa. Y ahora con amplios frentes abiertos, por ejemplo, con los empresarios por la Reforma Fiscal.

Desde el anuncio sobre la revisión del crecimiento, el gobierno comenzó un giro de discurso al aceptar que la Reforma Fiscal aprobada en 2013 tuvo un efecto negativo. El ajuste, aunque sea retórico, corrobora la idea de que el impulso del primer año es insuficiente para maniobrar en las aguas turbulentas que dejó la pérdida de consensos del Pacto y que la confianza ciudadana tampoco se puede resolver con portadas de magazine.

La inercia institucional que a anteriores administraciones priistas y panistas les permitió “flotar” en los problemas, tampoco sirven para procesar los recursos que dejará de recibir el país por el menor crecimiento ni los miles de jóvenes sin empleo. Las respuestas acostumbradas como esa de que “nos fue mal, pero a otros peor”, tienen poca utilidad frente a la pérdida del poder adquisitivo, la caída del consumo y la inversión. Sobre todo, hay una creciente exigencia de manejo adecuado del gasto público y de gestión eficaz de los programas y obras, en que hasta ahora los funcionarios han tenido un desempeño muy deficiente.

El gobierno también tendrá que refrendar las capacidades de negociación política que tuvo en el Pacto por México para manejar frentes abiertos como la Reforma Fiscal y la dificultad adicional para los acuerdos con el PAN y el PRD, divididos por su anterior alianza con el gobierno.

Como ya adelantó al ser reelecto como presidente del PAN, Gustavo Madero intensificará en las próximas semanas su discurso crítico hacia el gobierno y se sumará a la campaña de los empresarios contra la Reforma Fiscal. La cúpula del empresariado viene con todo para tratar de que al menos se revise. Si el gobierno accede, sumará a las reformas energética y de telecomunicaciones otro punto de distancia con el PRD, aunque a la postre tanto la izquierda como el PRI recibirían la factura por éstas en los comicios
intermedios.

                *Analista político

                jbuendiah@gmail.com

                Twitter: @jbuendiah

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