“Frustración por las reformas”

La ruptura del Pacto con la aprobación de la Reforma Energética mermó fuerza a la coalición política que en 2013 pudo enfrentar a los poderes de facto y fuertes intereses que se oponen a la competencia en telecomunicaciones.

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José Buendía Hegewisch 27/04/2014 00:04
“Frustración por las reformas”

El fin de la Pascua se recordará por el gobierno y el Congreso como una de las peores semanas del sexenio en términos de confianza política. Las presiones de los poderes de facto, la preocupación por la aprobación pública y el conflicto político metieron un parón al espíritu reformador con el que se inauguró la administración, así como por la ausencia de acuerdos que dejó en un impasse las leyes secundarias de las reformas constitucionales. Las resistencias a los cambios se materializaron también en controversias constitucionales contra varios gobiernos estatales que se prestan al boicot a la implementación de la Reforma Educativa, sin duda la que desde un principio ha generado el más amplio apoyo. Las grandes expectativas de cerrar en este periodo el ciclo de las grandes reformas estructurales antes de entrar a la “temporada electoral” de 2015 se disipan y, al contrario, dejan un ambiente de impotencia y frustración en las calles y en las redes sociales, que fueron los escenarios de la protesta y debate público ante la ausencia de la discusión legislativa.

En unos cuantos meses el ánimo pactista que permitió más de una decena de reformas constitucionales en 2013 ha regresado al conocido escenario de la discordia, de protagonismos y de presiones de grupos de interés, mientras hay muestras cada vez más claras de que este año puede ser otro con crecimiento económico decepcionante. La fragmentación al interior de los partidos y el acotamiento de los espacios para la construcción de consensos dibuja un panorama poco alentador para la aprobación de las reformas en los periodos extraordinarios que el Congreso convocará para tratar de salvar cara y, sobre todo, no cancelar las perspectivas del actual sexenio antes de llegar ni al primer tercio.

En efecto, los coordinadores parlamentarios de los grandes partidos en San Lázaro y en el Senado se reunieron para dar oxigeno a las reformas en periodos extraordinarios y sacar del fuego del cuestionamiento la Reforma de Telecomunicaciones. Desde que el Ejecutivo mandó esta iniciativa al Senado suscitó un fuerte rechazo del PRD y de la dirigencia del PAN junto con un parte de su fracción en la Cámara alta, incluso se dividió en torno a este tema. A principios de semana, un tuit del presidente de la Comisión de Telecomunicaciones, Javier Lozano, inflamó el conflicto al calificar de “ridículo” la propuesta de dictamen de Telecomunicaciones que presentaría el PRD. Entre ataques y acusaciones, la discusión de esta iniciativa se aplazó a junio, junto con otra la Reforma Energética. Pero la agenda de asuntos postergados podría crecer si en los pocos días que quedan al periodo ordinario no se alcanzan acuerdos sobre la reforma político-electoral.

La “comilona de reformas secundarias” que el Congreso se proponía procesar en este periodo de sesiones lo dejó más bien empachado. La mayoría de ellas implican la elaboración de ordenamientos completos sobre temas tan complejos y de alta especialización como las telecomunicaciones o la reconfiguración de las instituciones electorales. Confiar en que en apenas tres meses se pueden desatorar asuntos paralizados por décadas, como la apertura de las telecomunicaciones o modificar los contrapesos en la organización de las elecciones, despertaría expectativas difíciles de cumplir. Aunque ese error de cálculo legislativo es insuficiente para explicar los desacuerdos de fondo.

La ruptura del Pacto con la aprobación de la Reforma Energética mermó fuerza a la coalición política que en 2013 pudo enfrentar a los poderes de facto y fuertes intereses que se oponen a la competencia en telecomunicaciones o a los poderes locales que sucumben a las presiones del sindicato de maestros o se resisten a soltar el control de los procesos electorales en los estados. La Reforma en Telecom que, tardíamente, envío Peña Nieto al Congreso expresa esa debilidad, a la vez que, refleja el alejamiento del diálogo político. La idea de abrir la puerta al gobierno para censurar internet en “momentos críticos” es difícil de explicar sin pensar en un gobierno inseguro sobre su capacidad para asegurar la gobernabilidad sin contar con palancas de control contrarias al espíritu de apertura y protección de derechos del perfil reformista con que se presentó en la actual administración. Y la reducción de facultades al IFT para regular a los monopolios o agentes preponderantes del sector refleja el peso de la coalición, pero ahora de los intereses informales, sobre un Ejecutivo ahora en minoría o con alianzas precarias. Y con datos de que las reformas constitucionales no habían tenido impacto en su popularidad, que en la discusión de las leyes secundarias se encontraba en el peor nivel de los últimos presidentes. Al inicio del periodo, la aprobación a la gestión de Peña se ubicó en menos de 50% tras tres trimestres de acumular constantes caídas que sumaban casi 10 puntos, según datos de Consulta Mitofsky.

El debilitamiento del dialogo político no sólo incidió en la Reforma de Telecom, también permitió el crecimiento de las posiciones reactivas a llegar a acuerdos con el gobierno entre la oposición. Los procesos para renovar dirigencia en el PRD y sobre todo en el PAN terminaron por cerrar los canales a los consensos por los costos políticos de parecer subordinados al Ejecutivo.

La lección que deja el parón de las reformas es que “en política y con política todo se puede, menos: todo”.

                *Analista político

                jbuendiah@gimm.com.mx

                Twitter: @jbuendiah

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