La lenta caída de Humberto Moreira

Humberto Moreira llegó a la presidencia nacional del Partido Revolucionario Institucional en marzo del 2011 porque en ese partido y, particularmente, en el entorno del entonces precandidato Enrique Peña Nieto gustaban dos cosas: era un gobernador que gozaba de índices de ...

Humberto Moreira llegó a la presidencia nacional del Partido Revolucionario Institucional en marzo del 2011 porque en ese partido y, particularmente, en el entorno del entonces precandidato Enrique Peña Nieto gustaban dos cosas: era un gobernador que gozaba de índices de popularidad altos en su estado y que tenía, quizás como ningún otro, un discurso, particularmente, duro contra la administración Calderón.

Pero Moreira había ido más allá contra el entonces Presidente y eso lo había puesto, desde entonces, en la mira. La relación del gobernador de Coahuila con el presidente Calderón era, particularmente mala, desde siempre, pero en 2010 durante la inauguración del nuevo estadio de Santos, en Torreón, el gobernador organizó, nadie creyó que fuera un acto espontáneo, una rechifla llena de agravios al Presidente seguida de largas ovaciones al gobernador. Se lo tomó como un insulto a la figura presidencial. Poco después se llenaron las calles de las principales ciudades del estado con carteles ofensivos contra el presidente Calderón. Nadie ordenó retirarlos. El agravio se había confirmado y la ruptura era total.

Tampoco todos en el Partido Revolucionario Institucional estaban muy de acuerdo con la llegada de Humberto Moreira. Quien era, entonces, competidor de Peña en la búsqueda de la candidatura presidencial, Manlio Fabio Beltrones, no ocultaba a nadie su distancia política con Moreira que era proporcional a la cercanía del gobernador con Elba Esther Gordillo. Otros gobernadores aconsejaron no optar por Moreira: uno de ellos le dijo al precandidato Peña que era mejor esperar. El gobernador Moreira no había terminado su mandato; quería dejar en la posición, como así ocurrió a, su hermano Rubén y no se tenía certidumbre sobre cómo estaban sus cuentas porque era evidente que tenía un gran manejo de recursos, ¿para qué exponerse a denuncias y demandas que podían estallar en la campaña presidencial sin saber exactamente hasta dónde había llegado su accionar? En la decisión final pesaron más los positivos que lo negativos y Moreira dejó Coahuila y se convirtió en presidente nacional del Partido Revolucionario Institucional.

Pero, entonces, ocurrió algo que tampoco gustó en el propio equipo de Peña Nieto: Moreira comenzó a manejar con distintos interlocutores que “si algo le pasaba” al candidato presidencial, sin duda él sería el sucesor. No era un comentario casual, se convirtió en un hilo argumental. Simultáneamente, se supo que durante su gestión, el gobierno estatal había adquirido deuda por más de 33 mil millones de pesos, en la que se utilizó documentación apócrifa para obtenerlos, recursos que, acusaba la oposición, habían sido utilizados para las campañas electorales del 2010. La deuda del estado había crecido geométricamente y su calificación cayó dramáticamente.

El candidato Peña decidió entonces comenzar su campaña reemplazando al líder de su partido y Moreira en diciembre del 2011 tuvo que dejar el PRI. Intentó ocupar una curul y no se la otorgaron. Rubén Moreira sí fue candidato y luego gobernador, pero rápidamente se distanció de su hermano menor. La relación entre ambos, desde entonces, dicen que está rota.

Vino después un hecho terrible, el asesinato del hijo de Humberto Moreira. El 3 de octubre de 2012, José Eduardo Moreira Rodríguez, fue a una cita y no regresó. Su cuerpo fue localizado en el municipio de Acuña y se dijo que se trataba de una venganza por la muerte de Alejandro Treviño Chávez, sobrino de Miguel Ángel Treviño Morales, El Z-40, uno de los líderes de Los Zetas. Hubo fuertes recriminaciones familiares por la presunta falta de protección hacia la familia del exgobernador.

Pero llegó febrero del 2013 y otro acontecimiento se abatió sobre Humberto Moreira: la caída de Elba Esther Gordillo. Si hasta entonces había tenido espacios de protección e, incluso, ambiciones a futuro, la caída política de Elba Esther cancelaba para el exgobernador, un cuadro surgido desde las bases del SNTE, cualquier posibilidad.

Decidió emigrar a España, a Barcelona, donde siempre manejó que vivía solo en un modesto departamento. Hoy sabemos que en realidad ocupaba una mansión con alberca techada en uno de los barrios más elegantes de la ciudad catalana. Un movimiento de capitales no usual lo ha dejado en una cárcel en España y tanto el Partido Revolucionario Institucional como el gobierno federal simplemente han pedido, como también lo hizo Diego Fernández de Cevallos, que tenga en su proceso “un trato legal y justo”.

La saga de Humberto Moreira, un personaje que cruzó el cielo político como una estrella fugaz, ha llegado, más que probablemente, a su fin.

Otra saga, la de los Yunes, continúa pero en Veracruz. Mientras Miguel Ángel casi con seguridad será el candidato de la coalición PAN-PRD, su primo Héctor, luego de muchas vicisitudes, todo apunta a que será el aspirante por la alianza PRI-Verde. Un Yunes gobernará Veracruz, aunque la campaña apunta a que será de todo, menos un cariñoso encuentro familiar.

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