El choque de trenes… y Cortázar

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Jorge Fernández Menéndez 27/08/2014 01:32
El choque de trenes… y Cortázar

Para mi hermanita Silvia

 

El choque de trenes del perredismo se escenificará, primero, en el Congreso; más tarde, en su elección de Consejeros Nacionales, que serán, a su vez, quienes designarán a la nueva dirigencia de ese partido. El PRD ha tenido, en general, buenos líderes en la Cámara de Diputados y en el Senado: el trabajo de Silvano Aureoles y de Luis Miguel Barbosa ha sido digno, marcado, como dijo Barbosa, por una verdadera cultura parlamentaria y mucho más dispuesto a construir que a destruir, más allá de la polarización de la política, de que se esté o no de acuerdo con sus respectivas posiciones.

El problema es que, si continúa la rotación determinada por los partidos en la presidencia de ambas cámaras, en este periodo ordinario le tocaría presidir Diputados y Senadores al PRD. Nunca ha ocurrido antes, y será difícil que ocurra ahora. No tanto porque el gobierno o el PRI se nieguen, sino porque muchos temen que la división latente en el partido, que se catalizará después del 7 de septiembre, pueda terminar influyendo en el funcionamiento del Congreso.

Al comienzo del sexenio, tanto Aureoles como Barbosa eran cartas de Nueva Izquierda, con mayor distancia el senador, pero la suya era una posición de Los Chuchos, que se juegan nuevamente, por cuarta ocasión consecutiva, aliados con el llamado ADN de Héctor Bautista, la presidencia del partido, con Carlos Navarrete. Pero con el paso del tiempo, sobre todo después de la enfermedad que sufrió Barbosa, las posiciones de éste se fueron alejando progresivamente de Los Chuchos para acercarse al núcleo de sus opositores, encabezados por grupos tan disímbolos como René Bejarano o Marcelo Ebrard. Hoy Barbosa ha roto con el grupo hegemónico en el PRD, y eso, se puso de manifiesto, además, con el apoyo público que brindó, para la candidatura de Michoacán, al senador Raúl Morón, ligado a la Coordinadora y al grupo de Bejarano, en contra de las aspiraciones de Silvano Aureoles, que hasta hace poco parecía una opción inamovible para el PRD.

El tema se agudizará si el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, con indudable ascendiente en el partido y en Michoacán, decide, como estaba a punto de ocurrir en estas horas, aceptar que buscará la presidencia del partido, apoyado, precisamente, en todas las corrientes que no participan de la alianza Nueva Izquierda-ADN, lo que podría poner en riesgo la elección de Navarrete, pero, mucho más que eso, la propia unidad del partido, agarrada ya con alfileres y sometida al bombardeo constante de Morena.

Aureoles ya tiene asegurada la presidencia de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados. Barbosa quiere la del Senado. El PAN cree que podría corresponderle y ahí están Héctor Larios y Roberto Gil como posibles cartas panistas. En términos estrictos tendría que ser para Barbosa, aunque no hay norma legal alguna que lo determine. Pero el punto será saber si el PRI decide mantenerse al margen de la elección y la pugna perredista, o si apoya a Nueva Izquierda, bloqueando a Barbosa, como parte de los amplios compromisos, legítimos, eso sí, que establecieron con ese partido, con el PAN y el gobierno a través del Pacto por México. La resolución tendrá que darse en las próximas horas.

Cortázar, escritura y swing

Se cumplen 100 años del nacimiento del escritor más influyente en lengua española en todo el siglo XX (esa es, por supuesto, una opinión personalísima). Julio Cortázar redefinió las formas de la novela, del cuento, de la realidad, de la relación de la literatura con el cine, la música, la juventud y hasta la política.

Un párrafo de dos pasiones que aprendí de Cortazar, el escribir y el jazz. Dice Cortázar: “¿Por qué escribo esto? No tengo ideas claras, ni siquiera tengo ideas. Hay jirones, impulsos, bloques y todo busca una forma, entonces entra en juego el ritmo y yo escribo dentro de ese ritmo, escribo por él, movido por él y no por eso que llaman pensamiento y que hace la prosa literaria u otra. Hay primero una situación confusa que sólo puede definirse en la palabra; de esa penumbra parto y si lo que quiero decir (si lo que quiere decirse) tiene suficiente fuerza, inmediatamente se inicia el swing, un balanceo rítmico que me saca a la superficie, lo ilumina todo, conjuga esa materia confusa y el que la padece en una tercera instancia clara y como fatal: la frase, el párrafo, la página, el capítulo, el libro. Ese balanceo, ese swing en el que se va informando la materia difusa, es para mí la única certidumbre de su necesidad, porque apenas cesa comprendo que no tengo ya nada que decir. Y también es la única recompensa de mi trabajo: sentir que lo que he escrito es como el lomo de gato bajo la caricia, con chispas y un arquearse cadencioso… escribir es dibujar mi mandala y a la vez recorrerlo, inventar la purificación purificándose; tarea de pobre shaman blanco con calzoncillos de nylon”. De Rayuela, capítulo 82.

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