La FEG: demoler el pasado más negro

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Jorge Fernández Menéndez 08/07/2014 01:17
La FEG:  demoler el pasado más negro

Cuando la semana pasada el edificio de la Federación de Estudiantes de Guadalajara fue dinamitado para que se comenzara a construir en ese enorme predio un gran parque para el primer cuadro de la ciudad de Guadalajara, se estaba derribando, también, el símbolo de una de las historias más negras de la política tapatía y también nacional.

La tristemente célebre FEG nació a fines de los 40 y principios de los 50, supuestamente como una institución social destinada a apoyar a los estudiantes de la UdeG. En parte lo hizo, pero fue sobre todo un grupo de control sobre los propios estudiantes que trabajó, todo el tiempo, ligado a los organismos de seguridad y represión del Estado. Su mayor mérito, en ese sentido, lo obtuvo en 1968, cuando, con la fuerza y la coerción, logró que la Universidad de Guadalajara fuera la única universidad pública del país que no se adhiriera al movimiento estudiantil que terminó con la masacre de Tlatelolco. En compensación, año y medio después, Gustavo Díaz Ordaz les regaló, aunque los papeles nunca han aparecido, el enorme edificio sede de la Federación, inaugurado en 1971, además de numerosos recursos.

Fueron los años de mayor poder y de mayor relación de la FEG con grupos represivos, legales e ilegales. Fueron los años en que la FEG estuvo controlada por Carlos Ramírez Ladewig, quien según los archivos de la desaparecida Dirección Federal de Seguridad, en enero de 1975 se reunió con varios dirigentes de la FEG y de la UdeG (la Federación controlaba la Universidad) para decirles que estaba organizando un “golpe armado de tipo guerrillero contra Luis Echeverría” y que todos tendrían que adherirse a ese movimiento. La propuesta, según el informe de la DFS, fue rechazada por la mayoría de los presentes, pero lo cierto es que después Ramírez Ladewig fue asesinado en las calles de Guadalajara. Siguieron años turbulentos en la FEG y en la Universidad de Guadalajara y a las disputas políticas se sumaron la extorsión, la delincuencia y los asesinatos.

En 1990, Raúl Padilla López, que había sido presidente de la FEG, llegó a la rectoría y rompió con la Federación y en 1991 creó un nuevo grupo, la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), recuperando, con apoyo del gobierno federal, el control real de la Universidad. Desde entonces, el poder de la FEG se fue desdibujando al tiempo que crecía su involucramiento en actividades delincuenciales, incluyendo el narcomenudeo y el control de grupos de vendedores ambulantes.

Ahí seguían hasta que en diciembre de 2011 se terminó de destapar buena parte de la cloaca en la que se había convertido esa organización. Cuatro estudiantes de preparatoria y el padre de uno de ellos, todos relacionados con el comercio ambulante, desaparecieron, y las investigaciones se enfocaron hacia la FEG, porque según sus familiares y amigos los estaban extorsionando para que pagaran por mantener un puesto de comida fuera de la preparatoria 8. El 15 de diciembre de ese año, en el propio edificio sede de la FEG, en una fosa común, fueron encontrados los cuerpos de Francisco Carrillo García, Juan Valentín Guerrero, Gabriel Morán Cervantes, Francisco Gómez Saucedo y de su padre Armando Gómez. Desde entonces, David Castorena, quien era presidente de la FEG, está prófugo y sólo Gerardo Flores Gómez, apodado El Tatuado, quien vivía en ese edificio, en esos años ya casi abandonado, se entregó y confesó haber participado en los asesinatos. Los otros líderes que quedaban de la FEG, como Mayo Ramírez, entonces regidor de Tonalá y militante del PT, se deslindaron de los hechos y poco a poco se fueron perdiendo los rastros operativos de la Federación.

La semana pasada, el gobernador de Jalisco, Aristóteles Sandoval, tomó la decisión de derribar ese edificio sede para acabar de una vez, dijo, con una historia negra que lastimaba a la sociedad tapatía. Tenía razón: una historia negra que, además, escenifica mucho de lo peor del viejo sistema político, ese que no terminaba de morir cuando aún el nuevo no terminaba de nacer. ¿Qué mejor demostración de ello el que durante tres sexenios pansitas en Jalisco hubiera podido subsistir, sin daños, este grupo, aunque ya fuera, simplemente, una organización delincuencial?

La prueba de Mancera

El jefe de Gobierno capitalino, Miguel Ángel Mancera, ha estado en los últimos días, una vez más, en la mira de sus adversarios, internos y externos. La decisión de adoptar un nuevo modelo para el Hoy No Circula fue adoptada por ocho estados pero sólo al gobierno capitalino le hicieron pagar los costos. Las propuestas que tenían que presentarse junto con el anuncio no se hicieron esperar. Los intentos de movilización fueron auspiciados por grupos priistas de la capital y del Estado de México, pero también relacionados con Morena y con Ebrard. Mancera sorteó finalmente la prueba, pero la advertencia ahí está. Viene 2015 y lo debe tomar en cuenta.

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