Oceanografía y Yáñez: ¿dónde quedó el dinero?

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Jorge Fernández Menéndez 16/06/2014 01:45
Oceanografía y Yáñez: ¿dónde quedó el dinero?

Si como decía la semana pasada en su comparecencia ante los legisladores el director de Pemex, Emilio Lozoya, la empresa paraestatal no sufrió de daño patrimonial por el caso Oceanografía (más allá del otorgamiento discrecional de contratos, práctica que en buena medida se erradicará con las leyes secundarias de la Reforma Energética que están en discusión en el Congreso), la investigación en curso se tiene que concentrar en los verdaderos responsables del fraude cometido contra Banamex, responsables que están, tanto en la empresa como en el banco, plenamente identificados por la investigación que realizó la Comisión Nacional Bancaria y de Valores y que fue enviada a la Procuraduría Fiscal de la Federación a través del oficio 211-3/135448-MM/2014, misma en la que se sustentó la averiguación previa iniciada por la PGR. Pero incluso así, quedan preguntas sin responder.

La investigación no deja lugar a dudas que el propietario y administrador único de Oceanografía es Amado Yáñez Osuna. Todos los movimientos de factoraje realizados en contra de Banamex, falsificando facturas de Pemex o modificando datos, fueron firmados por Yáñez y manejados por uno de sus operadores de toda confianza, Israel Varela, y por Jorge Terán Vanoye, Juan Carlos Tapia Cárdenas, Alberto Duarte Martínez y Joaquín García Gómez.

También se desprende de ella el tipo de operación realizada, que termina siendo, a pesar de las cantidades involucradas, relativamente simple. A pesar de que desde 2009 Oceanografía estaba prácticamente en quiebra con adeudos de hasta mil millones de dólares, precisamente para que pudiera seguir funcionando y rescatar esos adeudos, Banamex le mantuvo su línea de crédito por 600 millones de pesos, pero la misma posteriormente se fue ampliando hasta llegar a los 900 millones y, en el último año, se multiplicó hasta en seis veces. ¿Por qué? Porque se modificó una cláusula del convenio de factoraje mediante la cual ya no se tenía que comprobar la validez de los contratos de Pemex que Oceanografía le entregaba a Banamex y la línea se iba ampliando en forma automática. En la investigación saber quién solicitó esa modificación, aparentemente a solicitud del departamento jurídico de Banamex, es clave para saber cómo se operó el fraude y cómo se abrió la puerta para que Amado Yáñez pudiera cometerlo.

Toda la operación, tanto de Oceanografía como de los funcionarios especializados de Banamex, se realizaba desde las oficinas de OSA en Playa del Carmen (y en todo el proceso dos operadores son claves: Israel Varela, por Oceanografía; y Erick Cervantes, en Banamex. Varela porque es el que recibía y entregaba la información de Pemex y el que verificaba el flujo de cobros y pagos, y Cervantes porque es el que supuestamente verificaba y autorizaba por el banco esos documentos), donde se presentaban los documentos que luego resultaron ser falsos o tergiversados. Ahí se autorizaban e iban directamente a la central de Banamex, desde donde se hacían los pagos directamente a la dirección de Oceanografía, o sea, a la cuenta controlada por el administrador único, Amado Yáñez, que manejaba esos recursos en forma personal, tanto que 308 millones de pesos se depositaron directamente a la cuenta personal de Yáñez y el resto sirvió, como decíamos el jueves pasado, para todo tipo de gastos personales, desde la compra de Rolls-Royce hasta de equipos de futbol.

Amado Yáñez quedó atrapado en la bola de nieve de las facturas falsas, porque siendo éstas de corto plazo, una falsa suplía a la siguiente para ocultar el mecanismo,  en algún momento, el ciclo no pudo perpetuarse, ya que al aumentar el endeudamiento, desde la central de Citigroup se pidió que se comenzaran a verificar las cuentas, éstas se revisaron con Pemex y se descubrió que eran falsas. Allí comenzó la investigación real.

Por cierto, más allá de que Yáñez firmó todos los documentos, que los procesó su equipo personal desde Ciudad del Carmen, de que esos recursos terminaron en sus cuentas o financiando otro tipo de actividades que nada tenían que ver con Oceanografía, el propio Yáñez dice en su declaración ministerial (que se divulgó la semana pasada) que se distrajo de sus obligaciones porque tenía problemas conyugales. Los tuviera o no, lo cierto es que, durante todo ese periodo en el que se realizó el fraude, su esposa (está casado por bienes mancomunados) era miembro del consejo de Oceanografía, dueña de la mitad de la empresa y los equipos de futbol estaban a su nombre. ¿Cómo fue que a pesar de estos supuestos problemas ella aceptó firmar todos los documentos relacionados con esas empresas y cómo fue que se logró dispersar, con la propia chequera de Osuna, todo ese dinero? ¿Y dónde quedaron, finalmente, todos esos recursos? Porque hasta ahora, muchos de ellos continúan sin aparecer.

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