Las muertes del cardenal Posadas

Algunos parecen estar tentando al destino y resucitar el caso. No tiene, no tendría que tener, sentido alguno hacerlo.

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Jorge Fernández Menéndez 26/05/2014 01:13
Las muertes del cardenal Posadas

El sábado se cumplieron 21 años del asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, ocurrido en el aeropuerto de Guadalajara, por la confusión, según la versión oficial, generada en un enfrentamiento entre los hermanos Arellano Félix y las custodias de Joaquín El Chapo Guzmán, que era el objetivo de los primeros. Siempre se tejen innumerables historias, y cada vez más mitos, en torno a la muerte del cardenal y ha habido personajes, como su sucesor, el ahora retirado cardenal Juan Sandoval Íñiguez, que han querido convertir su muerte en un gran complot político en el que nadie puede explicar quién sería el real beneficiario.

El ahora cardenal retirado, y eso volvieron a decirlo algunos de sus allegados este sábado, acusaron a todos los procuradores de los últimos 21 años de haber ocultado la verdadera razón de la muerte del cardenal Posadas. Pregúntese usted: ¿qué pueden tener en común Jorge Carpizo, Diego Valadés, Antonio Lozano Gracia, Jorge Madrazo, Rafael Macedo de la Concha, Daniel Cabeza de VacaEduardo Medina Mora, Arturo Chávez Chávez, Marisela Morales o Jesús Murillo Karam? Pues según el cardenal Juan Sandoval Íñiguez, todos o casi todos ellos conspiraron para ocultar la verdad del asesinato del cardenal Posadas Ocampo, para ocultar un crimen político que, según el prelado, se orquestó desde el poder, más precisamente desde la presidencia de Carlos Salinas de Gortari.

Ese grupo, encabezado por el cardenal Sandoval, ha repetido una y otra vez esa versión, ha acusado de complicidad a todos los procuradores pero jamás ha mostrado, ni al público ni a las autoridades, una sola prueba que respalde sus dichos. Incluso cuando fue detenido en 2008, en Tijuana, Alfredo Araujo Ávila, apodado El Popeye, uno de los principales sicarios del cártel de los Arellano Félix, acusado de ser autor material del crimen del cardenal y del atentado que sufrió en 1997 el periodista Jesús Blancornelas, el cardenal Sandoval, en lugar de congratularse por el hecho, dijo que el sicario había sido “comprado” para que confirmara la versión original del crimen.

Para comprender, más allá de las declaraciones, lo que está en el fondo de esa insistencia de dos décadas hay que hacer historia. Sandoval Íñiguez fue obispo coadjutor y luego obispo en Ciudad Juárez en los años de crecimiento del cártel de Amado Carrillo. El cardenal Sandoval Íñiguez llegó a Guadalajara desde Ciudad Juárez con un bajo perfil político y poca relación con Girolamo Prigione, el entonces poderoso nuncio apostólico que negoció con el gobierno de Salinas (y con un cardenal Posadas que fue una pieza clave en esa negociación) la reanudación de las relaciones Iglesia-Estado. Pero su designación coincidió con la salida de Prigione y la llegada del nuncio Justo Mullor, que planteaba una posición mucho más “militante” de la Iglesia. Mullor venía de ser nuncio en Lituania, Estonia y Letonia e identificaba al régimen priista con el soviético.

Todo ese grupo, incluyendo al nuncio Mullor, le dio un fuerte apoyo a la candidatura de Vicente Fox pero, una vez en el poder, Fox chocó con ellos porque pretendían una suerte de purga en contra del priismo y terminaron enfrentándose, incluso, con el cardenal Norberto Rivera y una amplia corriente de la Iglesia católica mexicana. Dentro del propio gobierno, fueron calificados como fundamentalistas y Mullor debió dejar, finalmente, la nunciatura.

En ese contexto y con ese patrocinio, creció la figura del cardenal Sandoval y fue entonces cuando ese grupo comenzó a revivir la tesis del asesinato de Estado contra el cardenal Posadas. Y por eso mismo, esas posiciones, desde entonces hasta ahora, han sido percibidas como la de un sector específico de la Iglesia católica y de los sectores políticos más conservadores, enfrentados con otros grupos de la propia Iglesia y del panismo.

Ahora, con gobiernos priistas a nivel federal y local en Jalisco, con Jorge Aristóteles Sandoval (que terminó desplazando, precisamente, a la corriente del PAN que con más firmeza sostenía la tesis del complot político para matar al cardenal), algunos parecen estar tentando al destino y resucitar el caso. No tiene, no tendría que tener, sentido alguno hacerlo. Han pasado 21 años y el asesinato del cardenal ha sido investigado por diez procuradores generales de la República —de origen priista, panista, militar e independientes— y todos han llegado a las mismas conclusiones: no hubo un complot para matar al cardenal. Es hora de que dejen al buen Posadas Ocampo descansar en paz.

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