El PAN y sus recuerdos del porvenir

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Jorge Fernández Menéndez 20/05/2014 01:11
El PAN y sus recuerdos  del porvenir

Es un simplismo absoluto sostener que con Gustavo Madero ganó el panismo pro Pacto y dialoguista en contra del duro y opositor que se habría identificado con Ernesto Cordero. El diálogo, con Madero o con Cordero, se hubiera dado igual, lo que estaba en disputa era el interlocutor. Es más, la fracción cercana a Cordero seguirá teniendo un peso importante en el Senado y tendrá que seguir siendo, por lo menos, un participante en el diálogo con el gobierno.

Tampoco implicaban uno u otro la llegada de un nuevo PAN, eran, incluso dentro de sus respectivas corrientes, candidatos ya vistos que, en ninguno de los dos casos, significaban la irrupción de algo diferente a lo que ya habíamos visto, de una nueva corriente, una nueva forma de hacer e interpretar las cosas, mucho menos de nuevos personajes: en las dos candidaturas había actores conservadores y liberales, de la derecha panista o que habían trabajado muy cerca de Fox o de Calderón.

Quien ganara sería, indudablemente, un presidente nacional de transición, más en el caso de Gustavo Madero, que iba por la reelección y dejará su responsabilidad a mediados del año próximo. Pero tampoco se veía a Cordero como un presidente de largo aliento en el panismo.

En el PAN deben saber que la negociación con el gobierno, llámese Pacto o no, es tan imprescindible para reconstruir su futuro como su perfil de auténtico partido opositor. El PAN construyó el triunfo de 2000 con las negociaciones del periodo salinista, entre 1989 y 1994. Y también lo hizo mostrando una cara mucho más dura entre 95 y 2000: es el hilo conductor de aquella “legitimación en los hechos” que propuso el panismo, al iniciar el gobierno de Salinas, y el “saquemos al PRI de Los Pinos” de Fox, en 2000. Ahora participará muy activamente en las reformas pendientes, sobre todo en la de telecomunicaciones y la energética, y seguramente allanará muchos caminos porque Madero tiene en su bolsa no sólo un triunfo que lo legitima como líder del partido, sino también una reforma político-electoral que era su condición partidaria y personal para seguir avanzando.

No veo al PAN, después de este proceso, ni más roto ni tan dividido como lo ven otros. Parece que un altísimo porcentaje de sus militantes salieron a votar y, si bien hubo irregularidades, también la aceptación de los resultados y las declaraciones posteriores muestran que no habrá conflictos y que todos se allanarán, de una y otra forma, con o sin pataleos, a lo que viene, que incluye distribución de posiciones en el Comité Ejecutivo, en estados y municipios, y presencia en el Legislativo, pero, sobre todo, márgenes de interlocución, hacia dentro y hacia fuera.

El punto central en el PAN, a partir de estos resultados, es qué construirá el panismo, qué liderazgos quiere hacer crecer, cómo, con base en qué acuerdos. Tiene personajes potencialmente muy rentables en el terreno político y electoral, como el gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle (los otros gobernadores panistas, Guillermo Padrés, de Sonora, y Kiko Vega, de Baja California Sur, también estuvieron apoyando a Madero), y figuras que pueden crecer mucho, como su nuevo secretario general, Ricardo Anaya. Tiene que llegar a acuerdos y aprovechar a figuras que ya están presentes, desde Margarita Zavala hasta Josefina Vázquez Mota, pero también tiene que construir liderazgos futuros.

Para eso, Madero debe tener amplitud de miras y alejarse de revanchismos, tanto como sus rivales tienen que dejar de lado la subestimación política e intelectual de los maderistas, entre otras razones, porque hay tan pocos maderistas puros como calderonistas. Creo que, en todo esto, Madero se equivocó en su larga batalla contra el presidente Calderón, durante su administración y después de la misma, incluyendo la campaña de Josefina. Pero también creo que Cordero no ha terminado de comprender que de la misma forma que fue un error entrar en aquella fatal campaña interna para tratar de quitarle la candidatura a Josefina, también era hora de buscar un candidato o candidata con otro perfil para enfrentar a Madero. El calderonismo como tal no existe, ni siquiera le interesa a Calderón esa figura.

Lo que se acaba es toda una época: la que llevó al triunfo a Fox y a Calderón, la que fue el corolario de una generación de políticos panistas de enorme peso e influencia, desde los dos expresidentes hasta Diego Fernández de Cevallos, Carlos Castillo Peraza o don Luis H. Álvarez. Tiene que comenzar una nueva etapa para el PAN, en la cual lo menos importante es si es pactista o no, si dialogará mucho o poco con el gobierno, si irá como aliado o no con el PRD en algunas elecciones locales: esas son decisiones coyunturales, lo fundamental es que encuentre su perfil, su discurso, que sepa tomar enseñanzas del pasado para construir un porvenir que, pese a todas sus vicisitudes recientes, puede terminar siendo mucho más optimista de lo que algunos creen.

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