La hora de Tamaulipas

COMPARTIR 
Jorge Fernández Menéndez 13/05/2014 00:51
La hora de Tamaulipas

Desde hace años, Tamaulipas se ha visto azotada por la violencia, causada en buena medida por la aparición en escena de Osiel Cárdenas Guillén, luego, de Los Zetas, y más tarde, por los enfrentamientos entre éstos y sus antiguos jefes del cártel del Golfo. El capítulo más sórdido de ese proceso se dio el 28 de junio de 2010, cuando fue asesinado el candidato del PRI al gobierno del estado de Tamaulipas, Rodolfo Torre Cantú.

Es inevitable evocar el asesinato de Rodolfo, porque ayer trascendió que había sido detenido José Manuel López Guijón, jefe de custodias de su hermano, el gobernador Egidio Torre Cantú, acusado de ser el autor intelectual del asesinato de Salvador de Haro Muñoz, director de Investigaciones de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, un hombre que acababa de asumir esa responsabilidad. Pero era falso: el procurador Jesús Murillo Karam fue contundente al respecto. Es verdad que fueron detenidos diez policías locales, investigados porque habrían llevado a su jefe a ese operativo, en realidad, una emboscada en la que fue abatido. Esos policías fueron detenidos la semana pasada y, en sus declaraciones, al contrario de lo que fue publicado, no involucraron a ninguna persona del equipo de seguridad del gobernador.

No es un tema menor ¿por qué una filtración de esta magnitud retomada por varios medios? No es novedad que, como ha sucedido en otros casos, hay funcionarios con un enorme potencial de obtener información clasificada y trabajar con criminales. Pero que se haya difundido ese rumor a unas horas de que el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, llegue a Tamaulipas para anunciar —ello ocurrirá hoy en la mañana— la nueva estrategia de seguridad en el estado, aunado al antecedente de la muerte de Rodolfo Torre, es una demostración palpable de ello. Incluyendo el riesgo en el que vive Egidio Torre.

Como hemos escrito aquí con anterioridad, un año después de la muerte de Rodolfo Torre, tuve oportunidad de entrevistar al entonces presidente Calderón. En esa entrevista, el Presidente no dudó en calificar el de Rodolfo como “el asesinato político más grave” que se había dado en todo su sexenio. También nos decía que lo más importante de la investigación que realizada era que se había comprobado que dos de las armas utilizadas en el atentado pertenecían a policías municipales: una de Reynosa y otra de Ciudad Mante, que una tenía reporte de robo y que la otra no. Hasta ahí llegó, públicamente, la investigación sobre la muerte de Rodolfo Torre.

Circularon después innumerables versiones, pero nunca se llegó a esclarecer lo que había sucedido: en el ámbito federal, siempre se pensó en la participación de elementos de seguridad locales, aliados con grupos políticos y del narcotráfico. Pero nunca se tuvo claridad sobre los hechos. El propio Egidio siempre desconfió de ciertos grupos locales y trató de cambiar las fuerzas de seguridad. Se sabía que muy probablemente el enemigo estaba mucho más cerca de él de lo que se hubiera podido imaginar.

Como ha ocurrido en Michoacán, en Tamaulipas el enemigo está infiltrado en las fuerzas de seguridad locales desde el origen de toda esta larga etapa de violencia. Los Zetas llegaron al estado como una unidad del Ejército encargada de perseguir a Osiel Cárdenas. Lo que hicieron fue traicionar a su institución y convertirse en sicarios y custodias del entonces jefe del cártel del Golfo. Crecieron alimentándose de personajes ligados a las fuerzas de seguridad y de políticos locales cooptados mediante la compra o la intimidación.

En mayo de 2012, divulgábamos en este espacio que, según la DEA, Antonio Peña Argüelles, excolaborador de Yarrington, recibió el 29 de noviembre de 2011 un mensaje de uno de los líderes de Los Zetas, Miguel Ángel Treviño Morales, El Z-40, que le advertía que “su hermano (Alfonso) ha estado diciendo que usted y Tomás Yarrington, junto con (Jorge Eduardo) Costilla (líder del cártel del Golfo y enemigos mortales de Los Zetas), asesinaron al candidato a gobernador Rodolfo Torre Cantú porque afectaba al negocio de la construcción y estaba (Peña Argüelles) patrocinado/protegido”. Ese mismo 29 de noviembre, fueron encontrados los restos de Alfonso Peña, el hermano de Antonio, en Nuevo Laredo. Junto al cuerpo había un mensaje de Los Zetas en el que acusaban a Antonio de haberles robado cinco millones de dólares.

Egidio Torre tiene en estos días que afrontar el momento más delicado de su sexenio. Tiene que romper una estructura política y de seguridad que durante años ha protegido y sido parte de los grupos criminales. Hoy, cuando se anuncie la nueva estrategia de seguridad para el estado, deberá comenzar la depuración policial y política del estado, pero también se tendrá la oportunidad, en la medida en que esa trama comience a desenredarse, para que Egidio y su familia sepan, finalmente, quién mató a Rodolfo. Las respuestas podrían estar más cerca que nunca. Paradójicamente, estos rumores publicados como información dura son una confirmación de que se acerca, ahora sí, la hora de Tamaulipas.

Comparte esta entrada

Comentarios

Lo que pasa en la red