Futbol, corrupción y narcotráfico

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Jorge Fernández Menéndez 04/03/2014 01:58
Futbol, corrupción y narcotráfico

El tema aparece una y otra vez en las noticias, pero quienes manejan el futbol en nuestro país no parecen darse por enterados. Ahora, con el aseguramiento de la empresa Oceanografía, ha salido a relucir la propiedad del empresario Francisco Javier Rodríguez Borgio sobre el equipo Gallos Blancos de Querétaro. Se está investigando por parte de las autoridades si existen otros delitos relacionados de Rodríguez Borgio, además de los financieros con Oceanografía, pero, por lo pronto, las autoridades insisten en que el equipo habría servido en un esquema de lavado de dinero.

El 2 de febrero pasado, en León, fue detenido Tirso Martínez o José Tirso Hernández, apodado El Doctor, acusado de liderar una red de narcotraficantes que, entre otras actividades, lavaba dinero, transfiriendo jugadores de Colombia a varios equipos del mundo, incluyendo México. Tirso era directivo y uno de los dueños del Irapuato. Contra él declaró Jorge Mario Ríos Laverde, quien trabajó como promotor de jugadores en México y que hoy cumple una condena de seis años de prisión en una cárcel de Estados Unidos. Ríos Laverde se convirtió en testigo protegido y fue quien delató a Tirso Martínez, que estaba involucrado, también, con la propiedad de Gallos Blancos del Querétaro. Tirso estaba acusado, desde 2004, de introducir 76 toneladas de cocaína pura a Estados Unidos, asociado con los cárteles de Juárez, Sinaloa y los Beltrán Leyva, entonces organizaciones aliadas. Según el fiscal general de Estados Unidos, Eric Holder, este hombre envió, producto de la venta de drogas en Estados Unidos, entre 2000 y 2003, unos cinco mil 300 millones de dólares a México. Eso no le impidió ser agente de futbolistas y ser propietario de por lo menos dos equipos de futbol, Irapuato y Querétaro.

No es la primera vez que algo así ocurre. Recuerdo que el actual embajador ante el Vaticano, Mariano Palacios Alcocer, en alguna ocasión me platicó cómo siendo él gobernador de Querétaro, se acercó un grupo de empresarios para comprar el estadio Corregidora y traer un equipo de primera división a esa ciudad. Le pareció interesante la oferta e hizo investigar a los presuntos inversionistas que resultaron ser sospechosos de estar ligados a Amado Carrillo Fuentes. En ese momento, rechazó la operación, pero parece que esos u otros grupos similares de “inversionistas” tuvieron éxito años después.

En septiembre de 2012, fue asesinada en Aguascalientes una joven de 27 años llamada Paola Portillo. Se dijo que estaba relacionada con algunos personajes importantes del narcotráfico con operaciones en Jalisco, como Óscar Araujo López, asesinado poco antes que Paola en Los Altos, en una pelea de perros. Lo que hizo el caso más interesante fue que entre las pertenencias de esta joven, al momento de ser asesinada, se encontraron los contratos originales de dos jugadores colombianos que militan en el León, Eisner Iván Loboa Balanta y Hernán Darío Burbano. Los jugadores negaron conocer a la joven y el club se deslindó de ella, pero nunca se aclaró por qué tenía en su poder sus contratos originales, ni qué relación podían tener sus agentes con ella.

Otros personajes del mundo delincuencial de Colombia han aparecido, incluso más de una vez, relacionados con el futbol mexicano, como el promotor Guillermo Lara, colocado en la llamada Lista Clinton de la Oficina de Control de Bienes Extranjeros en Colombia, en la que se incluye a las personas ligadas con el narcotráfico. Pero en México era un conocido agente. En 2008, fueron detenidos seis elementos del equipo Mapaches de Nueva Italia, Michoacán, vinculados con la venta de drogas y lavado de dinero.

Y a todos esos casos, muchos de ellos reseñados en la revista Código Topo, que está en circulación desde hoy, se les deben sumar otras historias mucho más conocidas, incluyendo el caso de Salvador Cabañas, donde nunca quedó del todo clara su relación con su agresor, José Jorge Balderas, El JJ, y la de éste y otros personajes en el mundo de las apuestas e incluso en secuestros de familiares de futbolistas o del entrenador Rubén Omar Romano.

Cuando días atrás, Javier Aguirre, ahora entrenador del Espanyol de Barcelona, dijo que siempre que se acerca la Copa del Mundo hay presiones de agentes para colocar a sus jugadores en la selección, y casi todos los directivos del futbol nacional pusieron el grito en el cielo, negando esa intervención que, por otra parte, suena bastante lógica. Pero suceden los casos de personajes relacionados con delitos graves e incluso con el narcotráfico y, entonces, en el mundo del futbol, nadie dice nada.

En otro espacio de silencio, debe ponerse toda la atención a un hecho que no ha tenido la que merece: la ocupación por parte de la Policía Federal de Chilpancingo, la capital de Guerrero, un estado que, en la geografía de seguridad del país, hace tiempo que está considerado un foco rojo.

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