La oportunidad de Peña Nieto

En los hechos, esta administración se encuentra con un panorama que no se tenía desde mediados de la administración de Zedillo.

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Jorge Fernández Menéndez 27/02/2014 01:41
La oportunidad de Peña Nieto

No recuerdo que algún sector significativo de Colombia le haya regateado en absoluto el reconocimiento al gobierno colombiano por haber abatido a Pablo Escobar o haber detenido a los hermanos Rodríguez Orejuela, jefe, uno, del cártel de Medellín; líderes, los otros, del cártel de Cali, y entre sí acérrimos enemigos. Mucho menos recuerdo que los republicanos le hayan reprochado al demócrata Barack Obama que haya cazado a Osama bin Laden, el objetivo que se le escapó durante siete años a su antecesor, George Bush. Por eso no deja de asombrar que en México algunos caigan tan ciegamente en la teoría de la conspiración (“No es El Chapo”, “es un doble”, “el capo se entregó”, et al) o lisa y llanamente en la mezquindad ridícula (“es una cortina de humo, El Chapo no es tan importante”, como dijo López Obrador).

La verdad es que la detención de El Chapo Guzmán es un golpe importantísimo, un golpe que modificará el escenario de la lucha contra el narcotráfico, que debe generar confianza en las autoridades porque demuestra que hay por lo menos sectores de las instituciones que pueden funcionar sin corromperse y porque le otorga a la administración de Peña una fortaleza y legitimidad que necesita al encarar un periodo clave para consolidar las reformas estructurales que se llevaron a cabo durante al año pasado.

También resulta mezquino, para ensalzar lo que se ha hecho muy bien ahora en este tema, demeritar lo que se realizó antes para poder obtener estos resultados. Uno de los grandes méritos del presidente Peña fue haber cambiado políticas de seguridad, pero también haber decidido darle continuidad a los programas y equipos de élite destinados a capturar a los grandes capos del narcotráfico, que fueron creados hace cinco años. En su surgimiento tuvo un papel clave el almirante Vidal Soberón, y ese papel fue mucho más evidente desde que se convirtió en secretario de la Marina. Un acierto la continuidad y por ende la designación. Ese equipo permitió acabar con buena parte de la cúpula de Los Zetas, del Golfo, y de los Beltrán Leyva. Y en la presente administración ha dado golpes decisivos para doblar las estructuras operativas de distintas organizaciones criminales. Pero ninguno de esos golpes se equipara a la eficiencia con que se operó la caída del Chapo Guzmán.

En los hechos, la administración de Peña se encuentra con un panorama que no se tenía desde hace muchos años, desde mediados de la administración de Zedillo. Hoy, por los golpes recibidos, ningún cártel es plenamente hegemónico, todos han sido golpeados en partes vitales, no hay tampoco líderes que concentren realmente el poder. En el cártel de Sinaloa habrá que ver cómo se procesa la sucesión de Guzmán; ahí están El Mayo Zambada y probablemente El Azul Esparragoza, pero si bien esa es la estructura criminal más compleja y sofisticada de las que operan en el país, reemplazar a El Chapo no será tarea sencilla. El cártel del Golfo ha perdido a la mayoría de sus líderes reconocidos, al igual que Los Zetas. En Juárez sigue Vicente Carrillo, pero su territorio ha quedado muy acotado. Los sucesores de los Arellano Félix se han concentrado en sus redes de distribución en Estados Unidos. Los Beltrán Leyva tratan de recuperarse de la caída de Arturo con su hermano Héctor, pero han sufrido demasiados golpes. Grupos como el de La Barbie, El Indio, El JJ, han quedado convertidos más en pandillas delincuenciales que en verdaderos cárteles. Los Templarios parecen acorralados y, como dijo Alfredo Castillo, la captura de La Tuta, Servando Gómez, podría ser la cereza de ese pastel.

No se acabarán ni la violencia ni el narcotráfico, pero se está en un periodo donde esos grupos están debilitados y confundidos, donde existen condiciones para redimensionar instituciones y recuperar control.

Recuperación

La administración de Peña ha logrado este año consolidar una serie de capítulos que le permitirán, en lo queda de 2014, tener amplias posibilidades de recuperación y crecimiento. El año pasado sacaron adelante todas las reformas constitucionales que se propuso el presidente Peña. La más controvertida es y fue la fiscal, que cumplió con los objetivos recaudatorios, pero a un costo político demasiado alto. Pero todas las demás, incluyendo en primer lugar la energética, fueron un éxito indiscutible. Ahora tiene que abordar el proceso de leyes secundarias, pero lo está haciendo desde una posición de fortaleza, no de debilidad. Su único punto débil es que la recuperación económica aún no se siente, porque las grandes obras de infraestructura siguen en el papel y por ende el empleo no crece y se resienten los efectos de la Reforma Fiscal en los índices de inflación.

Pero es una decisión de políticas públicas poder revertir esas carencias y convertirlas en expectativas de crecimiento reales. El escenario está puesto para que la administración de Peña pueda avanzar con rapidez en varios terrenos, incluyendo la seguridad y la economía. Es su oportunidad.

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