Peña, Harper y Obama, bajo el fuego del éxito

COMPARTIR 
Jorge Fernández Menéndez 18/02/2014 01:10
Peña, Harper y Obama, bajo el fuego del éxito

En febrero de 1990, Carlos Salinas de Gortari, con buena parte de su equipo económico, llegó al entonces mucho menos conocido encuentro empresarial de Davos con toda una baraja de propuestas sobre la apertura que planteaba realizar en México, buscando diversificar el comercio, abrir la economía y colocar en el panorama económico del mundo a México. No pasaron muchas horas en el centro de esquí suizo hasta que descubriera que el interés de Europa no estaba puesto en México, sino en Europa del este, a unas semanas de la caída del muro de Berlín. Ahí, México no tendría posibilidades. Miró hacia el otro lado del Atlántico y rescató una propuesta que desde años atrás estaba dormida, porque el gobierno de Miguel de la Madrid (y el propio Salinas de Gortari, en la campaña) la habían desechado: un tratado de libre comercio con Estados Unidos, al que posteriormente se integraría a Canadá, como medida económica, pero también para efectos de equilibrios geopolíticos.

Desde Ginebra, donde estaba la comitiva mexicana, antes de que concluyera el encuentro de Davos, partió hacia Washington un avión privado con Pedro Aspe, entonces secretario de Hacienda, y José Córdoba Montoya, jefe de la Oficina de la Presidencia. Poco después se encontraban con el presidente George Bush y comenzaba a configurarse el TLC, que se firmaría cuatro años después, cuando ya estaba en la Presidencia Bill Clinton, que lo firmó y sacó adelante, no sin muchas reticencias del partido demócrata.

Sobre el TLC se dijo de todo y se tejieron innumerables hipótesis, varias de ellas francamente descabelladas. Al TLC se opuso toda la izquierda, muchos priistas y varios panistas, incluso algunos de sus más fervientes defensores de hoy participaron públicamente en esa oposición, pero lo cierto es que el TLC no ocasionó la destrucción del mercado nacional ni mucho menos se “vendió” el país como se pronosticaba: hoy, el comercio de México con Estados Unidos supera el millón de dólares por minuto y tenemos con ese país un superávit de poco más de 60 mil millones de dólares anuales. La productividad de los trabajadores mexicanos en la industria manufacturera se incrementó 69%. Uno de cada seis empleos está relacionado con la actividad exportadora. El 33% del empleo total en México proviene de las manufacturas y la mitad está relacionado con la actividad exportadora con empresas que, en promedio, pagan salarios 37% superiores a los de empresas no exportadoras. Hoy, México es el principal productor de los automóviles que circulan en Estados Unidos, de televisores y en el centro del país existe una industria aeroespacial de influencia mundial, íntimamente ligada a la de Estados Unidos y Canadá, imposible siquiera de imaginar cuando se firmó el TLC. Es más, ¿qué hubiera sucedido en la crisis de 1995 sin el rescate ordenado por Clinton? ¿Hubiera sido posible sin la existencia de un TLC? ¿Cómo sería nuestra vida política? ¿Qué tanta influencia tuvo el TLC en la apertura política e incluso en la alternancia en el poder? Sólo puede haber sistemas políticos abiertos en economías abiertas. Y eso también se ha puesto de manifiesto, 20 años después de la firma del Tratado de Libre Comercio.

Han pasado dos décadas y ha ocurrido de todo en México y en el mundo. Hoy, los cambios son notables respecto a ese mundo que venía del fin de la Guerra Fría. Hoy, cuando se reúnan Peña Nieto, Obama y Harper, tendrán que comprobar que, no exenta de problemas, la región que abarca el TLC sigue siendo una de las más dinámicas del mundo y que gracias a eso lograron sortear incluso la crisis del 2008-2009 con costos menores a los que sufrió, por ejemplo, Europa. Hoy, el tema de la energía es vital y la posibilidad de una complementariedad energética en la región es clave para el futuro de la misma, lo mismo que la integración industrial y comercial para contender con las economías del Pacífico, socios y competidores en la nueva economía global.

Hay muchos capítulos pendientes, desde la migración (desde el punto de vista de un mercado laboral común) hasta el turismo (con medidas tan aparentemente sin sentido, como la visa para turistas mexicanos en Canadá), pasando sin duda por la seguridad. Esas dos grandes agendas tendrán que analizar Peña, Obama y Harper en Toluca. Pero no deberán olvidar que esa nueva etapa se deberá construir sobre una historia de éxito en el comercio mundial, una historia que algunos de sus predecesores y muchos de los actores en el pasado pensaban que estaba destinada al fracaso.

Cinco años de Todo Personal

Hoy cumple cinco años el programa Todo Personal, que hacemos diariamente con mi compañera Bibiana Belsasso en Proyecto 40. Hoy tendremos para ustedes un programa especial y, sobre todo, el agradecimiento y el deseo de que nos sigan acompañando muchos años más.

Comparte esta entrada

Comentarios