El efecto perverso que se desvela
Cuál puede ser la razón sospechosa de mantener incompleta la estructura del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, sino la de influir en el resultado de las elecciones.¿Resulta aventurado?
Los últimos meses del gobierno de López Obrador comienzan a desvelar la magnitud del daño, entramados sospechosos y anticipan, porque no hay señal en contrario, que una posible continuidad profundizaría la pérdida del Estado de derecho, el fin del régimen de libertades y la consolidación del crimen como aliado. Y, en ello, la gracia para los infractores e indefensión institucional para los mexicanos.
Cada efecto mencionado procede de una causa. Como lo es la sospecha deslizada de que a los padres de Ayotzinapa les informarán el 3 de junio —y no antes— que el caso será cerrado.
Reitero, sobre las causas. Se afirmaría que el Presidente saliente es un demócrata, cuando no ha propiciado condiciones electorales de igualdad.
Un demócrata fortalece las instituciones democráticas y respeta las reglas construidas por el consenso de los ciudadanos, partidos y gobierno. López Obrador no lo ha hecho.
Cómo explica usted, lector, lectora, el que, por instrucciones a su partido, el Senado no haya nombrado a dos magistrados electorales del Tribunal que validará la elección presidencial; y tampoco 47 magistrados de sus salas regionales y de otros tribunales locales.
Cuál puede ser la razón sospechosa de mantener incompleta la estructura electoral, sino la de influir en el resultado de las elecciones. ¿Resulta aventurado?
La filósofa política alemana Hannah Arendt apuntaba que la participación en elecciones libres y justas es una forma crucial en la que los ciudadanos pueden ejercer su poder político y protegerse contra los autócratas.
Si pudiéramos preguntar a la autora, diríamos que lo que busca Morena es despojar a los ciudadanos de la posibilidad de ejercer su poder político. ¿Pero interferir en el resultado de las elecciones? Si la respuesta es afirmativa, entonces a la candidata opositora, Xóchitl Gálvez, y otros actores les asiste razón: se está frente a una elección de Estado para que la mitad de los mexicanos no decidan quién los debe gobernar.
No lo digo yo, es una descripción de lo que se ha hecho para debilitar a los órganos electorales.
Arendt advirtió sobre los peligros de la manipulación y el abuso del proceso electoral por parte de líderes autoritarios. Señaló cómo los regímenes totalitarios pueden utilizar las elecciones como una herramienta de legitimación, aunque, en realidad, estén manipuladas o sean fraudulentas.
Destacó la importancia de mantener instituciones políticas sólidas y una sociedad civil activa para evitar que las elecciones se conviertan en simples formalidades que encubren la consolidación del poder autocrático.
Pero López Obrador asfixió a la sociedad civil desde el primer día de su mandato. Los demócratas hacen todo lo contrario, porque surgen de ahí, y él proviene del viejo PRI.
Dos cosas terribles se han desvelado. El manejo ideológico —negligente— de la pandemia propició la muerte de casi 300 mil personas. Esas muertes son responsabilidad directa de dos personas, quien gobierna y quien ejecutó los actos. Casos similares se han llevado a la Corte Penal Internacional.
El estudio elaborado por un grupo de expertos subraya que la instrucción a los contagiados de “quédate en casa”, dada por el gobierno federal e instrumentada por Hugo López-Gatell, cuyo nombre pasará a la historia, “causó un efecto perverso. Un gran número de pacientes llegó muy tarde al hospital”.
El otro hecho terrible es el hallazgo de un posible crematorio clandestino en la CDMX usado a lo largo de 4 años. Cecilia Flores, fundadora de un colectivo de madres buscadoras de desaparecidos, reveló su existencia en los límites de Iztapalapa y Tláhuac.
La Guardia Nacional no las acompañó. Hallaron “credenciales INE de mujeres y libretitas de niños”.
¿Será que la obediencia de “abrazos y no balazos” se aplicó en la CDMX?
