Aniquilarnos
No podemos decir que el discurso del actual gobierno sea democrático. No hay señales de un liderazgo democrático que se traduzca en la inclusión de los diferentes, de los adversarios políticos, para construir una nación próspera e incluyente, aun cuando legítimamente se busque la permanencia de su partido en el poder, como ocurre en otros países
En algunos sectores se preguntan si es momento de concitar a la reconciliación nacional. No lo creo posible en lo que resta de esta presidencia porque, por un lado, sí existe una brecha económica que no se ha logrado resolver, ni siquiera la presente administración, que se ha traducido en agravio y que continuará por el desmantelamiento de políticas públicas.
Pero también por la estrategia presidencial de desaparecer al otro, eliminarlo como interlocutor, aniquilar cualquier posibilidad de diálogo y desterrarlo del discurso nacional.
No existe un “otro” que sea digno de tener diálogo, porque es adversario y debe ser anulado, desacreditado e insultado. Esto, sin duda, cancela el mayor valor democrático que es el diálogo e intensifica los agravios.
Sin duda, no podemos decir que el discurso del actual gobierno sea democrático. No hay señales de un liderazgo democrático que se traduzca en la inclusión de los diferentes, de los adversarios políticos, para construir una nación próspera e incluyente, aun cuando legítimamente se busque la permanencia de su partido en el poder, como ocurre en otros países.
El filósofo sudcoreano Byung-Chul Han describe esta tendencia en una revisión del discurso democrático en sociedades con gran influencia de las redes sociales y advierte que la desaparición del otro implica, en los hechos, el fin de ese discurso.
En nuestro país, por ejemplo, la tendencia es evitar a toda costa que el discurso oficial sea cuestionado por el “otro”, por ello ninguna protesta o reclamo es válido y ahí podemos incluir las marchas feministas en contra del feminicidio, contra el desmantelamiento del INE e incluso el caso Ayotzinapa, que fue usado como trampolín electoral.
La marcha para defender la independencia de los órganos electorales y garantizar elecciones sin fraude, que ya no existe, representó una afrenta tan grande que debe ser borrada, pero, pese a los intentos, no va a ocurrir.
Quien sea el candidato del Presidente, no de Morena, va a tener que construir un diálogo que no cancele a los demás mexicanos: empresarios, organizaciones ciudadanas, sindicatos, académicos, intelectuales, etcétera. Porque el lopezobradorismo, como tal, no va a poder mantenerse en el tiempo, no habrá país que lo soporte.
Byung-Chul asegura que “el discurso requiere separar la opinión propia de la identidad propia. Los individuos que no poseen esta capacidad discursiva se aferran desesperadamente a sus opiniones porque, de lo contrario, su identidad se ve amenazada”.
Por ello, resulta complejo hacerles cambiar de opinión. Entonces, si marchan en mi contra, yo les hago una más grande, donde sólo se hable de mí.
La crisis de nuestra democracia, como bien lo diagnostica el filósofo citado, es una crisis del escuchar. Salinas ni escuchaba ni veía a la oposición; el actual gobierno ni escucha, pero sí insulta y levanta a unos contra otros.
La pregunta es si los ciudadanos seremos capaces de reconocernos por nuestras desigualdades y dar un paso atrás o tener la tentación de aniquilarnos por una voluntad.
La semana próxima, la Suprema Corte resolverá si acota a ciertos estándares la prisión preventiva oficiosa, que ha sido usada arbitrariamente por las autoridades, lo que, sin duda, tendrá un impacto en nuestro régimen de libertades.
De igual manera, se resolverá sobre la tendencia presidencial de dejar sin integración organismos autónomos, como la Comisión Federal de Competencia Económica.
Ante la imposibilidad de desaparecer los organismos constitucionales autónomos, la estrategia política ha sido impedir su integración y anular sus facultades de contrapeso, afectando la vida económica del país y de los mexicanos.
