La Constitución de la CDMX: oportunidad para evolucionar

El primer domingo de junio se llevará a cabo la elección de la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México, que tendrá como objetivo la elaboración de su primera Constitución política. Sin lugar a dudas, ello se convertirá en un hecho que marcará la historia del ...

El primer domingo de junio se llevará a cabo la elección de la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México, que tendrá como objetivo la elaboración de su primera Constitución política. Sin lugar a dudas, ello se convertirá en un hecho que marcará la historia del país y la vida de todos sus habitantes.

Esta Asamblea estará compuesta por 100 diputados, de los cuales 28 serán propuestos por el Congreso de la Unión (14 diputados y 14 senadores). Para el caso del Partido Verde, nuestro instituto político estará representado por el senador Pablo Escudero y por su servidor, lo cual representa un gran honor, pero también una altísima responsabilidad.

La Constitución Política de la CDMX deberá ser no sólo un documento de avanzada en el que se plasmen los principios en los que se sustente y desarrolle la capital del país, sino también sobre todo una norma que sirva de ejemplo a todas las entidades federativas. Para ello será necesario que se respeten las decisiones políticas fundamentales que le han dado cauce e identidad a México, también será obligatorio que en ella se contenga todo lo que les permita evolucionar a los capitalinos y perfeccionar sus instituciones.

La elaboración de esta Constitución es una excelente oportunidad para revisar todo lo que la ciudad necesita para seguir siendo el principal referente económico, político y social del país, pero también para establecer los lineamientos que le permitan dirigirse hacia la modernidad, el desarrollo de su sociedad y la consolidación de su democracia.

El no asumirlo de esta manera provocará que todo el esfuerzo por convertir a la Ciudad de México en el estado 32 de la República Mexicana se desaproveche y que el contenido de la nueva Constitución pronto se vuelva obsoleto.

No obstante lo anterior, creo que el principal peligro que corre la Constitución se encuentra en la posibilidad de que los grupos políticos más grandes o de mayor presencia en la Ciudad de México la quieran utilizar como un instrumento para mantener sus privilegios de poder y se aparten del objetivo primordial de toda ley que debe ser el bien común.

Son muchas las materias en las que la nueva Constitución deberá dictar las mejores directrices para conseguir este fin, sobre todo en una ciudad tan compleja. Además de establecer una manera clara de hacer efectivos los derechos humanos de la sociedad capitalina, deberá disponer de los mecanismos que mejor organicen al gobierno y coordinen sus relaciones con la ALDF y el Poder Judicial de una manera eficiente y dé provecho para los ciudadanos.

En este sentido es que debemos vigilar que el desarrollo urbano camine de la mano con el ordenamiento ecológico y deje de amenazar los pocos espacios verdes que quedan; que se cuiden los recursos naturales (particularmente el agua); que se integre y modernice el sistema de transporte público, para que sea útil a la gente y deje de contaminar, y que se fortalezca la coordinación metropolitana para darle viabilidad a la ciudad y su zona conurbada.

Pero no sólo eso, también debemos estar muy pendientes de que desaparezcan los cacicazgos en las delegaciones, de que se promueva la transparencia, la lucha contra la corrupción y el respeto de los derechos humanos, pero principalmente que se promueva la cultura del respeto a la ley, del reconocimiento a nuestras instituciones y del amor por México y su capital.

Todas las voces deberán ser escuchadas y nadie deberá quedar excluido de esta inmejorable oportunidad de participar en la evolución que la Ciudad de México vivirá para convertirse en la punta de lanza de la modernización y la democratización del sistema político mexicano.

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