Sus santidades y majestades

“Todo ha de someterse 
a la crítica. Pero la religión 
y la legislación pretenden 
de ordinario escapar a la misma. La religión a causa de su santidad, y la legislación a causa de su majestad. Sin embargo, al hacerlo, despiertan contra sí mismas sospechas justificadas y no pueden exigir un respeto sincero, respeto que la razón sólo concede a lo que es capaz 
de resistir su examen libre y público”. 

Ésta es una expresión de Immanuel Kant y vale la pena recordarla a propósito —primero— de los ataques de la Iglesia en contra de la recién publicada Constitución Política de la Ciudad de México y —segundo— de la ridícula majestad con la que algunos personajes políticos pretenden encarar señalamientos críticos a su pensamiento y comportamiento.

En el caso de las majestades que señala Kant, pongamos por ejemplo el caso del presidente Peña, que insiste en no comprender la gravedad de la actitud agresiva de Donald Trump en contra de México. Peña y el secretario de Relaciones Exteriores del gobierno mexicano actúan como si el comportamiento grosero del nuevo Presidente estadunidense fuese algo ordinario, normal, en las relaciones entre los países. Veamos:

-Si Trump ofende a los migrantes mexicanos, los llama delincuentes y drogadictos, entonces la actitud de Peña transita desde la indolencia hasta la desesperante pasividad, lo que impide una respuesta de nuestro gobierno del tamaño de la agresión.

-Si Trump reafirma que levantará un muro en la frontera y lo pagaremos los mexicanos, entonces el comportamiento de Peña se limita —en el mejor de los casos— a señalar que no lo pagaremos, cuando lo que hay que hacer es utilizar todos los recursos de la legalidad internacional para rechazar la ofensa de la construcción del muro, así sea en su territorio.

-Si desde la Casa Blanca, Trump —con un comportamiento tramposo y felón— filtra a los medios de comunicación las conversaciones entre los dos jefes de Estado, entonces Peña y Videgaray minimizan el hecho y dejan correr la especie para que en EU y en México, todos demos como verdadero un evento que avergüenza a nuestro país. 

- Si el Presidente estadunidense ordena una acción de gobierno para realizar en muchas ciudades de la Unión Americana redadas contra mexicanos para aprehenderlos, recluirlos y, finalmente, expulsarlos; entonces el Presidente mexicano y el secretario Videgaray se limitan, con candidez, a dar instrucciones a los cónsules para que presten asesoría legal.

La razón indica que a EU y a México no les conviene ninguna guerra comercial y menos aun enfrentamientos políticos, pero la sinrazón da cuenta de un gobernante que no entiende de vecindades amigables y amistosas y que, en lugar de ello, golpea, hiere, humilla y confronta con ánimo, siempre, de someter.

¿Ante tal comportamiento de Trump, cuál debiera ser el de Peña?

Radicalmente diferente al que ahora llevan a cabo y, en consecuencia, debieran, desde la diplomacia y la política, pasar a la ofensiva, no sólo para impedir ser humillados como país sino para que sentemos las bases de una relación de igualdad y de beneficios mutuos. Serían varias las acciones, pero aparte de continuar viajando a Washington, Videgaray, de ya y con la misma prioridad, debiera tener en la agenda de Peña una gira por Sudamérica; una reunión con la premier Merkel; con los primeros ministros de Australia y de China, y ello, antes de que inicien las pláticas formales para la revisión del TLC.

Pero hay otras majestades que, como escribía Kant, “despiertan sospechas justificadas y no pueden exigir respeto sincero”. Uno de estos personajes es AMLO, el cual orquestó, literalmente, la oposición a las manifestaciones del domingo pasado en contra de Trump. En los hechos, este comportamiento es políticamente irracional, pues a quien beneficia —en el fondo y en la superficie— es al xenófobo y racista que ahora gobierna a EU.

El que las y los ciudadanos salgan a la calle a manifestar su rechazo a Trump, que expresen su disposición a defender al país y a los migrantes, nunca podrá hacer olvidar la existencia de profundas diferencias entre las fuerzas políticas en México, las cuales, obviamente, no disminuirán ni desaparecerán.

Llevar las cosas al extremo, tal y como lo hicieron los opositores a la marcha #VibraMéxico, conduce a la idea de que no tiene importancia ni trascendencia alguna lo que haga el gobierno estadunidense. Se equivocan: nuestra desgracia mayor como país puede fraguarse desde la incompetencia del gobierno de Peña, desde la irresponsabilidad del extremismo populista en México, pero también desde el nacionalismo fascista de Trump.

Twitter: @jesusortegam

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