Las otras coaliciones

Las elecciones se ganan con coaliciones. Ya sean coaliciones de partidos, cuando éstos son capaces de negociarlas, ya sea mediante coaliciones de votantes estratégicos que coinciden en apoyar una misma candidatura, quizás por razones disímbolas. Los mecanismos ...

Las elecciones se ganan con coaliciones. Ya sean coaliciones de partidos, cuando éstos son capaces de negociarlas, ya sea mediante coaliciones de votantes estratégicos que coinciden en apoyar una misma candidatura, quizás por razones disímbolas. Los mecanismos detrás de estas coaliciones no siempre son mutuamente excluyentes, por cierto: El voto útil puede sustituir o bien complementar a las coaliciones partidistas.

En diciembre pasado se formalizaron tres coaliciones partidistas para la contienda presidencial: La tradicional coalición del PRI con el PVEM y Nueva Alianza, una algo extraña coalición entre PAN, PRD y MC, y otra quizás aún más extraña entre Morena, PT y PES.

En un primer momento, la coalición entre PAN y PRD parecía extraña por ser una coalición ideológicamente desconectada. En un segundo momento, la coalición entre Morena y PES también lo parecía. A quienes despreciaron la coalición entre PAN y PRD debe causarles cierto desconcierto no sólo la coalición entre Morena y PES, sino también el acercamiento de López Obrador con cuadros panistas.

Sin embargo, el que ambas coaliciones ocurran al mismo tiempo parece indicar, con mucha más claridad que antes, que la elección presidencial de 2018 no se definirá en el eje ideológico izquierda-derecha característico de muchos otros países, pero no tanto en México. En cierta dimensión, ambas coaliciones pueden ser conectadas. Puede tratarse de un simple eje de continuidad vs. cambio, pero también puede ser otra cosa: Una especie de competencia entre candidatos socialmente conservadores. Para saber a ciencia cierta qué opinan los votantes de todas estas coaliciones hacen falta más encuestas y que transcurran las campañas.

¿Pero qué hay de las otras coaliciones? Una vez que han transcurrido casi dos meses de precampañas y que están definidas las tres candidaturas presidenciales partidistas, se tejen dos tipos de coaliciones bajo una dinámica más sutil que lo que unos y otros dicen en sus spots y redes sociales.

En primer lugar están las coaliciones entre candidatos independientes y partidistas. Si llegan a la boleta presidencial algunas de las candidaturas independientes, durante los debates y campañas veremos quiénes trabajarán para apoyar veladamente a algún candidato partidista, o bien, quiénes podrían ser verdaderos aguafiestas. Al cierre de las campañas, alguno o alguna podría declinar en favor de algún puntero, por ejemplo: ¿Podría Margarita declinar en favor de Anaya o Meade? ¿El Bronco en favor de AMLO? ¿Qué tan seguro está de su respuesta en este momento?

Hay quien dice que una estrategia inicial del gobierno sería fragmentar el voto para aumentar las probabilidades de éxito del PRI. Sin embargo, si la campaña de José Antonio Meade no levanta, la fragmentación del voto podría más bien beneficiar a López Obrador (fragmentando el voto antiAMLO, por así decirlo).

En segundo lugar están las posibles coaliciones entre gobernadores y candidatos presidenciales. Éstas no se manifiestan de manera tan explícita: Después de todo, es ilegal que algún gobernador apoye a un candidato. Por desgracia, hay muchas formas de desviar recursos públicos hacia las campañas. Por ejemplo, si la campaña del PRI no levanta, ¿de verdad los gobernadores de ese partido apoyarán con recursos y estructura a un probable perdedor? Si la campaña de Anaya no levanta, ¿a quién apoyarán los gobernadores del PAN? Por último, si la ventaja de López Obrador no declina o la elección se torna reñidísima, ¿a quién apoyarán al final del día los gobernadores? Las elecciones se ganan con coaliciones, sí, pero las coaliciones son inestables por definición.

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