El dilema del Frente
¿Quién presentará la candidatura opositora más sólida, Morena o los partidos del Frente Ciudadano por México (PAN-PRD-MC)?
En un sistema presidencialista, cada elección puede verse como un referéndum sobre el gobierno en turno. Por ello, en cada elección presidencial resulta natural que surjan dos claras candidaturas o coaliciones: la del partido en el gobierno y, al menos, una sólida candidatura opositora. Esta semana se dio a conocer el nombre del candidato del gobierno: José Antonio Meade, de quien no me ocuparé en este momento.
Una candidatura opositora ha estado definida desde hace varios años: la de Andrés Manuel López Obrador. Toda vez que nuestro sistema político es multipartidista, no será la única. El resto de las candidaturas partidistas o independientes aún está por definirse.
¿Quién presentará la candidatura opositora más sólida, Morena o los partidos del Frente PAN-PRD-MC? No es una pregunta sencilla de responder. Por extraño que parezca, la respuesta no sólo depende del nombre o la identidad de los candidatos, sino también de los temas que más preocupen al electorado —los temas que acabarán definiendo la elección—, así como de las plataformas o posicionamientos que anuncie cada partido o coalición.
Según la Ciencia Política, nuestra postura u opinión sobre un sinfín de temas o asuntos puede ubicarse en algún lugar de la dimensión o eje izquierda-derecha: el papel del Estado en la economía, la redistribución del ingreso, la interrupción legal del embarazo, la legalización de la mariguana, etcétera, pueden considerarse como temas ideológicos.
Supongamos sin conceder que el PAN se encuentra en la derecha del eje ideológico, Morena y el PRD a la izquierda, y el PRI en algún lugar en medio de PAN y PRD.
En la dimensión izquierda-derecha, el Frente es lo que en Ciencia Política se conoce como una “coalición no conectada” que, por ende, tiende a enfadar a los simpatizantes más ideologizados a diestra y siniestra: muchos votantes panistas no quisieran tener que apoyar ninguna candidatura del PRD, y viceversa.
Ahora bien: ¿Cuán ideológico es nuestro sistema de partidos? Sospecho que poco, dada la juventud de nuestra democracia. ¿Acaso no hay otras dimensiones relevantes, además de la ideología? Sospecho que sí. Pero, independientemente de lo anterior, una pregunta más importante sería dilucidar si la elección de 2018 será eminentemente ideológica o no.
Hay quien dice, sin embargo, que la elección de 2018 se definirá en un eje o dimensión mucho más sencilla: la del “cambio” frente a la “continuidad” —misma que algunos llaman PRI-antiPRI, o sistema antisistema—. Supongamos sin conceder que en esta dimensión de “cambio vs. continuidad”, Morena se encuentra en un extremo de cambio radical, por así decirlo, el PRI en el extremo opuesto, y el PAN, PRD y MC en algún lugar en medio de ambos polos. Pues bien, si la elección se define en estos términos, los partidos del Frente bien podrían representar una “coalición de cambio moderado” que concite una mayoría relativa de votos antiPRI y antiAMLO.
Todo lo dicho hasta aquí tiene muchas aristas más. Sea cual fuere la dimensión que acabe definiendo la elección de 2018, la ideología o el deseo de cambio, importará también la coherencia y credibilidad de quien acabe siendo el abanderado del Frente.
Por último, quizás el dilema más grande de quienes negociarán en los próximos días el futuro inmediato del Frente opositor es el de su implementación en las diferentes contiendas en juego.
Las candidaturas legislativas y locales pueden distribuirse de distintas formas entre los partidos involucrados. De prosperar, quien obtenga la candidatura presidencial del Frente, indivisible por definición, tendrá que hacer concesiones generosas con los demás partidos.
