Fracturas partidistas

Este viernes 6 de octubre, Margarita Zavala anunció públicamente su renuncia al Partido Acción Nacional, partido en el que militaba desde hacía más de treinta años y bajo el cual fue diputada local y federal, para poder buscar su registro como candidata independiente ...

Este viernes 6 de octubre, Margarita Zavala anunció públicamente su renuncia al Partido Acción Nacional, partido en el que militaba desde hacía más de treinta años y bajo el cual fue diputada local y federal, para poder buscar su registro como candidata independiente a la Presidencia. Propios y extraños afirman que esta renuncia representa una crisis sin precedente en ese partido político. ¿Será cierto?

Sin duda, cualquier partido político pierde en el corto plazo cuando alguna(o) de sus principales militantes o, como ahora, una potencial candidata presidencial decide renunciar. Sin embargo, el efecto neto a mediano y largo plazo aún está por verse y depende de lo que hagan ella y el PAN, respectivamente.

¿Cuándo es el mejor momento para renunciar a un partido? En muchos casos, este tipo de renuncias suceden poco antes de un proceso de selección de candidaturas que luce desfavorable —digamos por una especie de expectativa racional—, o bien justo después de perder un proceso o elección interna —ante un hecho consumado—. Las fechas y plazos para el registro de candidaturas presidenciales por la vía partidista aún son distantes. Por otro lado, el plazo que está por cerrarse en pocos días es el de registro de aspirantes a candidaturas independientes. La legislación electoral ordena que este registro ocurra, justamente, antes de que se determinen las candidaturas partidistas.

Tras su renuncia, vale la pena aclararlo, Margarita Zavala aún tiene la posibilidad de ser postulada por algún otro partido o coalición. La puerta que parece estar cerrada para ella de aquí en adelante es la del PAN. ¿Qué es mejor para ella, una candidatura independiente o ser postulada por otro partido? La respuesta quizás depende de variables que aún no conocemos, como quiénes serán postulados por los demás partidos o quiénes más intentarán la muy costosa vía independiente.

En un sistema multipartidista, los partidos políticos no nacen o mueren con la afiliación de una sola persona o grupo, por importante que ésta sea. En una democracia, cualquier partido político tiene una coalición de intereses detrás. Y, como hemos discutido en otras ocasiones, las coaliciones políticas son inestables por naturaleza.

Algunas rupturas son verdaderos parteaguas y otras veces son un simple reacomodo de actores. La salida de Cuauhtémoc Cárdenas del PRI en 1987 estaría entre las primeras, pero su salida del PRD quizá entre las segundas. La salida de Andrés Manuel López Obrador del PRI no parecía ser importante en su momento, pero su salida del PRD en 2012 sí ha puesto a prueba la supervivencia misma de este partido.

Es natural que los líderes del PRI, otrora partido hegemónico, celebren las fracturas al interior de los principales partidos de oposición. Por otro lado, también es cierto que muchas candidaturas competitivas, gobernadores o líderes de la oposición en algún momento renunciaron al PRI. En su momento, le ha tocado al PRI tratar de minimizar todas aquellas pérdidas.

Es muy probable que las renuncias y reacomodos al interior de los partidos políticos continúen. La consolidación misma del Frente compuesto por PAN, PRD y Movimiento Ciudadano implica reducir el número de candidaturas disponibles para cada grupo político en particular.

Por la misma razón, no debería sorprender que algunos otros cuadros del PAN intenten buscar cobijo con la coalición del partido en el gobierno, o que algunos priístas o perredistas toquen las puertas de Morena. Las fracturas partidistas son naturales, sí, pero también evidencian a un sistema de partidos que no acaba de establecer procesos y reglas claras para seleccionar candidaturas.

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