Lista Nominal
Contar con un padrón y Lista Nominal de Electores confiable es una pieza clave de nuestro sistema electoral.
Hace algunos días nos enteramos que una copia completa de la Lista Nominal de Electores vigente al 15 de febrero de 2015 estaba disponible —de manera poco segura— en un sitio de internet. Dante Delegado, líder del partido Movimiento Ciudadano, reconoció esta misma semana que ellos eran los responsables de esa copia de la Lista Nominal. El INE ya inició una investigación para averiguar los pormenores del asunto e interpuso denuncias ante la Fepade.
Esta noticia ha producido sorpresa entre propios y extraños. Y con justa razón. La lista nominal de electores contiene información sobre el nombre, sexo, edad y domicilio de millones de ciudadanos. El mal uso o manejo de estos datos por parte de cualquier partido político constituye una violación grave a la normatividad electoral y a la privacidad de la ciudadanía. Por desgracia, no es la primera vez que algo como esto sucede: en 2013, Movimiento Ciudadano fue multado por filtrar los datos de la Lista Nominal en otro sitio de internet. ¿Cómo llegamos a esto? ¿Vale la pena confiar a los partidos esta información?
Contar con un padrón y Lista Nominal de electores confiable es una pieza clave de nuestro sistema electoral. En el pasado, cuando el padrón era responsabilidad de autoridades gubernamentales, los partidos de oposición tenían sospechas sobre su confiabilidad. Y la desconfianza era justificada, puesto que una forma típica de manipulación electoral en un régimen autoritario es, precisamente, inflar o excluir a ciudadanos de manera discrecional o arbitraria de la lista de electores.
Desde que el Registro Federal de Electores es responsabilidad del IFE y ahora del INE contamos con uno de los padrones más confiables del mundo. El INE mismo se encarga de verificar, año con año, tanto la cobertura como la validez de los registros del padrón y Lista Nominal. Cada ciudadana o ciudadano puede verificar de manera individual su estatus en el registro electoral.
Por otro lado, para que la lista nominal sea aún más confiable, cada partido político nacional forma parte de una Comisión Nacional de Vigilancia que puede revisar, verificar o impugnar cualquier registro individual. Hacerlo así no es una mala idea. Después de todo, un buen vigilante de los posibles abusos de parte de algún partido político es otro partido político.
El artículo 151 de la LGIPE establece que el 15 de febrero de cada año electoral, los partidos políticos recibirán una copia electrónica de la Lista Nominal y tendrán un mes para hacer observaciones. Una vez que se procesan dichas observaciones, la lista nominal se declara como válida y definitiva. Gracias a ello, ningún partido puede alegar el día de la jornada electoral que la lista nominal fue rasurada o inflada. Como se puede apreciar, tener un padrón electoral vigilado tanto por el árbitro como los partidos políticos no es una mala idea.
El INE cuenta con otra pieza de información que no comparte con los partidos político la identidad de quienes votaron o no en las elecciones federales. En algunos países, esta información es pública. ¿Debería serlo en México? Eso sí, lo que nadie sabe, ni el INE ni los partidos, es por quiénes votamos.
Por otro lado, como los resultados electorales están disponibles a nivel casilla, sección y distrito, para los partidos políticos no es nada complicado adecuar sus estrategias de campaña y hacer cruces estadísticos con los datos de la Lista Nominal y los resultados electorales previos. Así las cosas, ¿es hora de dejar de compartir la lista nominal a los partidos o es hora de hacerla, en parte, información pública?
