Precios relativos

La apuesta por generar un boom de inversión con la Reforma Energética no se materializará en el corto plazo.

Los precios internacionales del petróleo continúan su caída y esta semana llegaron a su nivel mínimo en los últimos seis años. Esto quiere decir que hoy el petróleo es más barato que en los peores momentos de la recesión económica mundial de 2009. Por su parte, el tipo de cambio peso/dólar continúa al alza. Tan sólo hace un año, el dólar cotizaba alrededor de 13 pesos. Hoy el dólar está más caro que en los peores momentos de la crisis de 2008 y 2009.

Todos los precios son relativos. Veamos por qué. Si la oferta de un producto o divisa es mayor que la demanda, su precio tiende a bajar, y esto induce menores inversiones en esa industria.  Por otro lado, si la demanda de un producto es mayor (o crece más rápido) que la oferta, su precio tiende a subir, y esto incentiva mayores inversiones que permitan aumentar la producción.

Es por ello que la apuesta gubernamental por generar un boom de inversión extranjera con la Reforma Energética no se materializará en el corto plazo. Malas noticias para la economía nacional y, sobre todo, para las finanzas públicas. Si los legisladores cumplen su deber con responsabilidad, la discusión presupuestal que viene será sumamente álgida: los déficits que al gobierno le parecían tolerables en 2013 no lo serán en 2016.

Por otro lado, muchos analistas afirman que la devaluación del peso, eventualmente, traerá buenas noticias para la economía mexicana. ¿Cómo pueden decir eso cuando una devaluación en general es considerada como una mala noticia para los hogares de un país?

Si usted consume bienes importados —o, simplemente, planea vacacionar en el extranjero—, la devaluación del peso es una mala noticia. Si una empresa emplea insumos importados para fabricar un producto, la devaluación también es una mala noticia.

Pero como todos los precios son relativos, la misma devaluación que encarece las importaciones de cualquier producto hacia México abarata la exportación de productos mexicanos hacia el extranjero. De nuevo, la demanda de bienes y servicios responde también a los precios relativos.

El optimismo moderado de ciertos analistas está basado en parte en el llamado “efecto J” de una devaluación. Me explico. Tras una devaluación, la balanza comercial (es decir, la diferencia entre exportaciones e importaciones de un país) tiende a empeorar porque el valor de las importaciones aumenta y el de las exportaciones disminuye. Sin embargo, en el mediano plazo las cosas pueden mejorar: si el volumen de las exportaciones (baratas) tiende a aumentar y el de las importaciones (caras) tiende a disminuir, entonces la balanza comercial mejorará y, eventualmente, también mejorará el tipo de cambio. Gráficamente, un deterioro inicial de la situación económica para después mejorar produce una figura en forma de “J”.

A los políticos, por desgracia, les cuesta mucho trabajo explicar algo como el “efecto J” (quizá porque hacerlo implicaría admitir que las cosas, de hecho, están peor). Otra cosa que a menudo cuesta trabajo admitir a los políticos es que, en gran medida, el desempeño de la economía no depende de ellos, sino de una vasta serie de decisiones individuales (quizá tomadas a pesar del gobierno, y no gracias a él): cuando la economía va bien, se cuelgan la medalla. Y cuando va mal, es porque la crisis viene de fuera.

Pero hay que decirlo: si el panorama económico mejora en lo que resta del sexenio, no será tanto por la gran visión del gabinete económico, sino por el ingenio con que el sector exportador logre sacar provecho de la competitividad que la devaluación trae consigo. Ojalá que el “efecto J” se materialice.

Twitter: @javieraparicio

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