Chapulines ambiciosos

La mayoría de los delegados del Distrito Federal han anunciado que renunciarían a sus despachos para buscar otros cargos de elección popular. Por su parte, un número creciente de diputados y senadores ha solicitado licencia para buscar una candidatura. Como cada tres ...

La mayoría de los delegados del Distrito Federal han anunciado que renunciarían a sus despachos para buscar otros cargos de elección popular. Por su parte, un número creciente de diputados y senadores ha solicitado licencia para buscar una candidatura. Como cada tres años, estamos en temporada de chapulines, término con el que se denomina a los políticos con cargos de elección popular que renuncian antes de concluir el mandato para el cual fueron votados. Los únicos chapulines impedidos por la Constitución son los gobernadores y el jefe de Gobierno: según el artículo 55, ellos no pueden buscar ser diputados o senadores durante el periodo de su encargo.

¿Debemos preocuparnos por los chapulines? Sí y no. Veamos por qué. La ambición por el poder es natural en todo sistema político. Para bien o para mal, para lograr llegar al poder, primero, hay que querer buscar el poder: la competencia por el poder, electoral o no, democrática o no, premia la ambición política.

Si los hombres y mujeres mejor calificados para representarnos o gobernarnos no pueden o no quieren buscar el poder, entonces no hay de otra: nos gobernarán políticos quizá menos calificados, pero más ambiciosos. La competencia electoral democrática supone que los votantes serán capaces de identificar a los mejores candidatos de entre un grupo selecto de ambiciosos aspirantes y elegirán “al mejor de entre lo que hay”.

Así las cosas, reprobar moralmente a los políticos por buscar un nuevo cargo es un tanto absurdo: en todo caso habría que haberlos reprobado por buscar los cargos previos. Se puede reprobar, eso sí, a los políticos por no cumplir sus promesas o mandatos.

Pocos candidatos admitirán en sus campañas cuán ambiciosos son, que quizá no cumplirán sus promesas y que quizá renunciarán a sus cargos antes de concluirlos: por desgracia, decir la verdad en campaña es peor que decir lo que los votantes quieren oír. Aun así, la competencia democrática supone que los votantes serán capaces de identificar al menos mentiroso de entre un conjunto de candidatos mentirosos.

¿Pero de dónde viene tanta simulación? En la mayoría de las democracias los políticos en cargos de elección popular buscan o bien reelegirse en sus cargos o bien aspiran a nuevos cargos de mayor poder, sueldo o importancia. Y los votantes deciden qué políticos suben, se quedan o se van.

Al no permitir la reelección consecutiva en el mismo cargo, anomalía que concluirá a partir de 2018, el sistema electoral mexicano induce a los políticos más ambiciosos a renunciar a sus encargos para poder prolongar sus carreras políticas: quien no renuncie para buscar otro cargo se quedará sin chamba.

Otra anomalía —no resuelta en la última Reforma Política— de nuestro sistema electoral es la insistencia en que los políticos deben renunciar a sus cargos varios meses antes de buscar uno nuevo. Esto tiene sentido en algunos casos: por ejemplo, es natural que los miembros de un gabinete deban renunciar a sus despachos para hacer campañas electorales. Pero en otros casos es absurdo: en un escenario extremo, todos los alcaldes o delegados podrían renunciar para buscar cargos legislativos (locales o federales) y todos los legisladores podrían abdicar para buscar cargos ejecutivos. En otro escenario extremo, si en el futuro los 500 diputados buscaran la reelección consecutiva, toda la Cámara de Diputados estaría en manos de suplentes por varios meses. En ambos escenarios, pasaríamos meses gobernados por suplentes o encargados de despacho sin poder exigir cuentas a quienes originalmente fueron elegidos.

Otra preocupación es que, si los políticos no renuncian a sus cargos, los aprovecharán para sacar ventaja durante los periodos oficiales de campaña. Aquí la falacia es doble: por un lado, quien puede abusar de su cargo durante una campaña, también puede hacerlo desde antes. Por otro lado, las campañas electorales, como la ambición política, son permanentes. Por ello hay que vigilar y acotar los abusos del poder siempre, no sólo durante las campañas.

                Twitter: @javieraparicio

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