Identidad nacional

COMPARTIR 
Javier Aparicio 21/06/2014 01:01
Identidad nacional

Un buen resultado en el Mundial puede convocar a cientos o miles de personas al Ángel de la Independencia. En cambio, una convocatoria para defender el petróleo en el Zócalo difícilmente reunirá a más personas o generará mayor interés entre el público que el próximo juego de la selección.

Hay varios argumentos falaces en la más reciente discusión sobre Reforma Energética. El primero es que el presidente Peña Nieto y los legisladores del PRI aprovecharían la coyuntura del Mundial de Futbol —cuando la atención de ciudadanos y medios está alegremente distraída viendo a 22 hombres perseguir un balón— para aprobar la reforma secundaria en materia energética. A los líderes del PRD esta forma de proceder les parece abusiva y exigieron posponer la discusión y aprobación de estas leyes hasta que terminara el Mundial. En otro momento, exigieron que las discusiones de las comisiones del Senado no sólo se transmitieran en el Canal del Congreso (como comúnmente sucede), sino en cadena nacional.

Este argumento es falaz porque la aprobación de leyes depende, en última instancia, de una coalición legislativa que cuente con al menos la mitad más uno de los votos en el Congreso. El PAN y el PRI cuentan con tales votos de modo que, si se ponen de acuerdo, habrá Reforma Energética independientemente del Mundial. Si bien es cierto que un tema como el energético merece la mayor y más abierta discusión posible, también es cierto que la población en general tiene poco interés y conocimiento del proceso legislativo. El PRD tiene un legítimo interés en posponer esta reforma lo más que pueda, sí, como también es legítimo el interés del PRI por aprobarla cuanto antes. Para bien o para mal, la buena o mala calidad de esta reforma quedará en manos de los legisladores del PAN.

Un segundo argumento, relacionado con el anterior, es que todos los ciudadanos que presten más atención al Mundial de Futbol que a la defensa del petróleo son moralmente reprobables por desatender un tema que, claramente, es de mayor trascendencia nacional y puede afectar su bienestar personal.

¿De verdad son tan malos ciudadanos los muchos mexicanos que discuten más sobre futbol que sobre la Reforma Energética? ¿Los que ven el Mundial son peores ciudadanos que quienes sintonizan el Canal del Congreso sin dormirse? ¿Son malos ciudadanos quienes celebran un empate a cero en el Ángel, pero se rehúsan a defender el petróleo en el Zócalo?

Este tipo de cuestionamientos morales asume que los ciudadanos en general deben pensar igual que los opositores de una reforma y, además, deben darle la misma prioridad a los temas que más preocupan a tales opositores. Lo cierto es que la gran mayoría de los mexicanos no ve el Canal del Congreso y, sin embargo, en cada campaña electoral los políticos dicen confiar en el buen juicio de los votantes.

¿Dónde está el nacionalismo? Según diversas encuestas, los mexicanos son muy nacionalistas y se sienten muy orgullosos de ser mexicanos. Según algunos intelectuales, el futbol es parte de la identidad nacional y la Selección Mexicana es un símbolo tan importante como la Virgen de Guadalupe, los tamales, el mariachi y el petróleo.

Muchos políticos recurren a la retórica nacionalista cuando hablan del petróleo, pero eso no implica que éste en verdad sea un símbolo nacional. Durante años, se dijo que era imposible impulsar una Reforma Energética porque Pemex era una pieza sagrada de la identidad nacional. Pues bien, en diciembre del año pasado se reformó la Constitución para volver a permitir la inversión privada en el sector energético y no estalló la revolución. En las próximas semanas es probable que se apruebe la reforma secundaria en la materia y es poco probable que estalle una revolución. Todo lo anterior no implica, por cierto, que la Reforma Energética sea deseable o no:  la identidad y el orgullo nacional sí existen, pero son menos manipulables de lo que sugiere la retórica política.

                Twitter: @javieraparicio

Comparte esta entrada

Comentarios

Lo que pasa en la red