Francisco, el subversivo
A la memoria de mi abuelo MiguelMelgar, a quien le habría encantado escuchar a este Papa. En un país donde los gobernantes y los políticos pagan fortunas por cambiar la mala percepción que los ciudadanos tienen de ellos y ...
A la memoria de mi abuelo Miguel
Melgar, a quien le habría encantado
escuchar a este Papa.
En un país donde los gobernantes y los políticos pagan fortunas por cambiar la mala percepción que los ciudadanos tienen de ellos y de la vida real, la voz de Jorge Bergoglio es un estruendo contra la impunidad que conlleva todo silencio impuesto.
Porque cuando el primer Papa latinoamericano nos dice “ustedes están viviendo su pedacito de guerra”, lo hace bajo la convicción de que sólo en el entendimiento de nuestros padeceres es posible construir la salida.
Sí, las respuestas que Francisco ha dado a la agencia Notimex suenan a campanas de insurrección en un momento en el que la clase política se resiste no sólo a reconocer sus corruptelas, sino también, incluso, a frenarlas.
“Por supuesto que no quiero tapar nada de eso”, aclara el argentino en la antesala de su visita a México al advertir que viene a exhortarnos a una lucha de todos los días contra el crimen organizado y la corrupción.
De no ser porque se trata del representante del Estado Vaticano, el sucesor de Juan Pablo II y de Benedicto XVI, cualquier censor de la crítica —que cómo abundan— podría sospechar que las palabras del Papa son una provocación para un Estado mexicano en el que ninguno de sus componentes quiere admitir que la narcopolítica nos asfixia.
Y es que mientras el futuro visitante centra su mensaje en el clamor de paz que le enviaron los entrevistadores de a pie —reunidos por la agencia gubernamental—, aquí los discursos oficiales aseguran que ya la tenemos y los partidos de oposición se lavan las manos y piden al gobierno que les diga quiénes en sus filas no son de fiar.
Curiosa esquizofrenia la de nuestros representantes populares que, en campaña, nos ofrecen las perlas de la virgen, y ya en el ejercicio de sus cargos se vuelven expertos en repartir culpas y en deslindarse.
Es frente a ese comportamiento pluripartidista y del que tenemos evidencias diarias, que el mensaje coloquial del jerarca de la Iglesia católica se torna desafiante, disidente y alternativo.
Porque a diferencia de los liderazgos formados en la tradición del “yo todo lo puedo”, el religioso ya nos anunció que en su recorrido de la próxima semana a Michoacán, Chiapas, CDMX, Estado de México y Ciudad Juárez “no voy como rey mago”.
La aclaración trasciende a la persona del Papa y fija los límites de la propia Iglesia. Es la homilía de un dirigente que en vez de repartir promesas de milagro y ofrecernos el paraíso del más allá o la vida eterna, habla de “una fe en la calle”.
Ni siquiera cae en la pretensión del yo soy. Se conforma con pronunciar lo que desea de su visita: “Ser un instrumento de paz, pero con todos ustedes”.
Y en lo que bien podríamos subrayar como la mejor bofetada al ejercicio vertical del poder, Francisco precisa: “Solo no puedo. Sería una locura si yo dijera eso”.
Sí, en la concepción papal del rol de la Iglesia católica hay una implícita sacudida a un clero que se conforma con observar cómo se incendia la pradera, mientras se dedica a bautizos, bodas y eventos sociales.
“Voy a buscar en el pueblo mexicano, que me den algo (...) No voy a pasar la canastita, quédense tranquilos, voy a buscar la riqueza de fe que tienen ustedes”, aclaró en esta video entrevista sustentada con las interrogantes de 33 mexicanos de diez entidades de la República.
Así que no es únicamente la cruz del buen pastor —con la imagen del que carga con sus ovejas descarriadas— la que constrasta con el oro y las piedras de quienes esta semana fueron llamados por el Servicio de Administración Tributaria (SAT) a poner en orden sus ingresos fiscales.
No, también hay constraste en la palabra que se torna subversiva cuando el Papa llama a combatir todos los días por la paz. ¿Rezando? ¡No!
Y es ahí donde la convocatoria de Bergoglio va de los templos a las oficinas gubernamentales, a la Cámara de Diputados, al Senado, porque es una convocatoria netamente política: “La paz se hace en el diálogo, no en la ruptura. Y esa es la palabra clave, diálogo entre los dirigentes, y diálogo con el pueblo y diálogo entre todo el pueblo”.
¿O acaso esa invitación de “estar abierto a hablar con el otro, a escuchar sus razones, a dejarse corregir” no es una idea que subvierte el statu quo de nuestra representación partidista?
Me refiero a todas las siglas que hacen alianzas para aplastar al adversario en las urnas, pero nunca para construir opciones frente a la deteriorada seguridad social ni a la falta de seguridad a secas.
De cara a esas coaliciones gobernantes PRI-PVEM, ocupadas en ganar elecciones y votaciones parlamentarias, y aquellas opositoras del PAN-PRD con el fin de sentarse donde siempre han gobernado los mismos, los señalamientos del Papa terminan por caricaturizarnos a todos.
Sí, a todos. Porque cuando Francisco vincula la tarea pendiente de la paz a “no tenerle miedo a escuchar al otro”, la oferta de Andrés Manuel López Obrador de purificar priistas suena a chiste.
Y cuando el Papa define que construir la paz es sembrar entendimiento, hasta los medios de comunicación salimos raspados por sumarnos a la frivolidad, el espionaje, la exclusión y el escándalo.
Apenas viene en camino y ya nos están zumbando los oidos.
