EPN, AMLO y PAN, a prueba

Las declaraciones de que habrá cambio constitucional para el futuro de Pemex han involucrado al presidente Peña, comprometiendo su palabra y la del dirigente del PRI

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Ivonne Melgar 07/12/2013 01:10
EPN, AMLO y PAN, a prueba

Diciembre me gustó para calarte. Y eso es lo que ahora ocurrirá cuando el gobierno y las dirigencias partidistas protagonicen el climax del proceso de reformas emprendidas en el último año.

Porque independientemente de la dimensión de las protestas lideradas desde el hospital por Andrés Manuel López Obrador, la resistencia de la izquierda frente a la apertura de Pemex a la inversión privada someterá a prueba al presidente Enrique Peña.

A diferencia de lo que pasa con la oposición magisterial hacia la reforma educativa encarnada por la CNTE —a la que se le ha pretendido dar la vuelta con negociaciones inciertas y a puerta cerrada—, las movilizaciones en contra de una eventual apertura de Pemex al capital privado obligarán al gobierno a enfrentar el cerco del “no pasarán”.

Se trata de un rechazo sustentado en razones políticas e ideológicas que, peligrosamente para los fines reformadores de la administración federal, podría volver a sumar a las diversas fuerzas de izquierda que, gracias al Pacto por México, actuaron divididas en el arranque del sexenio.

De manera que frente al “no pasarán” del PRD y del Morena de AMLO, tendremos la oportunidad de conocer si el gobierno está dispuesto a pagar el costo de afrontar un conflicto en el que no hay posibilidades de arreglo a través de fondos de capitalidad ni de mesas de negociación en Bucareli.

Por lo pronto, la advertencia gubernamental con visos de promesa está pronunciada. Iremos a la reforma energética con o sin el PRD. 

Esas declaraciones de que habrá cambio constitucional para el futuro de Pemex han involucrado al presidente Peña, comprometiendo su palabra y la del dirigente del PRI, César Camacho, y de sus coordinadores en el Senado, Emilio Gamboa, y en San Lázaro, Manlio Fabio Beltrones.

Las horas que vienen permitirán calar tanto a los hombres del gobierno como a sus opositores.

Sabremos si el flamante vocero de Los Pinos, Eduardo Sánchez Hernández, por ejemplo, saldrá a dar la batalla de los mensajes en una guerra en las que los opositores hablan ya “de traición a la patria”. O quizá seguirá guardando silencio para que sea el mandatario quien se desgaste en la pelea.

Frente a la resistencia de las izquierdas, conoceremos en los próximos días de la eficacia del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong; del jefe de la Oficina de la Presidencia, Aurelio Nuño, y del titular de Hacienda, Luis Videgaray, a quien —se sabe— los panistas comandados por su antecesor, el senador Ernesto Cordero, consideran el gran interlocutor del cabildeo energético.

Más allá de las oficinas, sabremos de qué está hecho un David Penchyna, presidente de la Comisión de Energía, y a quien se le observa muy compenetrado en el conocimiento del negocio petrolero a nivel mundial. Porque México no va a inventar el hilo negro de las inversiones privadas en las paraestatales del sector.

De ahí que las negociaciones que ahora se afinan deban atenerse a los modelos vigentes. Y a la presión de un PAN que cruzará la coyuntura energética con sus pleitos internos por la dirigencia.

Y de eso también nos enteraremos, de la correlación de fuerzas al interior del PAN. Porque cuando el pleno de la Cámara alta sume los votos blanquiazules el senador Cordero estará buscando ampliar su fuerza en la disputa por la presidencia de su partido.

Simultáneamente, veremos a Gustavo Madero, al frente del PAN y deseoso de buscar la reelección en el cargo, cuidando los hilos de la negociación cuando ésta llegue a manos de los diputados, donde su hegemonía es probada.

Por eso al jaloneo de los alcances que tendrá la reforma, a los senadores panistas Jorge Lavalle y Salvador Vega Casillas, se anexaron los diputados Juan Bueno Torio y Ruben Camarillo.

Pero la capacidad de los negociadores oficiales, priistas y panistas no sólo se medirá por la creatividad parlamentaria para intereses, sino en la forma en que sortearán a los legisladores perredistas, listos para regresar a la toma de tribunas.

A su vez, los dirigentes del PRD, Jesús Zambrano y Jesús Ortega, se verán sometidos a una de las pruebas más complejas: mantenerse en la oposición a la reforma sin ser arrastrados por AMLO.

De ahí que al perredismo pactista le importe tanto someter los eventuales cambios a Pemex a una consulta popular en 2015, una de las banderas de Cuauhtémoc Cárdenas, responsable de la estrategia perredista frente al gobierno.

Y es que si bien el infarto del lider de Morena impactó en las protestas contra la reforma, aun raquíticas, sería ingenuo desestimar la audacia política de López Obrador, dispuesto a calar a Peña y a sus aliados del PRD.

Por eso el Presidente que hace un año sorprendió con su voluntad de construir acuerdos, hoy se encuentra retado a  revelar su personal estilo de sortear los conflictos.

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