Amnistía, mota y metas
El tema de la seguridad tiene varios ángulos que durante la campaña no podían abordarse in extenso, pero no podrá abatirse la criminalidad si no se procede con medidas radicales y generales que comprenden la amnistía y la legalización de ciertas drogas, comenzando por la mariguana. El reto para el próximo gobierno es mayúsculo, pues de adoptarse tales medidas habrá sectores que se sentirán menospreciados, especialmente quienes han sufrido la pérdida de uno o más de los miembros de su familia
Los deudos de esas víctimas ya han manifestado por diversas vías su oposición a una amnistía y Andrés Manuel López Obrador ha tenido que limitar su propuesta a quienes no hayan cometido asesinatos.
En lo que se refiere a la legalización de las drogas, las buenas conciencias, como era de esperarse, han puesto el grito en el cielo –¿dónde más?– y con argumentos morales pretenden impedir lo que interpretan como una invitación para que todo mundo se drogue, lo que es ciertamente estúpido, pero está presente en muchas cabecitas.
Desde Maquiavelo sabemos que la moral y la política no suelen llevarse bien. El estadista tiene que velar por el bienestar colectivo, y si para eso es necesario pasar sobre ciertas normas de comportamiento, debe hacerlo en aras de la paz social. De ahí que el Estado deba adoptar medidas que beneficien a todos aún si lesionan creencias, conveniencias y hasta sapiencias.
La ilegalidad de ciertas drogas es la causa de la incontrolable violencia que azota a México. El consumo de alcohol es el principal motivo de los accidentes de tránsito y está entre las primeras causas de muerte violenta. Sin embargo, en buena hora, a nadie se le ha ocurrido en estos días prohibir la producción, comercio y consumo de bebidas espirituosas.
Por otra parte, hay drogas que se venden libremente en las farmacias y otras que pueden conseguirse con una simple receta médica, la que no es difícil de conseguir. Se puede alegar que se trata de medicamentos, de sustancias que curan enfermedades o salvan vidas, pero igualmente se puede contestar que los barbitúricos, que están en ese caso, suelen causar adicción y llevar a un consumo en constante aumento.
Ya puestos en el riesgo que representan las drogas legales e ilegales, la ciencia ha demostrado que la cannabis puede ser una droga inofensiva si se consume con moderación. Más aún: quien busque en las estadísticas no hallará a la cannabis entre las causas de muerte violenta y puede ser el caso de la cocaína.
Además, hoy la mariguana y sus derivados tienen una amplia gama de usos terapéuticos. Su empleo, bajo vigilancia médica, permite dar una vida digna a niños y adultos víctimas de enfermedades incurables o en fase terminal, lo que nos hace recordar aquello que decía Bartolache del cáñamo narcótico al que los indios llamaban pipilzinzintlis: “No son prohibidos por malos, sino malos por prohibidos”.
De modo que si el Estado se hace del monopolio de las drogas ahora prohibidas, podría controlarse con una aceptable eficacia su consumo.
Holanda, Canadá y Uruguay ya dieron ese paso e igualmente lo hicieron más de la mitad de los estados de la Unión Americana. Pero aquí mantenemos la prohibición para beneficio de policías deshonestos, políticos sinvergüenzas, agentes del Ministerio Público, jueces y otros funcionarios públicos que lucran con las drogas gracias a que están prohibidas.
La mera legalización de esas sustancias sería un golpe de muerte para las mafias, que se dedicarían a otras actividades delictivas, a menos que se les ofreciera una salida aceptable. Ésta no puede ser otra que una amnistía general previamente negociada con los capos para que inviertan sus inmensos capitales, paguen impuestos y lleven una vida decente con sus familias, lo que habrá de comprender a quienes ahora trabajan para ellos. Si la amnistía sólo beneficia a unos, otros los suplirán en sus actividades.
Por eso, las consultas públicas a las que convocará López Obrador serán ociosas, pues las grandes decisiones de Estado no se adoptan por mayoría, sino que el consenso se produce una vez que se adoptaron las medidas que proceden, porque el Estado no es, no debe ser, crisol de corrientes morales ni de convicciones religiosas o cosa parecida. La misión de los gobernantes es preservar un adecuado funcionamiento de las instituciones para beneficio de todos los ciudadanos. Posponer la decisión sobre drogas y amnistía es contribuir al aumento de la mortandad. Es criminal.
Periodista y autor de Milenios de México
