Leñero cuenta después lo que le dijo Manuel Puig de la catalana: “La sobrevaloras. Ella vive dedicada en cuerpo y alma al Gabo y a Vargas Llosa... Yo en tu lugar la mandaba al carajo”.

Murió Hugo Gutiérrez Vega Se nos fue el gran Hugo Gutiérrez Vega, solvente actor de voz cálida, diplomático que entendió y practicó la dignidad que exige el servicio exterior, respetado profesor y funcionario de la UNAM, académico de la lengua, ameno y disfrutable ...

Murió Hugo Gutiérrez Vega

Se nos fue el gran Hugo Gutiérrez Vega, solvente actor de voz cálida, diplomático que entendió y practicó la dignidad que exige el servicio exterior, respetado profesor y funcionario de la UNAM, académico de la lengua, ameno y disfrutable prosista y muy reconocido poeta al que Rafael Alberti le prologó Buscado amor, su primer libro. Colaborador de numerosas publicaciones, fue en diferentes momentos director de la Revista de la Universidad y de La Jornada Semanal.

Elegante orador, en 1952 brilló en la campaña de Efraín González Luna, candidato del PAN a la Presidencia de la República. A mediados de los años 60 participó en el frustrado intento de formar un Partido Demócrata Cristiano, con personajes como Miguel Ángel Granados Chapa, Manuel Rodríguez Lapuente, Francisco José Paoli Bolio, Alfonso Ituarte Servín, Horacio Guajardo y el poeta Alejandro Avilés.

Fue el más brillante rector que haya tenido la Universidad Autónoma de Querétaro y dejó el cargo por las presiones de la derecha local, la que tenía por cacique al padre de los Fernández de Cevallos, quien fue hasta la oficina de Hugo y lo golpeó en la cara con un fuete. En 1973, al producirse el cuartelazo contra el presidente Salvador Allende, Hugo, el ciudadano, encabezó el Comité de Solidaridad con Chile y ahí destacó con su oratoria y su amable habilidad para conciliar a los diferentes. Muchos lo extrañaremos.

Falleció César Tort Oropeza

Poblano nacido en 1925, César Tort dedicó su vida a la música como trasmisor de conocimientos, difusor de valores y compositor. Ahora, en su desaparición física, cabe recordarlo como un hombre respetado en el ámbito cultural, un incansable promotor de la educación artística y un creador del que alguna casa disquera debe sacar uno o más discos que recojan su obra.

Hoy, que la educación estética está tan abandonada, cabe recordar que sobre la música y su aprendizaje decía que es “una disciplina que fomenta la sensibilidad y el trabajo en equipo, además de desarrollar procesos mentales que permiten o facilitan la comprensión de información o conocimientos más complejos o abstractos, así como… un sentido crítico”.

Ojalá se enteren las autoridades de la Secretaría de Educación Pública.

La Balcells, según Leñero

En su libro Más gente así, Vicente Leñero refirió sus desencuentros con la agente literaria recién fallecida Carmen Balcells y describe a la mujer que conoció en 1965 como “entradita en carnes, pelicorta, sonriente porque se sentía importante y enfiestada… Tenía 35 años, pero representaba un poco más, por su aire de ama de casa aletargada”.

El encuentro fue en la oficina de Joaquín Díez Canedo, Leñero había ganado en 1963, con Los albañiles, el Premio Biblioteca Breve y la mujer de negocios, algo presuntuosa, lanzó el anzuelo: “Ya tengo a Vargas Llosa y a Cabrera Infante. Ahora te quiero a ti. Parecía una declaración de amor. Era más bien un boleto a la gloria…”.

Con Cien años de soledad, de Gabiel García Márquez, se inauguró el éxito empresarial de la catalana, “que, con ese tesoro en las manos, se convirtió en la más poderosa agente literaria en castellano; amiga entrañable de quien llegara a ganar el Premio Nobel de Literatura y a quien calificó, al conocerlo en 1965, como un hombre antipático y pretencioso”.

Pero ya se sabe que el éxito y el dinero embellecen y envanecen a cualquiera: “Cuando tienes un autor como Gabriel García Márquez —dijo años después la Balcells a Xaví Ayén— puedes montar un partido político, instituir una religión, organizar una revolución. Yo opté por esto último.”

Decepción y pequeña venganza

Tiempo después de aquella temprana invitación, Leñero y Estela, la esposa del escritor, vieron a la agente literaria en su oficina de Barcelona:: “Dos minutos le bastaron a la Balcells para entregarme una tarjeta donde se enlistaban las editoriales extranjeras que habían leído, considerado y, finalmente, rechazado Los albañiles y Estudio Q.

El recuento era impresionante: Gallimard y Editions du Seuil, de Francia; Gyndendal, de Dinamarca; Kiepenheuer & Witsh, de Alemania; Einaudi y Mondadori, de Italia; Grove Press y Braziller, de Estados Unidos; Czytelnik, de Polonia; Bonniers, de Suecia; Weindenfeld & Nicolson, de Inglaterra; Arcadia, de Portugal… etcétera, hasta sumar 25. De seguro no advirtió cómo empalidecía mi rostro cuando dijo: —Como puedes ver, hemos hecho todo lo posible —miró a Estela: —Tal vez Vicente necesita escribir diferente. —Él escribe como él escribe —me defendió Estela…”.

Leñero cuenta después lo que le dijo Manuel Puig de la catalana: “La sobrevaloras. Ella vive dedicada en cuerpo y alma al Gabo y a Vargas Llosa, porque le dieron la oportunidad de ser una empresaria famosa. La Balcells depende de ellos, no ellos de la Balcells. Por eso descuida a sus demás escritores. No le interesan, no le importan, no sabe colocarlos. Yo en tu lugar la mandaba al carajo”.

Y Leñero, con unos tragos entre pecho y espalda, lo hizo en 1980: “estoy rompiendo contigo —repelé—. Porque nunca te importaron mis libros de verdad y me hiciste creer que te interesaban. Porque me tomaste el pelo. Porque tú sólo trabajas para tus consentidos”.

Sí, en efecto. Así era esa mujer.

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