Balances y percances, lecciones y elecciones
La principal lección de los recientes comicios es que ya nadie está seguro. Se ejerció en muchos casos el voto de castigo, en otros se castigó sin buenas razones y en algunos más se allanó un relativo éxito de la canallada, de la prostitución del voto, de la violación sistemática de la ley.
Si de mencionar ganadores se trata, hay que anotar en la lista a El Bronco, quien ahora será gobernador sin partido —pero ineludiblemente con alianzas— de un estado tan complejo como Nuevo León. Otro ganador es Andrés Manuel López Obrador, que en su primera salida le quitó al PRD la mitad o más de sus votos, diputaciones locales y federales y delegaciones políticas. La nueva correlación de fuerzas en la capital del país obligará a Miguel Ángel Mancera a negociar con todos y muy probablemente tenga que despedir a su secretario de Gobierno, el inefable personaje que desde su oficina en el gobierno capitalino dirigió la campaña contra Morena.
Por supuesto, en la lista de triunfadores figura en lugar prominente César Camacho, principal dirigente del PRI, quien contra todos los augurios mantuvo a su partido como el de más alta votación y le aseguró el control de la Cámara de Diputados, pues contará con aliados como el Panal y sobre todo con la cáfila de sinvergüenzas del Partido Verde. Otro ganador con camiseta tricolor es Manlio Fabio Beltrones, que contra las tendencias marcadas por las encuestas y muchos pronósticos hizo ganar a Claudia Pávlovich en Sonora, hecho que, dice, le dio el boleto para suceder a César Camacho al frente del PRI, lo que sólo se concretará si vence la resistencia del equipo toluco.
Guadalajara, Monterrey, Acapulco, León, Morelia o Cuernavaca, por mencionar sólo algunos municipios importantes, decidieron que sus nuevos alcaldes será de un partido distinto del que actualmente gobierna. Algo mal hicieron los ediles salientes, se sospechó tal vez de corruptelas o sencillamente la gestión resultó ineficiente a los ojos de la ciudadanía que el domingo decidió cambiar de bandera.
En ciertas gubernaturas pasó algo semejante, pero en otras se impuso nuevamente la prostitución del voto, la compra de sufragios mediante las más variadas mercaderías o sencillamente con dinero. Por supuesto, la escuela priista mostró su experiencia en este terreno, pero la verdulería superó al maestro, pues prácticamente, salvo el homicidio, no hubo recurso ilícito del que no echara mano el partido del truhán… ¡Perdón, del Tucán!
La pandilla que se ampara tras las siglas PVEM merece un severo castigo. Prometió el oro y el moro, engañó, mintió, hizo derroche de recursos de oscura procedencia, realizó campaña antes y después de los plazos legales, compró votos e incluso involucró en los sucios mensajes del mismísimo domingo de elecciones a figuras de los espectáculos a los que, hay esa versión, ofreció 200 mil pesos por mandar mensajes en redes sociales pidiendo el voto para el Verde, falta en la que incurrieron personajes de la televisión y del futbol.
Pero si algo caracterizó esta campaña fue la impunidad de los verdes. Sus defensores, en lugar de invocar lo que dice la ley, prefirieron proteger a esa banda diciendo que debería ser el voto el que castigara sus excesos y sus continuas y sistemáticas violaciones de la normatividad, que para algo debería servir. El INE, como ocurre en estos casos, dizque realiza una investigación de los trastupijes del PVEM y el resultado, si es que llega, será cuando los diputados verdes, gracias a su ilegal campaña, estén en su curul y gocen de fuero.
El gran perdedor es el PRD, que se queda apenas con la mitad o menos del porcentaje de los votos que tenía hace tres años, que pasó de la fuerza predominante en la capital –por mucho—a un partido que tendrá casi igual número de delegaciones que Morena y que debe estar muy molesto porque el PRI tendrá tres de estas demarcaciones y dos el PAN.
Y eso que al momento de escribir estas líneas no se ha decidido qué pasará con algunas delegaciones del Distrito Federal que Morena reclama como ganadas por sus candidatos, entre otras Iztapalapa y Gustavo A. Madero, las más pobladas. Otro hecho relevante es que el triunfo de Ricardo Monreal en Cuauhtémoc lo convierte en precandidato a la jefatura de Gobierno en 2018.
Con todo, lo más importante es que los amagos de violencia fueron vencidos por la decisión de votar. En esta ocasión, ese es el mayor triunfo de los ciudadanos.
