Paliativos para una educación en crisis
Mal, muy mal debe estar la educación pública, si más de 60 por ciento de los egresados de las normales carecen del “perfil idóneo para ser maestros”, si en el sistema hay alrededor de 300 mil personas que cobran sin dar clases y si en más de 30 años las reformas aplicadas no han podido mejorar la enseñanza ni el aprendizaje.

Humberto Musacchio
La República de las letras
Por supuesto, Mexicanos PRImero y otros engendritos de la derecha más oscurantista prefieren culpar del desastre a los profesores. Es más fácil y así se lavan conciencias. Pero la realidad es otra. Los maestros, al igual que los alumnos, son víctimas de un sistema que prepara mal a los futuros docentes y, como bien se sabe, lo que se aprende en el aula por las mañanas lo borra la televisión por las tardes. Si a lo anterior agregamos que hay miles de escuelas sin agua potable, sin excusados, sin paredes y sin techos, sin pizarrones, ni los más elementales medios de auxilio para la enseñanza, el panorama es ilustrativo.
Como telón de fondo está la pobreza en la que vive la mayoría de los mexicanos y la miseria que padece la quinta parte de las familias. Todo está dispuesto para el fracaso escolar, empezando por esos chamacos que se presentan en la escuela sin probar bocado, después de recorrer grandes distancias, sin la posibilidad de contar con auxiliares didácticos ni una adecuada tutoría académica o familiar.
Las deficiencias se pueden atacar con dinero y, por lo menos, en el caso de la educación no son escasos los recursos que se le destinan, pero se invierten mal y el gobierno fomenta la corrupción de los mentores mediante el charrismo sindical. Se dice que en las nóminas de la SEP hay casi millón y medio de profesores, pero lo cierto es que si 300 mil cobran sin trabajar, la cifra real de maestros es de un millón 200 mil. Se estima que esos 300 mil aviadores cobran entre 35 mil y 55 mil millones, lo que muestra que para afrontar los problemas, si se quiere, hay dinero suficiente.
Según la señora Sylvia Schmelkes, consejera presidente del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), hay un desfase entre la formación que reciben los futuros docentes y el perfil que se requiere para actuar frente al grupo. Dicho de otra manera, las normales públicas y privadas no cumplen con su función de preparar a quienes van a ser profesores. Y si eso lo dice el INEE, resulta inexplicable que el secretario de Educación Pública federal diga que de ser necesario la SEP sustituirá a 15 mil mentores cada año.
Debemos suponer que la señora Schmelkes maneja datos duros, irrefutables. Por eso es pertinente preguntar cómo serían sustituidos esos 15 mil profesores a los que despedirán cada año, de dónde sacarán a los sustitutos, qué escuelas normales podrán formarlos si la crisis de la educación, según los datos oficiales, empieza por una mala preparación de los estudiantes normalistas, y no por culpa de ellos, sino de instituciones anticuadas, guiadas por criterios burocráticos, carentes de la necesaria infraestructura, con limitaciones presupuestales y sin el necesario espíritu de servicio, que debe ser inherente a quienes trabajan en un área donde resulta indispensable la mística social.
Para la señora Schmelkes, los mentores de Chiapas, Guerrero y Oaxaca, se negaron a ser evaluados y, por lo tanto, deben ser sancionados. Cabe citar el caso, porque se ha hecho de la disidencia magisterial el enemigo a vencer por las autoridades. Sin embargo, las cifras que arrojan el citado informe y otros documentos demuestran que las deficiencias abarcan a todo el profesorado, víctima de reformas para las que nunca se le pide consejo ni asentimiento, pero se quiere que aplique cuanta ocurrencia llegue de las alturas.
Sobre la corrupción que denuncia Mexicanos PRImero, con teatral desgarramiento de vestiduras, cabe decir que se convirtió en política de Estado desde que fue derrotado el movimiento magisterial que dirigió Othón Salazar. Para los rebeldes hubo cárcel y despidos; para los resignados, a falta de mejoras salariales, se ofrecieron los dobles y triples turnos, causa de un abatimiento catastrófico de la enseñanza, pues no hay persona que pueda cumplir con sus obligaciones si carece de tiempo para los traslados, la alimentación, la preparación de las clases, la evaluación de los alumnos y la adquisición de una indispensable cultura general. Y todavía tienen el descaro de culpar a los docentes.