¿Elecciones o juego de los encantados?
En radio y televisión nos espetan, en el mismo lapso, decenas de spots intrascendentes, huecos, ridículos y vacíos.
Hay razones para preocuparse: el PAN, en uso legítimo de sus derechos, difunde un anuncio en el que critica el viaje de Enrique Peña Nieto a Londres con una onerosa comitiva de 200 personas; la Presidencia de la República le pide el Instituto Nacional Electoral que retire el spot y la autoridad comicial, en un acto de servilismo, acata la demanda (¿o era orden?) y dispone que Acción Nacional retire el anuncio.
Según la Consejería de la Presidencia, “las frases, imágenes y propuestas de los spots denunciados no pueden ubicarse en el libre ejercicio de la libertad de expresión, en virtud de que no se trata de críticas duras al ejercicio del cargo del Presidente”, sino que, “por el contrario, su finalidad es (…) descalificar y desacreditar intencionalmente la figura del Presidente sin ofrecer prueba alguna”.
Como puede verse, el documento de Los Pinos es un monumento a la mala sintaxis y al absurdo. Para la Consejería del Ejecutivo, el PAN debe proceder como fiscal para delitos electorales y “probar” sus señalamientos. Como lo que dicen los azules no son “críticas duras” (¿?) al ejercicio del poder presidencial, entonces no se trata de un ejercicio libre de la “libertad de expresión”.
Lo anterior es inadmisible, sobre todo cuando desde el poder se juzga a un partido que, apegado a la Constitución, se permite criticar al Presidente de la República. Nada más faltaba que volviéramos a los tiempos en que los gobiernos priistas decidían qué podía publicarse y qué no, tiempos en que todos los periodistas debíamos saber que había tres figuras intocables: el Ejército, el Presidente de la República y la Virgencita de Guadalupe.
La petición del Ejecutivo era inadmisible para un órgano constitucional que dispone de amplia autonomía y que no fue creado para servir de monaguillo al Presidente de la República. Lamentablemente esta resolución ha sido dictada por el miedo o, peor aun, por la conveniencia, pues no se olvide que el Consejo del INE está dominado por el PRI y sus paleros, lo que mucho desprestigio le acarrea al instituto y a todo el proceso electoral.
Los ciudadanos tenemos que sufrir los anuncios en cascada de los partidos políticos. En radio y televisión nos espetan, en el mismo lapso, decenas de spots intrascendentes, huecos, ridículos y vacíos. Esa estrategia es para espantar a los votantes de las urnas, pues entre menos gente se apersone a sufragar, más posibilidades tiene el PRI de imponer su voto duro.
Es ridículo que las autoridades electorales prohíban la escasa propaganda que sí refleja el sentimiento ciudadano. Las autoridades de todo orden no son impolutas ni los partidos cofradías donde cada militante ha hecho votos de castidad. Pero los órganos electorales parecen estar ebrios de ese licor llamado moralina, según el cual el PRD debe ser un tierno amigo de Joaquín López-Dóriga y no debe decirse que a César Camacho —muy su derecho— le gustan los relojes caros, que los santurrones panistas se encerraron con prostitutas en animada orgía o que el gobernador de Sonora violó la Ley de Aguas.
Y mientras los órganos electorales andan protegiendo al hombre más protegido de México, y los consejeros y magistrados electorales se santiguan ante cada palabra crítica o video punzante, el PVEM, S.A de C.V comete toda clase de fechorías electorales y nadie osa quitarle el registro. Es algo así como el juego de los encantados en el que nadie se mueve para que el tucán deposite sus detritus sobre las leyes y las instituciones. Y así quieren que nos entusiasmen sus elecciones…
*Periodista y autor de Milenios de México
