Entre opciones malas, eligen la peor

A nadie sele escapa que el litigio entre MVS y la ejemplar periodista Carmen Aristegui es resultado de presiones gubernamentales...

Víctor Rico Galán, uno de los grandes periodistas que rodearon a José Pagés Llergo, solía decir que las broncas no hay que comprarlas, porque ésas se dan gratis. Y en efecto, aun la gente más cuidadosa se ve, en un momento u otro, atrapada en problemas que no buscó ni produjo.

Viene al caso recordar lo anterior porque el gobierno federal está inmerso en una severa crisis económica que no provocó, es víctima de una drástica caída de los precios del petróleo ajena a sus decisiones y debe afrontar diversos problemas que tienen su origen en el agotamiento de las instituciones, proceso iniciado hace varias décadas.

Cuando se actúa en tales condiciones, lo mejor es andarse con cautela, no abrir más frentes de batalla, “no comprar más broncas”. Lamentablemente, el equipo que rodea al presidente Enrique Peña Nieto no parece tener conciencia del momento ni de la magnitud de los problemas que afronta, actitud que la revista The Economist resumió con aquello de que “no entiende que no entiende”.

Pero entendidos o no, los problemas están sobre el tapete, y no son pocos. México vive una crisis estructural y sus instituciones ya no son capaces de responder con oportunidad. Para donde volteamos hay un desastre o algo muy parecido, trátese de la seguridad, la economía, la educación, la salud, el campo o lo que se quiera.

La ideología es el cemento de las sociedades, pero el PRI y sus gobiernos abandonaron la vieja ideología de la Revolución Mexicana y no han podido sustituirla, no han sabido proponer un conjunto de ideas y valores que resulten aceptables para la sociedad o compatibles con las creencias, hábitos y referencias de la mayoría de los mexicanos.

En tales condiciones, el viejo presidencialismo omnipresente y omnipotente ya no existe más. Perdió su poder equilibrador, su capacidad para premiar y castigar, ya no tiene muchas de sus facultades paralegales y para colmo hoy no dispone de recursos para imponerse con eficacia. La privatización del petróleo tuvo un alto costo político sin que hasta ahora se observen los prometidos beneficios, la imposición de un ministro de la Corte se manejó con total desaseo y, pese a las habilidades de Manlio Fabio Beltrones, la ley del agua se ahogó entre protestas y advertencias más que oportunas.

En fin, que estamos en una situación en que lo viejo ya no funciona y todavía no hay algo nuevo que lo sustituya con eficacia. Y cuando se está en situación tal, lo mejor es manejarse con todo cuidado, pero no sucede así. A nadie se le escapa que el litigio entre MVS y la ejemplar periodista Carmen Aristegui es resultado de presiones gubernamentales, pues no puede olvidarse que ya MVS sufrió el despojo de la banda de 2.5 gigahertz y no es difícil imaginar que la empresa, para evitarse más enfrentamientos con el Ejecutivo,  ha optado por deshacerse de Carmen y su equipo informativo. Lo malo para MVS es que, en las actuales condiciones, entregar la cabeza de la periodista no le garantiza el respeto de los representantes del Estado, pero sí una contundente pérdida de audiencia. Entre dos opciones malas, eligió la peor.

 Para el Estado, el negocio es todavía más lamentable, tanto por las repercusiones internacionales que acrecientan su desprestigio como por la indignación interna que se suma a muchos otros problemas que irritan al mexicano de a pie. El gobierno federal ya salió a decir que es un asunto entre particulares, pero nada dice del contexto. Por interpósita persona, el actual gobierno le está cobrando a Carmen las cuentas de la Casa Blanca. Ése es el punto.

                *Periodista y autor de Milenios de México

                hum_mus@hotmail.com

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