Los bienes de Graco; los males de Morelos
De acuerdo con su declaración patrimonial, Graco Ramírez Garrido Abreu, gobernador de Morelos, posee dos departamentos en la colonia Polanco del Distrito Federal, uno en Acapulco y una casa en Cuernavaca, así como joyas, bienes suntuarios y obras de arte. Los ...
De acuerdo con su declaración patrimonial, Graco Ramírez Garrido Abreu, gobernador de Morelos, posee dos departamentos en la colonia Polanco del Distrito Federal, uno en Acapulco y una casa en Cuernavaca, así como joyas, bienes suntuarios y obras de arte.
Los departamentos polanqueros del señor gobernador tienen un valor declarado de cinco millones 261 mil pesos el más grande y de dos millones 140 mil pesos el otro; la casa de Cuernavaca vale ocho millones de pesos y una suma similar el departamento de Acapulco, que está a nombre de su esposa, Elena Cepeda de León, su única dependiente económica. En arte, joyas y otros bienes tiene dos millones de pesos (nota de Rubicela Morelos Cruz, La Jornada, 27/I/2015).
De acuerdo con la página de internet del gobierno morelense estatal, el gobernador tiene un ingreso anual de 1.2 millones de pesos, suponemos que de sueldo, lo que no incluye las prestaciones a que tiene derecho como gobernador y que no deben ser despreciables, pues le evitan pagar renta, alimentos, ropa, trabajadores domésticos, vehículos, boletos de avión, personal de oficina, vigilancia y todo aquello que un ciudadano de a pie debe sufragar de su bolsillo, lo que debe sumar, por lo menos, otro tanto del ingreso que manifiesta el señor gobernador.
Pero, en fin, esos son los bienes de Graco Ramírez Garrido Abreu, gobernador de Morelos. Ahora veamos cuáles son los males del estado que dice gobernar y donde la delincuencia —frecuentemente con placa policiaca— cobra derecho de piso, roba, asalta y mata. No sobra decir que Cuernavaca es para el narcotráfico la puerta de entrada al Distrito Federal, lo que hace de la ciudad una plaza de primera importancia para operaciones ilegales.
La violencia endémica ha causado el cierre o traspaso de innumerables negocios (han asaltado dos veces la librería Gandhi), con el consecuente desempleo, y es causa de que muchos capitalinos que pasaban en la capital morelense sus fines de semana ya no vayan a disfrutar de sus casas y sus albercas. En Cuernavaca y otros puntos de Morelos abundan las propiedades puestas a la venta y escasean los compradores, pues son frecuentes los asaltos a casa-habitación.
En la Secretaría de Cultura (antes Instituto), los trabajadores están sometidos a una hostilidad permanente, pues se procura obligarlos a renunciar o a solicitar cambio de adscripción, se abandonan proyectos o se sustituyen de cualquier manera programas como Morelos Lee, que había tenido un éxito notable, se suprimen ante las ocurrencias del día y sin dar explicación se ha dejado de tener representación en las ferias del libro de Guadalajara y Minería en perjuicio de 40 sellos editoriales del estado. Por supuesto, pese a las bajas, la nómina crece con favoritos, ayudantes y aviadores. Ésa es la política cultural de Graco Ramírez.
No menos desastrosa es la decisión, avalada por el bien retribuido servilismo del Congreso local, de suprimir el Centro de Investigación y Docencia en Humanidades del Estado de Morelos (CIDHEM), organismo fundado por el eminentísimo Ricardo Guerra. El argumento es que se pretende dar “accesibilidad y calidad académica a estudiantes, profesores y directivos”, pero en lugar del CIDHEM y con similares funciones se crea El Colegio de Morelos porque, dicen los considerandos del proyecto legislativo, “el dinamismo que se debe de imprimir a las instituciones públicas de enseñanza superior, (coma) debe ser acorde con las políticas que en las instituciones privadas se aplican”.
Sobran los comentarios.
*Periodista y autor de Milenios de México
