Toda institución, todo personaje o hecho público están sujetos a escrutinio...

No poner la otra mejilla... A propósito de lo ocurrido en Charlie Hebdo, hay que insistir en que resulta injustificable matar periodistas en el nombre de algún dios o de sus profetas. Es inaceptable agredir a los periodistas por desacuerdo con sus juicios, pero eso ...

Humberto Musacchio

Humberto Musacchio

La República de las letras

No poner la otra mejilla...

A propósito de lo ocurrido en Charlie Hebdo, hay que insistir en que resulta injustificable matar periodistas en el nombre de algún dios o de sus profetas. Es inaceptable agredir a los periodistas por desacuerdo con sus juicios, pero eso precisamente ha propuesto el papa Francisco a todos los católicos, cuando afirma que si alguien dice una mala palabra sobre su madre, “puede esperar en respuesta un puñetazo. Es normal. No se debe provocar. No se puede insultar la fe ajena. Uno no se puede burlar de la fe de los demás”… Nada, pues, de poner la otra mejilla. Guerra a muerte contra los impíos. Hay que revivir el espíritu de las cruzadas y su cauda de crímenes en nombre de la fe. En la misma lógica, hay que restablecer la Santa Inquisición y torturar hasta la muerte a los apóstatas y a los blasfemos. Hay que revivir los olvidados asesinatos de protestantes del siglo XIX mexicano, hay que desorejar profesores rurales y violar tumultuariamente a profesoras como hacían los cristeros, hay que linchar a los feligreses de otras iglesias, como se hizo ya bien entrado el siglo XX en Guadalajara y otros lugares con los adeptos a la Luz del Mundo o a iglesias protestantes. Y, por supuesto, hay que suprimir la libertad de prensa.

Por una prensa no muy libre

Por supuesto, la libertad religiosa implica el respeto a todas las religiones y a sus practicantes, el respeto también a la falta de creencias. Pero hay que insistir en que toda institución, todo personaje o hecho público están sujetos a escrutinio e interpretación también públicos, lo que incluye las versiones históricas, artísticas y caricaturescas. La libre información, análisis y crítica sobre los asuntos de interés general, es la base de la libertad de prensa y, más ampliamente, de la libertad de expresión. En el caso de una religión, el ejercicio de esa libertad no puede constreñirse a los practicantes de la congregación de que se trate. De aceptarse ese absurdo, la ingeniería y sus practicantes exigirían el mismo derecho, aunque sus construcciones se cayeran y los médicos pedirían inmunidad ante las muertes por irresponsabilidad profesional, los partidos políticos podrían demandar la misma protección, y los funcionarios públicos, como casta burocrática, impedir que sus actos de proyección social sean vigilados y divulgados, analizados y criticados. De ese modo, diputados, senadores, alcaldes, gobernadores y presidentes vivirían muy felices. Por fortuna, los tiempos de la monarquía absoluta quedaron muy atrás.

INAH: defensa de lo indefendible

La Coordinación Nacional de Recursos Financieros del INAH salió a defender lo indefendible: el alza desmesurada, absurda, injusta y antipatriótica de los precios de entrada a museos y zonas arqueológicas. La citada dependencia del INAH pretende justificar (Reforma, 17/I/2015) el atraco al pueblo mexicano diciendo que tales entradas son la principal fuente de recursos autogenerados, ¡unos 300 millones de pesos anuales!, porque el cobro por meter videocámaras a museos y zonas arqueológicas se cayó por culpa de los teléfonos celulares y los permisos de filmación ya nada más le dejan al Instituto 400 mil pesos. Es tan trágica la situación, dice la llorona coordinación, que museos y zonas arqueológicas, que le dejaron al INAH 377 millones en 2013, las entradas de 2014 (hasta septiembre) “nada más” sumaban 315 millones… Lo que no informa el desinformador informe es que 300 o 400 millones que gane el INAH no compensan la desgracia de privar al grueso de los mexicanos del conocimiento de su pasado y que el alza de las entradas es, nada más, otro acto desnacionalizador de la tecnocracia, integrada mayoritariamente por gringos nacidos en México o aspirantes a serlo. Son los Santa Annas de hoy.

Patricia Aulestia, su periodismo

Hablando de danza desde Nueva York para las Américas se llama el libro con el que Patricia Aulestia celebra los diez años de la Confederación Interamericana de Profesionales de la Danza. El volumen, de gran formato y profusamente ilustrado, reúne 125 textos que dan testimonio de la ubicuidad de la autora, viajera incansable que hace decir a César Delgado Martínez que “cuando uno piensa que está en Quito, resulta que ya está en Morelia. Cuando uno la ubica en Nueva York, ella muy oronda anda en Tijuana”. Esa omnipresencia no tiene más sentido que participar, ver y escuchar lo que se hace y dice en la danza, tanto la que se proyecta desde los grandes escenarios como la que modestamente entiende y practica el arte de Terpsícore como una vertiente de la formación de niños y jóvenes. De todo aporta testimonio Aulestia.

Horizontal, proyecto cultural

Humberto Beck, Luciano Concheiro, Rafael Lemus, Antonio Martínez Velázquez y Guillermo Osorno presentaron Horizontal, un proyecto cultural que básicamente se propone editar una publicación digital de discusión política y cultural, que asume abiertamente una postura ideológica de izquierda y está animada lo mismo por periodistas y escritores que por académicos y activistas. Otro propósito de Horizontal es abrir un centro cultural donde se ofrezcan cursos y talleres y se celebren diversas actividades culturales y un café-bar, que será la parte amable del asunto, pues estará abierto a las reuniones y charlas de los participantes. Por lo pronto, el pasado 14 de enero se inició un ciclo de 13 pláticas llamado Después de Ayotzinapa.

Adiós a Carlos Flores Marini

En su libro Hitos urbanos en la Ciudad de México (2009), Carlos Flores Marini ofrece una breve pero muy interesante historia del edificio que fue el Tecpan de Tlatelolco, que los conquistadores reconstruyeron y dejaron como sede del señorío al mando de Cuauhtémoc. En el primer tercio del siglo XIX fue suprimido el gobierno indígena y en 1850 el inmueble lo arrendó el Ayuntamiento de la Ciudad de México que, tres años después, estableció ahí el Colegio Correccional de San Antonio, hasta 1909, cuando pasó a ser Escuela Industrial y Vocacional de la Beneficencia Pública, y desde 1943 hasta 1962 Escuela Secundaria diurna No. 16, Pedro Díaz, demolida para la construcción de la Unidad Nonoalco. Hoy sólo quedan la arcada interior y unos muros decorados por Siqueiros.

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