Desaparición de (todos los) poderes
Mañosamente, el PRI exige que Ángel Aguirre Rivero se quede como gobernador es un decir hasta las próximas elecciones. De este modo pretende que continúe el desgaste de su administración para que el priismo llegue con más posibilidades de triunfo a los comicios. En ...
Mañosamente, el PRI exige que Ángel Aguirre Rivero se quede como gobernador (es un decir) hasta las próximas elecciones. De este modo pretende que continúe el desgaste de su administración para que el priismo llegue con más posibilidades de triunfo a los comicios. En suma, importan poco los muertos, los heridos y desaparecidos. Importa el interés faccioso. Nada más.
Por su parte, el PRD pasa de una a otra machincuepa para no perder el gobierno de Guerrero, le pide a Aguirre Rivero que piense en la conveniencia de su renuncia y ya preparan a la eventual sustituta, una señora que es parte de Los Chuchos, el clan dominante en el perredismo, que de esta manera saldría ganando con los muertos de Iguala.
El PAN, lo que resta de él, pide la desaparición de poderes, pero lo hace con la timidez propia de quien se sabe ausente del escenario principal. Acción Nacional es el partido de Felipe Calderón, el responsable de los cien mil muertos y los 25 mil desaparecidos del sexenio pasado. Por eso, el panismo carece de autoridad moral para condenar el crimen.
Y mientras los partidos buscan sacar ganancia de la sangre de los muchachos, pasan los días sin resultados. A tres semanas de los hechos todavía no se ha localizado a los estudiantes “desaparecidos”, no sabemos si están vivos o muertos, no han sido aprehendidos el alcalde de Iguala y su mujer —por cierto, integrante del Consejo Nacional del PRD— ni se conoce el móvil de los delitos cometidos.
No menos grave es que en la búsqueda de los normalistas desaparecidos se hayan descubierto por lo menos cinco fosas en las que se amontonan cadáveres que nadie sabe cómo llegaron ahí. Es una historia conocida en toda la República: hay asesinatos por todas partes y los cadáveres son inhumados en forma clandestina, sin que autoridad alguna sea capaz de impedirlo. Por supuesto, sería injusto cargar la culpa de todo a las autoridades de hoy, pues esta desgraciada situación se empezó a incubar hace muchos años. Hay una crisis general de las instituciones y las autoridades de todo nivel son incapaces de hacer valer el orden constitucional y legal. México es tierra de nadie y la violencia que sacude al país ahuyenta las muy ansiadas inversiones.
Las culpas, en apego a la verdad, son de todos los partidos y todos los gobernantes. Cada uno en su escala y en su responsabilidad se ha mostrado incapaz de cumplir debidamente con sus funciones. De poco sirve tener tantos cuerpos de seguridad. El día que ocurrieron los crímenes de Iguala había en la plaza un destacamento del Ejército y se dice que otro de la Marina. ¿Y..?
La solidaridad estudiantil con los muchachos de Ayotzinapa se extiende por toda la República y las fuerzas sanas del país exigen la aparición de los jóvenes secuestrados por la policía, el castigo de los asesinos y la detención inmediata de alcalde de Iguala y su mujer. Es lo menos que puede exigirse en estas circunstancias.
Si alguien está apostando al olvido, esta vez se equivoca. Ya se colmó el vaso de la ineptitud gubernamental y la quema del Palacio de Gobierno de Chilpancingo es una pequeña muestra de lo que hace la gente cuando no encuentra respuestas en el ámbito de la legalidad. Hechos más contundentes nos esperan de mantenerse la actual pachorra en las investigaciones.
Estamos ante una real desaparición de poderes, de todos los poderes establecidos. Quienes los detentan esperan ganar tiempo, pero el tiempo ya les ganó la partida. México demanda otra forma de gobernar y gobernantes que no sean los mismos de siempre.
*Periodista y autor de Milenios de México
