Moral panista y malas compañías
Las acusaciones son graves y las pruebas contundentes. El caso no se resuelve con destituir a Villarreal.
La vida privada es territorio sagrado. La moral de cada persona es asunto muy suyo, a menos que el comportamiento en la intimidad perjudique a un tercero, y ese parece ser el caso de la orgía en que participó un grupo de legisladores del PAN —ignoramos si hubo legisladoras—, pues alguien de su clan hizo pública la fiesta, además de que deberá dilucidarse de dónde salieron los fondos para pagar los licores y el servicio de las señoras.
Si se tratara de videos en los que sólo aparecieran ilustres desconocidos, el caso no tendría mayor importancia, pues toda persona es libre de pagarle a otra que venda sus servicios, aunque no deja de ser una estupidez pagar por algo que se consigue gratis, como es el sexo (al respecto, Gerardo Trujillo, líder del PAN en Guanajuato, pide no juzgar a la mujer con la que aparece bailando Luis Alberto Villarreal en el video, “¿Qué tal si es su novia?”, dice de la señora a la que Villarreal levanta la falda para que la dama muestre a todos sus amigos el bien dotado cabús).
Lo que da relevancia al jolgorio es que sus protagonistas son personajes públicos, tienen la altísima responsabilidad de elaborar una legislación que todos debemos cumplir y, por si algo faltara, los involucrados cobran —y cobran muy bien— de los impuestos que pagamos los mexicanos. Si tal fiesta la pagaron los panistas de su bolsillo es asunto de ellos, pero si se cubrió su costo con dinero público, por lo menos deberán informar si el monto va a la partida de reventones y servicios sexuales, que seguramente existirá en la contabilidad de los azules.
Para mayor abundamiento, las personas de sexo masculino que figuran en el video pertenecen a un partido, el PAN, que desde su origen ha pretendido identificarse con la religión católica y su moral. Sus representantes invariablemente votan en contra del derecho de las mujeres a la libertad sexual y en contra del aborto, y tan en contra, que en varias entidades han establecido penas de cárcel para las infelices mujeres que se ven obligadas a interrumpir el embarazo.
Se trata, pues, de un caso de hipocresía, de doble moral. Por supuesto, no es algo nuevo. No pocos panistas caminan en dos pistas: una, muy frecuentada viernes y sábado por la noche, que es la del segundo frente o la del burdel, a veces acompañados de sacerdotes, y otra, la dominical, que comprende ir a misa con apariencia de castidad y representar el papel de esposos amantísimos y ejemplares padres de familia.
Pero en este caso hay un detalle adicional que puede ser punible. En los videos sale un tal Edelmiro Sánchez Hernández, “acusado de narcotráfico y presuntamente involucrado en un homicidio” (La Jornada, 13/VIII/2014). Se le atribuye a este individuo haber cubierto el alquiler del salón de Villa Balboa de Puerto Vallarta, lugar que cuesta tres mil dólares por noche.
De modo que, si no se pagó la orgía con dinero público, no es algo menor que lo erogado saliera de los bolsillos de un individuo sobre el que pesan graves acusaciones. Si los legisladores panistas necesitan de tales patrocinadores, habrá que dar crédito a quienes hace unas semanas acusaron a Luis Alberto Villarreal, líder de la bancada albiazul y actor principal de la fiestecita, de exigir el pago de un moche o comisión por conseguir recursos etiquetados.
Las acusaciones son graves y las pruebas contundentes. El caso no se resuelve con destituir a Villarreal. Algo más tendrán que hacer Acción Nacional y las autoridades respectivas tendrán que investigar. ¿Lo harán?
*Periodista y autor de Milenios de México
