Pench, Panch y la Reforma Energética
Los azulejos y la verdulería somos de oposición, pero también de composición y conciliación con el campeón.
Presidente de debates: Tiene la palabra el legislador Déivid Pench.
Pench: Thank you very much, mister president.
Presidente de debates: En español, senador, si es tan amable.
Pench: ¡Oh, yes! ¡Perdón! Sí, sí. Muchas gracias, señor presidente…
Presidente de debates: Gracias, nada más. Las “muchas” son, deben ser siempre, para el otro Presidente, el más grande, quien tiene en el nombre la dureza de la roca y la ternura que vemos en los hijos de los hijos (saca un pañuelo para enjugarse las lágrimas y dice con voz entrecortada). Por favor prosiga.
Pench: Amigos de Wall Street, ¡oh, perdón, estimados colegas! Hemos concluido con una agotadora jornada de sordera, de esta discapacidad tan conveniente cuando aparecen los argumentos del contrario y los recordatorios familiares. Pero llegamos al final, después de las 348 mil 427 observaciones de la oposición, mismas que sin excepción hemos desechado de manera automática con el rigor que nos dan los ideales de la revolución… o digo, ¡La reversión! ¡Sí, la reversión que busca la inversión en cualquier versión! (el orador, entusiasmado, se aplaude a sí mismo y lo siguen sus paniaguados). ¡Gracias, gracias..! Hemos concretado en leyes los principios constitucionales de enajenación de la riqueza nacional, de atraco a la soberanía y de entrega al Big Papi de todo lo que teníamos de valor.
Desde la tribuna: ¡Y de tus hermanas!
Pench: Señor presidente, pido respeto a mi investidura.
Presidente de debates: ¡Respeto al orador o haré desalojar la tribuna! Siga usted, mister Pench, digo, señor senador.
Pench: Decía que hemos tenido el coraje de echar abajo viejos dogmas, como ese del patriotismo. Le hemos quitado al pueblo la venda de los ojos: ¡No es cierto que el petróleo fuera nuestro! En 1938 nos lo prestaron las transnacionales porque ellas eran sus legítimas dueñas. Pero ahora, en un acto de suprema justicia, hemos derribado a los falsos ídolos de tales pedestales por cuales.
Desde los escaños: No seas cínico, pinch Pench.
Pench: Señor presidente, exijo que se desaloje la tribuna y que los senadores de oposición sean echados a los perros. Ya basta de interrupciones.
Presidente de debates: Pido a los señores de Seguridad que desalojen la tribuna y advierto a todos los senadores de oposición que si continúan en rebeldía les mostraré mi punch.
Senador Panch: Moción, señor presidente. Los azulejos y la verdulería somos de oposición, pero también de composición y conciliación con el campeón en cada ocasión (aplausos)… No es justo que nos meta en el mismo saco que a la vociferante izquierda, por algo llamada la siniestra, señor presidente.
Presidente de debates: Tiene razón, senador Panch. Siga, senador Pench, y no haga caso de estos pend…
Pench: Termino, señor presidente. Decía que hemos concluido una jornada de avance en el camino marcado por los sacerdotes del neoliberalismo. Si hoy integramos el subsuelo a la gran alianza estratégica con el gigante del norte, mañana las tierras y los mares serán también para él, pues el fin último del TLC es el connubio, ciertamente incestuoso pero sabroso, con el hermano mayor. Por eso el fracking de la Constitución y las leyes. Esas viejas normas que ya eran un estorbo en el mundo de los negocios.
Senador Panch: lo invito para que ustedes los azulejos, que sí saben rezar, le echen un responso a nacionalismo, mexicanidad y otras zarandajas. (Se levantan a aplaudir los senadores azulejos, la verdulería y los del Tri y atrás de ellos los fotógrafos se dan vuelo retratando los traseros desnudos).
Termina el primer acto.
*Periodista y autor de Milenios de México
