Israel, Palestina y el antisemitismo
De ninguna manera puede extenderse carta de legitimidad a los ataques israelíes contra Gaza en los que, so pretexto de acabar con las instalaciones militares de Hamás, mueren numerosos civiles, sobre todo niños. Pero tampoco es admisible que Hamás, la fuerza ...
De ninguna manera puede extenderse carta de legitimidad a los ataques israelíes contra Gaza en los que, so pretexto de acabar con las instalaciones militares de Hamás, mueren numerosos civiles, sobre todo niños. Pero tampoco es admisible que Hamás, la fuerza predominante en Gaza, no impida que se lancen misiles sobre zonas de Israel densamente pobladas ni que se cometan otros atentados que están dirigidos contra la población civil, no hacia objetivos militares.
Los atizadores de la guerra dicen que la asimetría de fuerzas justifica el terrorismo árabe-palestino, pero el resultado son las acciones de represalia del bando opuesto y luego las del contrario y así en una espiral siniestra que sólo causa muerte y destrucción. De ahí que resulten altamente plausibles los esfuerzos pacifistas de notables personajes israelíes como Amoz Oz, quienes no tienen empacho en condenar el despliegue militar de su gobierno.
El panorama político de la región se ha complicado con la guerra que sacude a países como Siria e Irak, donde actúan cada vez más bandas terroristas que dicen basar sus actividades en el Corán, pues en nombre del libro sagrado del Islam están prestos a matar “infieles”, creen que la muerte en combate los llevará junto a Mahoma y que mientras llegan a la gloria, donde tendrán varias mujeres, pueden darse un anticipo practicando la poligamia, pero impidiendo, incluso mediante el asesinato, que las mujeres tengan las mínimas libertades.
Los gobiernos de los países árabes e Irán apoyan a trasmano a una u otra banda que les resulta afín políticamente. Más, mucho más que Israel, son esos mismos gobiernos los que han impedido, desde 1947, el funcionamiento de un Estado árabe-palestino, son ellos los culpables de la diáspora palestina y son también quienes han dado las mejores coartadas a los sectores belicistas de Israel.
Pero eso es allá y por lo pronto no se ve cómo podrá resolverse un conflicto que involucra a tantos actores y resulta cada vez más complejo, por no hablar de los rencores acumulados y con fuerte arraigo en varias generaciones de ambos bandos.
Sin embargo, con guerra o sin ella, es inadmisible el antisemitismo. Ahora mismo circulan en internet condenas no contra Israel, sino con “los judíos”, así, sin distingos. Hay también llamados a matar judíos y al calor del nacionalismo futbolero de estos días se han producido manifestaciones racistas, sobre todo entre miembros del PAN, partido fundado, no se olvide, por varios admiradores de Hitler, con un componente racista que no ha dejado de manifestarse.
Pedro Torreblanca Engell, un funcionariete panista de la delegación Benito Juárez, condena a sus críticos, a los que supone “más prietos de piel que nada, jodidos, rojillos y sin varo” (pobres), para acabar con un “Arriba los mexicanos de raza blanca y clase alta”, porque “todos los demás son una mierda”. Del mismo tenor es el Movimiento Nacionalista Mexicano del Trabajo, grupo neonazi tapatío encabezado por Juan Barrera Espinosa, consejero estatal del PAN en Jalisco, que en enero se presentó a provocar lo que llaman “la manifestación lésbico-gay-socialista-comunista-feminista”.
En Chihuahua, dos líderes juveniles de Acción Nacional, Manuel Escobedo Ceballos y Karla de la Rosa, han aparecido públicamente, ella disfrazado de Eva Braun y él de Adolfo Hitler, con gabardina negra, esvástica en el brazo derecho, bigote y mechón de führer. La peste neonazi está en México y el panismo más rancio la está incubando. Que cada quien responda por sus actos.
*Periodista y autor de Milenios de México
