Contaminación, pobreza y salud pública

No es fácil que el interés colectivo se imponga a la filiación partidaria.

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Humberto Musacchio 10/07/2014 02:26
Contaminación, pobreza y salud pública

En buena hora los mandatarios del Distrito Federal y el Estado de México han decidido modificar algunas medidas del programa Hoy No Circula, pues las reformas aprobadas a últimas fechas despertaron una muy explicable desazón entre los habitantes de la zona metropolitana de la capital del país.

El endurecimiento del citado programa produjo bloqueos y protestas callejeras, algunas legítimas y espontáneas, y otras mañosamente convocadas por priistas de baja estofa, como un cercanísimo colaborador de Cuauhtémoc Gutiérrez, el recientemente defenestrado líder del PRI-DF. Tales manifestaciones, por supuesto, no contaron con la aprobación ni la simpatía del alto mando tricolor, pues en su pretensión de canalizar una protesta afectaban el interés de la mayoría de la población y, de paso, las posibilidades de captar votos.

En un país donde la pobreza es mayoritaria, medidas como el No Circula afectan especialmente la economía y la vida de quienes tienen coches viejos y más contaminantes. La solución, dicen algunos enterados, es un mayor y mejor transporte público, pero ese no se crea de un día para otro, sobre todo si se piensa en las dimensiones y las necesidades de un conglomerado urbano de 20 millones de personas, más poblado que la mayoría de los países.

Para empezar, tanto Miguel Ángel Mancera como Eruviel Ávila han buscado la manera de no perjudicar a los tianguistas, que representan un considerable porcentaje del suministro de bienes de consumo básico. No sobra decir que muchos de estos comerciantes poseen vehículos con más de 15 años de antigüedad, pero que resulta vital para los habitantes de la gran urbe la entrada de productos alimenticios.

No hay duda de que las reformas al No Circula están dictadas por la creciente contaminación. Tampoco está a discusión que deben adoptarse medidas de largo plazo para desestimular el uso del automóvil, la fluidez en calles y avenidas y un empleo más racional de los vehículos. Todo eso es cierto, pero a la vez hay un fenómeno económico ineludible, y es que año con año aumenta el número de vehículos en circulación y, por eso mismo, la contaminación.

Las modificaciones al Hoy No Circula fueron adoptadas por la Comisión Ambiental de la Megalópolis, integrada por representantes del Distrito Federal y los estados de México, Puebla, Tlaxcala, Morelos e Hidalgo. Como es obvio, el problema principal lo tienen el DF y el Estado de México, de ahí que sus mandatarios hayan sido los primeros en advertir que se requieren ajustes al programa.

Entre otras medidas, tendrá que propiciarse la adquisición de vehículos nuevos mediante créditos blandos. Igualmente, la antigüedad de un automóvil no podrá ser el único criterio válido para condicionar su movilidad, pues hay coches con diez y más años pero con apenas 30 o 40 mil kilómetros recorridos, lo que debe ponderarse.

Por su parte, el gobierno federal deberá adoptar un papel más activo en el financiamiento destinado a la compra de carros nuevos, pero sobre todo en el apoyo a la construcción de más y mejores vías de circulación y a la creación de un más amplio, eficiente y moderno sistema de transporte. Una adecuada coordinación de los gobiernos federal, estatales, municipales y del DF deberá afrontar, más allá de colores partidarios, el enorme problema de salud pública que representa la contaminación.

No es fácil que el interés colectivo se imponga a la filiación partidaria, pero los gobernantes algo han avanzado en esa dirección. Ojalá perseveren.

                *Periodista y autor de Milenios de México

                hum_mus@hotmail.com

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