Los consejeros del IFE y su wikileaks

Apetición del IFE y mediante un pago de 16 millones de pesos, la empresa Deloitte hizo un estudio sobre el instituto mismo y concluyó lo que todos sabemos: que en el órgano electoral federal privan el desorden administrativo, la duplicidad de funciones, la ineficiencia y ...

Apetición del IFE y mediante un pago de 16 millones de pesos, la empresa Deloitte hizo un estudio sobre el instituto mismo y concluyó lo que todos sabemos: que en el órgano electoral federal privan el desorden administrativo, la duplicidad de funciones, la ineficiencia y el derroche.

El estudio muestra en forma contundente la ineptitud de quienes dirigen el IFE, hecho que movió a los integrantes del Consejo a clasificar como reservado el informe, pero el reportero Alfonso Urrutia, de La Jornada, lo dio a conocer el pasado lunes y su veracidad la confirmó la reacción desmesurada, absurda, del consejero presidente, Leonardo Valdés Zurita, quien lejos de negar la existencia del trabajo de Deloitte, exigió que el reportero revelara su fuente.

Otra vez, como siempre que atrapan a uno o más funcionarios con las manos en la masa, los consejeros del IFE, incapaces de desmentir el mensaje, quieren matar al mensajero que los ha puesto en evidencia. Valdés pretende dar clases a los periodistas y afirma que “en las democracias desarrolladas, los medios que se comprometen con la democracia dan a conocer sus fuentes”.

Lo que olvida ese señor es que en México no tenemos una de esas democracias desarrolladas, entre otras cosas por el deficiente funcionamiento de los órganos electorales como ése que él encabezó. Igualmente, quiere ignorar que la fuente irrefutable de la información es el mismo informe Deloitte, al que no desmiente porque no tiene argumentos para hacerlo.

No menos lamentable es la intervención de Lorenzo Córdova en este asunto, pues se opone a la difusión del informe porque “el IFE atraviesa por un momento delicado de su historia” (¿más delicado que el “haiga sido como haiga sido” de 2006, que desplomó la credibilidad del instituto?), porque al Consejo le faltan integrantes y “porque existe un proceso de reforma constitucional”, el paso del IFE al INE.

De acuerdo con Córdova, los periodistas deben pedir permiso a los funcionarios para hacer su trabajo porque hay el riesgo de que alguien “dolosamente malinterprete la información” y se incremente la “incertidumbre” (¿de quiénes?). Fue más allá Lorenzo Córdova, pues declaró que el reportero y su diario incurrieron en “violaciones a la regulación de acceso a la información con carácter de reservada”, palabras que constituyen una amenaza.

El deber de los periodistas es informar aunque los funcionarios se molesten. De manejarse todo con el criterio de Córdova, el reportero Alfonso Urrutia tendría, a la manera de Julian Assange, que buscar asilo en la embajada de su predilección y si se establece que hay algún empleado que propició la filtración, éste habrá de hacer maletas e irse a Rusia para unirse a Snowden.

Lo que revela el caso es que los consejeros del IFE están muy nerviosos. Los cuatro millones 600 mil pesos que se llevarán cada uno de los que están por salir no parecen suficientes para consolar a los que por ahora se quedan, pero que el crearse el Instituto Nacional de Elecciones tendrán también que salir.

Difícilmente los señores consejeros y la alta burocracia del IFE hallarán otra chamba tan generosa, en la que siempre cobren sus quincenas y reciban sus aguinaldos, vacaciones, compensaciones, gastos de representación, coche, chofer, celular y otras delicias de la vida burocrática a cambio de trabajar sólo seis meses de cada tres años. Ante el inminente riesgo de que se les acabe tanta bendición, están nerviosos y pretenden aplastar la libertad de prensa. Como que se pasan de tueste.

                *Periodista y autor de Milenios de México

                hum_mus@hotmail.com

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