¿Qué tan fría será? (II)
En 1947, el consejero presidencial Bernard Baruch utilizó por primera vez el término Guerra Fría.
La semana pasada comentábamos la posibilidad de que los gobiernos de Estados Unidos y Rusia, así como sus correspondientes aliados en el mundo, tuvieran la intención de iniciar —¿O continuar?— una segunda edición de la llamada Guerra Fría, tal y como se vivió durante la segunda mitad del siglo XX.
Hace una semana, EU, en respuesta al ataque efectuado con armas químicas en la población de Khan Sheikhoun, bombardeó con 59 misiles Tomahawk la base aérea de Shayrat, enclave estratégico de la Fuerza Aérea Siria. Por su parte, el gobierno de Rusia vetó la resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que busca exigir al gobierno de Damasco su cooperación en las investigaciones sobre los ataques químicos al pueblo sirio. Estas operaciones de carácter bélico y diplomático se suman a los diversos escenarios de la historia en los que ambas potencias se han confrontado en las últimas seis décadas.
Fue en 1947 cuando el consejero del entonces presidente Roosevelt, Bernard Baruch, utilizó por primera vez el término Guerra Fría para referirse al enfrentamiento entre las dos naciones, mismo que fue retomado por el periodista Walter Lippmann y popularizado en la opinión pública mundial. Desde entonces, las potencias y sus aliados han protagonizado cruciales enfrentamientos de esta “Guerra Fría”, que se extiende en la historia por más de 60 años y que ha reconfigurado la geopolítica del mundo en diversas ocasiones. Así, en 1948, cuando las potencias no terminaban por definir el futuro de la recién derrotada Alemania nazi, la Gran Bretaña y EU operaron un puente aéreo hacia Berlín para abastecer de víveres y suministros a una ciudad bloqueada por el Ejército de la Unión Soviética. El desenlace fue la construcción del Muro de Berlín y la división de Alemania. Posteriormente, ambas potencias se enfrentarían en la guerra de Corea, que creó dos naciones con un mismo pueblo. La llamada Crisis de los Misiles, que involucró armamento nuclear y que ha sido el punto más álgido de esta guerra, se desarrolló en territorio cubano a principios de los 60, a escasos 145 kilómetros de las costas estadunidenses, e intensificó la tensión entre ambas potencias.
La carrera espacial, particularmente el proyecto militar de la “Guerra de las Galaxias” o Iniciativa de Defensa Estratégica en la era Reagan, creó un escudo satelital de misiles balísticos intercontinentales y en 1987, Ronald Reagan lanzaría el reto definitivo: “Secretario general Gorbachov, si desea la prosperidad de la Unión Soviética y de Europa Oriental, si quiere sinceramente la libertad, venga aquí, a esta puerta... y derribe este muro”.
Esto fue el punto de inflexión que provocó la distensión de la Guerra Fría y que llevaría a la caída del Muro de Berlín y a la desaparición de la Unión Soviética. Así, desde el rearme nuclear de Rusia hasta la creciente presencia militar de la OTAN en Europa del Este, sin olvidar la Guerra de Afganistán que hoy permanece vigente con el lanzamiento de “La madre de todas las bombas” contra integrantes del EI, pasando por el episodio diplomático generado cuando el gobierno ruso, se anexó la península de Crimea para terminar finalmente hoy en día con la guerra civil en Siria, que registra como último incidente el bombardeo de la aviación estadunidense a un arsenal de armas químicas del EI, en la provincia de Deir ez Zor, en el noroeste sirio, la Guerra Fría ha sido y es la historia de una tragedia, de una guerra geopolítica entre las potencias del orbe por el control de los recursos naturales del planeta como los hidrocarburos, el carbón o el gas, así como por las rutas marítimas y terrestres que llevan estos recursos a las metrópolis y a los pueblos de las grandes potencias. El mundo entero ha sido dividido y es mudo testigo de este enfrentamiento. Ahora que la Guerra Fría continúa, sólo queda preguntarnos, ¿qué tan fría será?
