Constitución II
Necesitamos una Carta Magna que nos garantice un marco jurídico de igualdad.
La semana pasada hablamos de la necesidad de que el Constituyente de la CMDX, a celebrarse a partir del próximo 15 de septiembre, promueva una Constitución que esté a la altura del momento histórico que vivimos. ¿Qué necesitamos los habitantes? Una Constitución que garantice un marco jurídico de igualdad, que sea incluyente y con una clara visión a futuro.
Como nación, desde sus comienzos México ha contado con constituciones que en su momento fueron documentos de alto nivel jurídico y que generaron a lo largo de la historia una vasta tradición constitucionalista; cartas magnas que han sintetizado los anhelos de justicia y libertad.
Como la Constitución de Apatzingán, o Los Sentimientos de la Nación, surgida tras la Guerra de Independencia, redactada en 1814 por el generalísimo José María Morelos, leída y aprobada en el Congreso de Anáhuac, que declara la Independencia de México de la Corona española, manifiesta que la Soberanía de la Nación recae en el pueblo; establece la división de poderes; abolió la esclavitud, desapareció los impuestos especiales que pagaban los indígenas y consagró el derecho a la libertad y la igualdad entre los hombres. Basada en las Constituciones de EU y Francia, este texto jurídico sentó las bases del constitucionalismo mexicano. O la Constitución de 1824 que diseñó la organización política del Federalismo tal como lo vivimos hoy en día. O como la Constitución de 1857, que provocó la Guerra de Reforma, promovida por el presidente Juárez, que promulgó la creación de una República Federal de representación popular y democrática; eliminó la obligatoriedad de la religión católica y secularizó al Estado. Hasta llegar a la actual Constitución redactada en 1917 como resultado de los movimientos sociales que impulsaron la Revolución Mexicana y que plasmaba derechos sociales que posibilitaron la igualdad y la libertad, además de incluir garantías individuales que protegen al individuo y su dignidad como ciudadano.
Con una larga tradición jurídica de carácter constitucionalista, este país ha recorrido un largo camino para obtener lo que hoy tenemos: garantías individuales, derechos económicos, sociales, políticos y culturales, y ese es precisamente el reto que tendrá el Constituyente de la capital, otorgarnos una Constitución, no de izquierda o derecha, no; su deber será otorgarnos una Constitución que, en base a los avances conceptuales más relevantes de la historia, nos otorgue la plena ciudadanía, con libertad e igualdad para todos. ¿Qué podemos esperar de este Constituyente? Ya sabemos que 40% de esos espacios estarán ocupados por diputados, senadores y personal designado por la Presidencia y la Jefatura del GDF; es decir, por representantes partidistas que buscarán direccionar el contenido de la Carta Magna en beneficio de sus partidos políticos, no de los ciudadanos. El resto del Constituyente será ocupado por ciudadanos independientes o propuestas de los partidos políticos. Será muy grande el riesgo de que un alto porcentaje de los miembros que integren el Constituyente tengan filiación partidista, y el ejercicio que debiera ser eminentemente ciudadano termine convertido en una auténtica Torre de Babel.
Por el bien de la Ciudad de México, esperamos que nuestra Carta Magna sea un documento incluyente que promueva la tolerancia y nuestros derechos políticos y civiles; que tutele la igualdad de género, que garantice la diversidad y que garantice a cada uno de los habitantes de esta ciudad, el derecho pleno a participar como ciudadanos en la construcción de nuestro propio futuro.
