De lengua... ¿me echo un taco?

Lo cierto es que el origen del lenguaje en la especie humana ha sido un tema de arduo debate entre eruditos durante siglos.

A parte nuestro profundo y absoluto respeto a todo credo religioso (el propio, para empezar), creemos que no hay motivos para invalidar el dato milenario del primer versículo del capítulo 11 del Génesis: “En ese entonces se hablaba un solo idioma en toda la Tierra”. Por el contrario, es razonable suponer que en sus remotos orígenes los pocos seres humanos que había en el planeta compartían una misma lengua.

Y si continuamos con las antiquísimas Sagradas Escrituras, ¿hemos de concederle crédito al misterioso pasaje sobre la Torre de Babel? Dice el Génesis que los habitantes de la llanura de Sinar acordaron construir “una ciudad con una torre que llegue hasta el cielo. De ese modo nos haremos famosos y evitaremos ser dispersados por toda la Tierra”.

Pero el señor bajó para observar la ciudad y la torre que los hombres construían,  y se dijo, según el texto bíblico: “Todos forman un solo pueblo y hablan un solo idioma; esto es sólo el comienzo de sus obras, y todo lo que se propongan lo podrán lograr. Será mejor que bajemos a confundir su idioma, para que ya no se entiendan entre ellos mismos.

De esta manera el señor los dispersó allí por toda la Tierra, y por lo tanto dejaron de construir la ciudad. Por eso a la ciudad se le llamó Babel, porque fue allí donde el señor confundió el idioma de toda la gente de la Tierra, y de donde los dispersó por todo el mundo”.

Algunos científicos sobresalientes hicieron retroceder en el tiempo a la primera pareja humana, no en los miles de años atribuibles al Génesis, sino centenares de miles de años antes, pareja a la que sucedieron familias muy pequeñas, terriblemente aisladas en el globo terráqueo.

¿Qué lenguaje común pudieron haber compartido? Esta es otra pregunta aún sin respuesta.

Lo cierto es que el origen del lenguaje en la especie humana ha sido un tema de arduo debate entre eruditos durante siglos.

Les intriga que haya tantas lenguas y más les sorprende que hayan surgido en forma relativamente espontánea: en cuestión de siglos.

Nos dice Wikipedia que, científicamente, no hay consenso sobre su origen definitivo o su antigüedad, sobre todo por falta de evidencias directas.

Y el estudio de su evolución y multiplicación es más complejo aún, si se considera que desde la Edad Media (y antes), empezaron a surgir otros lenguajes: diplomáticos, comerciales, financieros, etcétera…a los que inevitablemente debemos incorporar ahora el lenguaje del prodigioso mundo cibernético.

En nuestra querida Ciudad de México, la confusión y el debate persisten. Y no es que hablemos únicamente de tribus, con numerosos dialectos y maneras de entender nuestro entorno.

No pretendo confundirle más; mi reflexión versa sobre el significado habitual que unos y otros le otorgamos a las palabras que, para algunos, han perdido su valor, así como también se ha perdido con ellas el significado que le debería ayudar a formar personas.

Por ejemplo: moral y valores; honor y deshonra; bueno y malo; vergüenza y cinismo; virtudes y vicios; verdad y mentira; real y ficticio.

¿Será que somos testigos de una nueva Babel en donde ya las palabras perdieron su valor para comunicar su verdadero significado?¿Qué de común queda en una comunidad que no se comunica?

Escuchar, leer, hablar y razonar nuestra realidad se vuelve confuso, por decir lo menos.

La diáspora de tribus, corrientes, grupos y hermandades, ¿es un efecto implícito de esta nueva Babel? ¿Gentil lectora, querido lector, cómo le hace usted para comunicarse en la nueva Babel?

Mientras tanto, de lengua, yo no me echo un taco. ¿Y usted?

                Twitter @germandlagarza

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